Una poesía para mí

Imagen tomada de Pixabay

Tiempo atrás, tenía una vaga concepción de la poesía, sin siquiera saber que esta y el poema no eran lo mismo. Esto se debía a que yo consideraba la poesía como un arte que se limitaba solo a la consecución de un poema como producto final. Sin embargo, afortunadamente, esta perspectiva ha cambiado, ya que muchas cosas pueden ser poéticas sin saberlo, como paisajes, hechos y sí, hasta personas. Esto sucede porque la poesía en sí no es más que la belleza encarnada; es la representación más fiel y sincera de la naturaleza humana. La poesía es un reflejo del sentimiento de nuestro ser, ya que su cifrado es lo humano; muestra y revela lo que el ser humano es y ha sido, pero también aquello que no ha sido ni es, porque la poesía está hecha de aspiración, de urgencia y de nostalgia. La poesía no es, como muchos pensábamos, solamente versos que hablan de amor y de lo maravilloso de la vida, ya que, incluso, hasta aspectos que consideramos como grotescos, feos y malvados pueden ser poéticos.

Es así como la poesía es el mismo sentir de nuestro ser, pero este es un ser abierto al silencio y al vacío, hecho de misterios y revelaciones. Como dice García Maffla (2001) “Y si la poesía tiene que ver con las palabras, también tiene que ver con el silencio. Lo silencioso no es sólo lo no dicho, sino aquello que no puede decirse, que es lo inefable.” (p.39). Pero este silencio cargado de significaciones necesita ser revelado, necesita de un instante de pensar y sentir en solitario para evocar y descubrir nuestra alma, porque el mundo necesita hablar, y este hablar habla y dice por todos, ya que expresa lo que muchos quisiéramos decir, pero no podemos. En otras palabras, la poesía expone la condición humana por medio de los labios de la palabra poética.

La poesía, como dije al principio, está hecha de aspiración, de urgencia y de nostalgia, ya que lo poético es invariablemente nostálgico, pues nos recuerda que estamos separados de algo, y esos recuerdos nos acechan en el silencio y en la soledad (García Maffla, 2001, p.57). Esto lo podemos apreciar en el poema Los viejos inquilinos, de Piedad Bonnett, que retrata esa memoria que no olvida y evoca constantemente: “Ahí están. Deambulando/ como deambula Pedro por su casa.”, es decir, esos recuerdos que se escurren por lo recóndito de cada uno con la confianza de quien nada teme. Y que, como dice el poema, “Quizás oigas sus pasos en medio del desvelo”, en esos momentos de vigilia atormentada que interrumpen el sueño y que asaltan la noche, o también “en medio del sollozo de la ducha,”, ya que la tristeza, la nostalgia y la melancolía participan, igualmente, de esa incursión de pensamientos que, por más que se trate, se quedan ahí, acechantes. Al final, el poema sentencia:

No terminan de irse los viejos inquilinos.

Tan ajenos, tan propios,

tan descaradamente inoportunos.

En esta última estrofa podemos ver cómo esos recuerdos silenciosos que nos atacan en la espesura de la noche se vuelven poesía, se revelan en momentos tal vez inoportunos, pero al fin y al cabo se muestran en forma de belleza. Este es un poema que leí hace unos dos años y no ha salido de mi mente; la razón no la sé todavía. Se ha quedado, como esos viejos inquilinos, postrado e instalado en esta memoria confusa y selecta. Y es que, como dijo Maffla (2001), al leer un poema se siente inmediatamente distinto el mundo, porque toca nuestro ánimo y nuestro espíritu, algo reclama nuestra alma y la evoca, como esos recuerdos incesantes, y esto viene de un lugar misterioso y desconocido, pero se expresa como una claridad que resulta a la vez secreta (p.62), porque la poesía es aquella que toca el corazón e incita a la imaginación.

Por otro lado, me he dado cuenta en este tiempo que la poesía es algo complejo de definir, porque muchas cosas pueden ser poéticas, por lo cual considero que la experiencia con ella es la que puede ayudarnos a ir encontrando, para cada uno, lo que es o posiblemente sea, ya que es a partir de nuestras vivencias que podemos dar un significado a lo que la poesía nos hace sentir y vivir. La poesía en sí tiene "verdades", ya que reclama nuestro ser más auténtico, pero también nos hace ser lo que no somos ni llegaremos a ser en la vida inmediata, porque la poesía es mágica, hace que el mundo adquiera otros rasgos que de alguna extraña manera se pueden tomar como lo que puede ser su verdad, pues el mundo necesita hablar, y habla con los labios de la poesía.

Para finalizar, y en palabras de Maffla (2001) “La poesía existe porque el ser del hombre es al tiempo nostálgico y visionario, vive más de las ausencias que de las presencias, más de lo que no es que de lo que es” (p.79), en donde ella misma es la que viene a nuestro rescate en medio de este mundo frío y azaroso. La poesía es un reflejo de nuestras vivencias y carencias, de percepciones conscientes e inconscientes, es una revelación hermosa de la naturaleza del hombre y que no se escandaliza ante nada; es un lugar íntimo que nos brinda su compañía en medio de esos momentos silenciosos de aflicción y nostalgia. En definitiva, agradezcamos a este arte que nos permite encontrarnos con la belleza, crearnos y descubrirnos.

Elisa Pinilla Da Silva

 

Referencias bibliográficas

García Maffla, J. (2001). ¿Qué es la poesía? Pontifica Universidad Javeriana, Centro Editorial Javeriano, CEJA.

Bonnett, P. (1989). Piedad Bonnett. Poesía reunida. Penguin Random House Grupo Editorial.

 

 

Sección: