Utópicamente libres

Narra un cuento de Manuel Rivas llamado La lengua de las mariposas que un niño gozaba de la compañía de su profesor de colegio y que este le enseñaba muchas cosas, sobre todo el concepto de libertad; pero también cuenta cómo fue reprimida la opinión y el derecho a la libre expresión de todo un pueblo, sacando del camino a las terribles e intimidantes personas que pensaban diferente. Qué bien suena la palabra libertad, qué ingenuo es pensar en ella y qué utópico es alcanzarla. Creo yo que, la libertad en sí misma, es libre, e intento convencerme de que por eso no todos somos poseedores de ella.

Hace muchísimos años atrás, reinaba una fuerza oscura que se alimentaba de la sangre y del dolor del pueblo. Esta fuerza, por más irónico que suene, era comandada por la Iglesia en una época en donde no había más que pobreza y sufrimiento, una época en la que lo único que tenían las personas del común era la fe en un dios que prometía supuesta libertad y salvación, o al menos eso era lo predicado por los “mensajeros de lo divino”. Debido a ese terror y espanto que sembraban en el corazón de los tontos ciudadanos, casi nadie resistía o contradecía las órdenes de los más “ilustrados”, con la excusa de que así alcanzarían el cielo, sin darse cuenta de que ya estaban viviendo un infierno.

Pero las personas que no tenían los ojos blindados, esas personas que pecaban por no ser igual al resto, eran tildadas de herejes, de inminentes peligros para la sociedad; eran pequeñas versiones luciferinas.  Por lo tanto, cuando los verdugos encontraban a algún subversivo, inmediatamente lo torturaban y asesinaban, pues no les convenía dar un pedazo de tan deseada libertad a sus súbditos; no les convenía personas que quisieran pensar o razonar.

Ahora las cosas han cambiado, luego de tantos años de aquel lúgubre y espeluznante periodo. El traje de verdugo se convirtió en traje elegante y corbata a la moda, la excusa de salvación divina fue cambiada por la protección de la sociedad y el discurso en nombre del todopoderoso está en manos de los todo-poderosos del mundo. Así pues, tanto norte, sur, oriente y occidente siguen bajo el imperioso dominio de los de “arriba”. De esta manera, los gobernantes de todo el mundo, en su irracional desesperación por seguir saciando su sed de poder y dinero, hacen lo inimaginable por tener a todo un pueblo comiendo de la palma de su mano.

Estos dirigentes, con su despiadada avaricia, continúan arrebatando la capacidad de opinar y pensar distinto. Cada vez toman más y más el control de las cosas y de la vida de las personas. Por eso, al igual que hace unos siglos, los valientes que se rebelan contra el cruel e injusto sistema son silenciados sin importar qué, todo con el fin de respaldar y guardar los intereses egoístas de quienes mandan.

Después de tanto tiempo, se creería que nueva era sería sinónimo de mejoría. Se pensaría igualmente que, por fin, hallaríamos una luz al final del túnel, pues fielmente, como perro al amo, nos aferramos a la poca esperanza que reside en nuestra caja de pandora. Aún intentamos creernos la absurda mentira de que algún día, por fin, podremos liberarnos de la claustrofóbica represión, sin darnos cuenta de que el rumbo de nuestra vida va por el mismo camino que el de hace unos siglos, pues nuestros derechos siempre estarán por debajo de aquellos que son más privilegiados, quienes con cantidades de dinero tienen todo el mundo a su favor, quienes se mueven como pez en el río gracias a los desorbitantes números que poseen en sus cuentas bancarias. Es triste que incluso la libertad tenga un precio en este mundo.

Supongo que siempre seremos las marionetas de un mundo lleno de beneficios propios, de un lugar en el que, si no tenemos algo suficientemente bueno que ofrecer, no somos los felices afortunados de ganar una parte de libertad. Sin embargo, inclusive aquellos que creen tener la autoridad de quitarnos nuestros derechos, no pueden disfrutar de ser libres, debido a que son esclavos de sus propias mentiras, son los súbditos de su egoísmo y de sus ambiciones; así como son aprisionados los que no van por el camino que se les impone, la cárcel de los supuestos jefes del mundo es su propia consciencia. De este modo, por más que se crea que la libertad está en manos de los privilegiados, esta es dueña de sí misma.

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