Un sueño

—A propósito, ¿por qué hay tres hombres en este comité y ninguna mujer?

Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar, ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa; o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.

 

Jesús Álvarez tuvo un sueño. En él, un comité conformado por tres animalistas discutía sobre la pertinencia de leer Moby Dick en nuestros días. La tesis que exponían era clara: “Queremos generar un debate en torno a la representación de los animales en la Literatura. No está bien que los niños lean cómo un hombre se obsesiona con la idea de matar una ballena. Eso sienta un pésimo precedente para las próximas generaciones”.

En el sueño, Jesús Álvarez tenía ganas de hincarle el diente a una pierna de pollo, pero todo lo que había a su alrededor era tofu y coles hervidas. Así que tuvo que conformarse con lo que decía el comité.

—Debemos exigir que retiren ese libro de las bibliotecas. O que, en aras de la igualdad, haya una versión titulada Moby Pussy.

—Eso me parece sexista —dijo uno de ellos.

—Es verdad. Lo siento.

Los animalistas hablaron de El viejo y el mar.  

—¿Ven cómo al final el viejo mata a una especie en vía de extinción? Eso me parece cruel.

—Creo, sinceramente, que retirar ese libro de la biblioteca es una decisión acertada. Al menos podríamos hacerlo por un tiempo, hasta que sepamos si conviene o no que permanezca en su sitio.

—Genial. Podríamos ubicar una cartelera a la entrada de la biblioteca para que la gente diga qué opina al respecto.

—¿Y si no han leído la novela?

—No importa. Lo realmente valioso es el debate.

Uno de los miembros del comité llamó la atención sobre un punto interesante.

—El personaje es un pescador hombre. Cisgénero. Y blanco.

—Su autor también lo era.

—Qué asco. ¿Deberíamos leer a Hemingway?

—Ese es otro debate necesario.

El comité vio un perro y a un anciano sentados junto a un semáforo.

—Pobre perro —dijeron, e hicieron una colecta para darle algo de comida. El anciano se murió de hambre. Luego discutieron qué nombre darle a su movimiento.

—Creo que Esopo es una buena opción. En sus fábulas ningún animal es maltratado y todos ellos son muy listos.

—Sí, pero Esopo era griego. Y blanco. Iría en contra de la igualdad de género.

—Es injusto, sí. Pero hasta la fecha no hemos dado con un fabulista gay. Ni negro. Ni mujer.

—Podríamos llamarlo Esop@.

—Genial. Eso las incluiría a ellas.

—A propósito, ¿por qué hay tres hombres en este comité y ninguna mujer?

En ese momento el comité se esfumó por violencia de género. Jesús Álvarez quedó a la espera de que discutiera sobre La metamorfosis y El asno de oro. Pero despertó. Y cuando lo hizo no supo si era un hombre blanco que había soñado con tres imbéciles, o si esos imbéciles seguían allí y él era solo un sueño.