Rocha

De la mano de un tal Moya

Quizás fue respirar el polvo de los documentos viejos lo que me llevó preguntarme muchas veces cómo sería la vida privada de todos aquellos personajes de los que hablaban las cartas, los decretos, las cédulas reales y demás papeles que descansaban en silencio en los anaqueles de archivos y bibliotecas de Bogotá. Sin embargo, mis fantasías y “perdidas de tiempo” no entraban en los formatos académicos, en los artículos científicos, en las tesis o en los libros plagados de notas al pie de página.