Opinión y Cultura

Ahora las cosas han cambiado, luego de tantos años de aquel lúgubre y espeluznante periodo. El traje de verdugo se convirtió en traje elegante y corbata a la moda, la excusa de salvación divina fue cambiada por la protección de la sociedad y el discurso en nombre del todopoderoso está en manos de los todo-poderosos del mundo.

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Hay que entender el matiz patriótico de este cuento. El tema expuesto durante toda la narración es el patriotismo, el cual palidece ante la hipocresía de unos cuantos que prefieren sacrificar cualquier cosa, inclusive a la propia patria, para buscar su propio beneficio; y son estos, los más cobardes, los que indudablemente terminan ostentando posiciones de poder en el Estado.

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Un primer paso para generar un cambio cultural y una reorganización en la estructura social es advertir que no reconocemos que odiamos la sociedad que hemos construido, ya que juzgamos a los individuos como si ellos fueran los únicos responsables de sus acciones sin tener en cuenta que estas, en gran medida, son producto de sus condiciones sociales de existencia.

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En una sociedad estructurada sobre privilegios y desigualdades, como la nuestra, es lamentable que hechos que deberían ser condenados por igual, como es la intimidación y vulneración de la dignidad humana, sean valorados a partir de criterios como el lugar de residencia, el tipo de objetos poseídos y los lugares de ocio que se frecuentan.    

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Comprender la política como una práctica agonista, es decir, como una lucha entre diferentes grupos sociales que se reconocen como agonistas y cuyo objetivo es construir y establecer el sentido común que oriente política, cultural, económica y moralmente a la sociedad, es un ejercicio que implica romper con visiones dicotómicas.

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¿Por qué el colombiano promedio se identifica con la pobreza? ¿Por qué la pobreza se ve tan generalizada en nuestro país? y ¿Cuál es la causa de esta pobreza, tanto mental como económica?

Juzgar si vale la pena vivir es la pregunta que cada quien en su intimidad se ha formulado al menos una vez.  El suicidio es un fenómeno complejo de nivel mundial que reporta más muertes anuales que el conjunto de las 500.000 personas que son víctimas de homicidio, o de las 200.000 que mueren a causa de un conflicto bélico.

Así, las armas blancas llegaron hasta nuestros días y los genes de sus antepasados siguen imponiéndose con violencia. Sólo en Colombia, en 2012, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, realizó 2.472 necropsias por esta causa. En 2013, la cifra fue de 2.188 personas, y en 2014 el Instituto reportó 2.416 muertes con armas blancas. Una suma, en los últimos tres años, de 7.076 decesos violentos, gracias a los oficios letales de estas armas frías y curvilíneas.

De aquí se desprende que, las más de 35 mil sedes de escuelas rurales colombianas escaseen de calidad educativa, puesto que, según el Programa Especial de Educación Rural (PEER), los estudiantes rurales reciben un 50% menos de educación que un estudiante urbano. Por lo tanto, la brecha que hay entre la educación urbana y rural es de aproximadamente 3,6 años.

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Hace cientos de años, iniciamos una frenética carrera por destruir todo a nuestro paso; ahora, parece que la estamos ganando.

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