Virus, pandemia, identidad, nación

Fuente:Presidencia de la República

Un elemento que despertó mi interés tras la alocución presidencial ofrecida por Iván Duque la noche del domingo 15 de marzo en la cual enumeró algunas medidas implementadas por el gobierno nacional para contrarrestar la posible expansión del coronavirus en el país, entre las cuales se destaca la declaratoria de emergencia sanitaria, la suspensión de clases en colegios públicos y privados, el cierre de la frontera con Venezuela y la restricción de ingreso para extranjeros y no residentes en Colombia, fue la intencionalidad retórica del pronunciamiento. La cual, a todas luces, se debe escrutar más allá de lo simplemente enunciado. 

A través de la alocución se puede leer e interpretar que una infección respiratoria aguda (IRA) producida por el virus del coronavirus, es decir un elemento de carácter biológico, se convierte en una herramienta política para intentar construir o reforzar un relato sobre la identidad nacional y construir, así sea de manera difusa y fantasmagórica, un nuevo enemigo hacia el cual la sociedad colombiana debe enfocar su miedo: la enfermedad y sus potenciales portadores, los cuales podemos ser todos/as. Por ejemplo, en un aparte de su intervención Duque hace uso de un lenguaje figurativo anclado en un conjunto de adjetivos calificativos por medio de los cuales intenta configurar una identidad nacional estructurada en la tenacidad, la solidaridad, la capacidad de resistir y seguir adelante, la fe y el optimismo; cualidades que le atribuye a la nación colombiana: “Es importante que todos seamos conscientes del desafío que enfrentamos. Este es el momento de sacar toda nuestra verraquera, toda nuestra solidaridad y hacer valer la resiliencia que siempre nos ha caracterizado y, sobre todo, tener esa gran fe en lo que somos como nación. Ser colombiano significa hacerles frente a los desafíos con valor, mirándonos a los ojos y siempre dándole la cara al futuro con optimismo”.

Sin embargo, la intencionalidad no termina ahí. Además de la apelación, quizá de manera intencionada, al coronavirus como una amenaza que pone en riesgo el “normal” acontecer de la sociedad colombiana, esta tiene como objetivo construir un nuevo referente que le dé orientación a una administración que parece no encontrar un rumbo para alcanzar gobernabilidad. Esto en la medida que los intentos por resucitar un enemigo interno encarnado en la extinta guerrilla de las farc-ep han sido un fracaso. De ahí la frase con la cual empieza Duque su alocución: “[…] estamos frente a uno de los mayores desafíos de nuestra historia y tenemos que hacerle frente juntos”. Con lo anterior no desconozco la gravedad de la situación y la necesidad de tomar medidas para darle una solución. Sin embargo, me pregunto si la enfermedad en sí misma merece ese calificativo de desafío con ribetes históricos que Duque intenta darle o, si por el contrario, el asunto gira más bien hacia la necesidad de contener un elemento que ha generado quiebres dentro del mecanismo de funcionamiento de la economía capitalista. En efecto, uno de los argumentos más utilizados para describir los efectos de la expansión del coronavirus en gran parte del mundo ha sido la afectación sufrida por la economía; una economía estructurada en la ganancia y la explotación, y no en la condición humana. 

De allí que el coronavirus en el discurso de Duque y las medidas que se están tomando para combatirlo vengan a cumplir dos funciones. Por un lado, intentar reemplazar, así sea de manera temporal, las amenazas internas que históricamente han impedido, en el lenguaje oficial, el normal desarrollo de la sociedad colombiana. Como lo fue -es- el comunismo, las guerrillas de izquierda, el terrorismo. Y dos, posibilitarle a su gobierno tener un elemento simbólico de reconocimiento, evitando así el final al cual esta, casi de manera irrevocable, condenado por su ceguera y arrogancia. Si una parte importante de la sociedad colombiana le otorga a Uribe reconocimiento por ser el símbolo que devolvió la seguridad al país, y a Santos por haber alcanzado el acuerdo de paz con las extintas farc-ep, Duque lo quiere ser por el “héroe” que enfrentó, contuvo y controló el coronavirus. Lo ve como una tabla de salvación. No obstante, el nivel político alcanzado por la sociedad colombiana, en parte gracias al acuerdo de paz firmado con las antiguas farc-ep, le hará más difícil la tarea. Buena parte de la sociedad colombiana entiende que los mayores desafíos de la historia de Colombia se encuentran en otros escenarios diferentes al coronavirus.

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