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La París romántica también hereda las voces de un pasado revolucionario. Por una parte, el acto de protesta de los famosos chalecos amarillos inaugurado el 17 de noviembre de 2018, recoge el rechazo generalizado por el alza del precio de los combustibles. Por otra parte, desde el jueves 5 de diciembre del 2019, “la ciudad luz” vive la huelga de transportes más larga de su historia, superando los 28 días del invierno de 1986-1987. 

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“Los vándalos”, como construcción narrativa, vinieron así a cumplir una doble función regulativa. Por un lado, reafirmaron, a través de un discurso que pone el foco en la desintegración, el caos, el desorden y la anarquía, un orden sociopolítico y las normas culturales, sociales y jurídicas hegemónicas que lo sustentan, tratando de desvirtuar la legitimidad de la protesta social y sus reclamos.

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El Paro Nacional, evento coyuntural colombiano que congrega a gran parte de los sectores sociales de nuestro país, evoca en nuestro gran poeta, Diego Higuera, este flamante grito que se antoja como un llamado a la famosísima "gente de bien", descaradamente autodenominada de esta manera, a despertar de la indeferencia radical que tanto daño nos sigue haciendo. 

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Según las pistas dadas durante estos días de Paro, la subjetividad política que comienza a emerger en Colombia su ubica en la orilla opuesta de la subjetividad que dominó el escenario político y cultural colombiano durante los últimos diecinueve años. Nos referimos a la producida por la lógica uribista, estructurada básicamente a partir de la producción discursiva de un enemigo interno que ponía en serio riesgo el bienestar, progreso, crecimiento y seguridad de la patria.

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