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“Los vándalos”, como construcción narrativa, vinieron así a cumplir una doble función regulativa. Por un lado, reafirmaron, a través de un discurso que pone el foco en la desintegración, el caos, el desorden y la anarquía, un orden sociopolítico y las normas culturales, sociales y jurídicas hegemónicas que lo sustentan, tratando de desvirtuar la legitimidad de la protesta social y sus reclamos.

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El Paro Nacional, evento coyuntural colombiano que congrega a gran parte de los sectores sociales de nuestro país, evoca en nuestro gran poeta, Diego Higuera, este flamante grito que se antoja como un llamado a la famosísima "gente de bien", descaradamente autodenominada de esta manera, a despertar de la indeferencia radical que tanto daño nos sigue haciendo. 

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Según las pistas dadas durante estos días de Paro, la subjetividad política que comienza a emerger en Colombia su ubica en la orilla opuesta de la subjetividad que dominó el escenario político y cultural colombiano durante los últimos diecinueve años. Nos referimos a la producida por la lógica uribista, estructurada básicamente a partir de la producción discursiva de un enemigo interno que ponía en serio riesgo el bienestar, progreso, crecimiento y seguridad de la patria.

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