UN CADÁVER AZUL CON GUANTES DE SEDA

Fotografía de: https://elpais.com/cultura/2019/01/11/actualidad/1547209310_525215.html

Por: Alexander Caro

Sobre la muerte de Rosa Luxemburgo

Ya para el 15 de enero de 1919 el general Waldemar Pabst tenía Berlín bajo el control de sus tropas. La Revolución de Noviembre y el Levantamiento de los Espartaquistas, la frustrada versión alemana de la insurrección bolchevique, ahora eran cuerpos abandonados en las calles y tareas de limpieza. Literalmente, porque bajo las órdenes de Pabst, que había trasladado su cuartel de operaciones al Hotel Edén luego de su victoria, las unidades paramilitares llamadas Freikorps iniciaban la caza de líderes comunistas que debían estar ocultos en algún lugar de Berlín. Ya Pabst había identificado a los dos objetivos más importantes: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Al primero lo había visto personalmente mientras se infiltró en uno de los discursos de agitación que el líder revolucionario daba desde noviembre ante los consejos de obreros y marineros insurrectos. No le cabía duda entonces al general Pabst, Liebknecht era el principal peligro que enfrentaba el orden alemán ante la amenaza roja: esa fuerza en su oratoria, la claridad de sus ideas, la capacidad para transformar a los vacilantes en un ejército obrero… De Luxemburgo solo tenía una fotografía; luego escuchó el testimonio de un oficial católico de su confianza que, traicionado por su devoción inconsciente, la describió como un “mesías” después de infiltrarse en uno de sus discursos. Pabst lo pensó mejor: ¡esta mujer es aún más peligrosa que Liebknecht!

No se conoce quién fue el delator o los delatores ni cuánto dinero hubo de por medio. Ese mismo 15 de enero en la localidad de Wilmersdorf un grupo de civiles organizados bajo la figura de lo que se puede traducir como “defensa ciudadana por cuadrantes” irrumpieron en la casa de un tal Marcusson. Detuvieron al hombre que encontraron en ella, sin que la instancia legal correspondiente hubiera expedido aún la orden respectiva. Luego de hacer unas llamadas al gobierno, en las que informaron del “hallazgo”, recibieron la instrucción de trasladarlo hacia la oficina de trabajo de Pabst en el Hotel Edén. Esto ocurrió hacia las 21:30 horas de ese día de enero. Una vez ante el general, el hombre se identificó como Marcusson hasta que la astucia de Pabst logró ponerlo en evidencia. A la salida del hotel, sobornado por una cantidad de dinero que ha quedado indeterminada para la historia, el húsar Runge golpeó dos veces la cabeza del revolucionario con la culata de su fusil: “sangra”, fue todo lo que dijo Liebknecht consternado al ver la hemorragia indetenible que brotaba de algún lado al cual él no podía mirar. Fue ingresado a un camión militar. Dos horas después el líder del partido comunista había muerto a causa de un disparo por la espalda en el Tiergarten. Su cadáver fue devuelto a un anfiteatro justo al frente del Hotel Eden, donde fue clasificado como un “n.n”. En la misma casa de Wilmersdorf cayeron igualmente Luxemburgo y un miembro central del recién fundado Partido Comunista Alemán, que, inocente de la redada, pasó más tarde al lugar con unos documentos en mano: Wilhem Pieck. El arribo de los dos nuevos detenidos al Hotel Eden se hizo media hora después del de Liebknecht.  Los hombres que arrestaron a los tres cuadros comunistas cobraron 13.600 marcos.

Pieck, quien luego fue presidente de la DDR, sobrevivió. 10 días después de esa noche en el Hotel Edén se realizaba el entierro de los líderes comunistas fallecidos durante los hechos. Entonces había en el centro dos ataúdes: el de Liebknecht y el de Luxemburgo. Solo que este último estaba vacío. El cuerpo de la revolucionaria no había aparecido. En torno al destino de su cadáver aún hoy surgen las historias más fascinantes. No solo en Alemania. ¿Qué fue de ella? A su llegada al Hotel Edén, Luxemburgo fue recibida por la turba de huéspedes del hotel entre escupitajos e insultos. Una vez frente a Pabst, Luxemburgo no tuvo problema de reconocer su identidad:

“- ¿Es usted la señora Rosa Luxemburgo?

-Eso decídalo usted mismo, por favor.

- yo diría entonces, según la foto, debe ser usted.

- si usted lo dice”  (en Gietinger, 28).

 Antes de salir del hotel para subirse al camión militar que la llevaría a su futuro lugar de detención, pudo sentarse en una esquina del cuarto de trabajo de Pabst, donde leyó unos fragmentos de la segunda parte del Fausto de Goethe. Afuera, antes de subir a su transporte, Runge le proporcionó un culatazo en la cabeza que la dejó fuera de sus sentidos.  Mientras era puesta de pie nuevamente para ingresarla al camión, perdió un zapato y su cartera. El oficial Albrecht Freiherr robó de ella una carta de Clara Zetkin, por la cual cobró en 1969 a un coleccionista más de 100 marcos. El auto se detuvo con el pretexto de una avería cerca del Landwehrkanal, donde le dispararon en la sien. El cuerpo fue arrojado al río. Al día 25 de enero, cuando se organizó el entierro colectivo de los fallecidos en los hechos de enero, no había aparecido.

 

II

15 de enero del 2018. Estoy en el Cementerio Central de Friedrichfelde, en Berlín. Representantes del partido alemán de izquierda Die Linke ofrecen discursos sobre una tarima. Un poco más retirados del monumento erigido a los comunistas caídos, algún movimiento revolucionario internacional mira con desconfianza a los de Die Linke: Rosa Luxemburgo nunca fue una reformista, sino una revolucionara: ¡ella nos pertenece!, parecen decir. La izquierda no es una sola. Como cada año en esta fecha, varios alemanes se acercan a dejar rosas rojas en la tumba simbólica de la líder comunista. El alemán de descendencia polaca que me acompaña se afana por dejar las flores en el lugar que corresponde a la tumba de Luxemburgo. Lo suyo es una visita rápida, un tocar un muro y salir corriendo de regreso a la casa. Le reconforta visitar la tumba de Luxemburgo religiosamente cada año, pero le sucede lo mismo que le pasa a varios peregrinos: no sabe que el cuerpo de su heroína no se encuentra allí; que se perdió en los tiempos y jamás aparecerá.

Luego de ser arrojada al Landwehrkanal los restos de la líder revolucionaria estuvieron desaparecidos hasta el 31 de mayo de 1919, cuando dos trabajadores de las esclusas de Berlín los encontraron en el río. El trabajador del servicio funerario de la Charité de Berlín Fritz Eberhardt lo inspeccionó para su reconocimiento y autopsia. Era un cadáver azul con guantes de seda: el color del vestido se adhirió al cuerpo con las semanas. Gracias a los guantes Matilde Jacobson reconoció su identidad. Ella los había comprado como regalo para Luxemburgo, su amiga y jefe de filas. Eberhardt cortó un trozo de tela del vestido y sustrajo el medallón suspendido del cuello del cuerpo que también fue reconocido por la misma Jacobson. El entierro real se realizó el 13 de junio de 1919 en la sección 64, línea 8, tumba número 4.  Sin embargo, en 1935 los nazis ordenaron la destrucción y desaparición de la tumba de Luxemburgo como parte de su idea de borrar toda presencia real o simbólica del marxismo en Alemania. Ni siquiera Pieck al volver de su exilio tras la caída de Hitler pudo encontrar el más mínimo fragmento de la tumba.

Desde allí no se volvió a saber nada del cadáver de Luxemburgo. Hasta el 2009, cuando el entonces director de la Charité de Berlín Michael Tsokos afirmó estar ante un hallazgo: el torso del cadáver de Luxemburgo se encontraría en un material archivado en el anfiteatro de la institución que él dirigía por entonces. Tsokos acompañó su anuncio en los días siguientes con una hipótesis, basado en una revisión de la autopsia practicada al cadáver encontrado entonces en el Landwehrkanal: el cuerpo sepultado en junio de 1919 no sería el de Rosa Luxemburgo. Los seguidores de la líder revolucionaria, que históricamente se las habían visto con la ocultación de la escena de su crimen, la desaparición de su cuerpo y los entierros simbólicos, tuvieron su nuevo momento de confusión. Tsokos ya había extraído material de ADN del torso anónimo encontrado en la Charité y ahora faltaba solo encontrar material genético de la Luxemburgo con el fin de cotejar ambas muestras. Un vestido o un peine donde encontrar cabellos, algún elemento de su pertenencia, un pariente con la suficiente cercanía genética. Todos sus intentos de comprobación fracasaban. Los parientes de Luxemburgo que logró ubicar ofrecían, cuando más, un 60% de fiabilidad en la comparación. Así no habría prueba contundente y su tesis, que había abierto un escándalo, se volvería en su contra. De repente, alguien le dijo que en Varsovia se encontraba un objeto que podría aclarar todo el misterio: el herbario de Rosa Luxemburgo. Allí podrían encontrarse restos de su ADN.

Un interés que siempre acompañó la vida revolucionaria de Luxemburgo fue la botánica. Ella comenzó a elaborar su herbario desde 1913 hasta 1918. Su devoción por las formas sencillas de las plantas comparte algo de observación goethiana de la naturaleza, sin que pueda hablarse por ello de una veta romántica o mística en la afición de Luxemburgo a la botánica. El herbario puede ser visto y leído como un archivo natural de correspondencias históricas. Una de las plantas anexadas en 1917 en Breslau fue tomada de la tumba de Ferdinand Lassalle, su referente político más preciado. En el periodo de su detención como consecuencia de su oposición a la participación de Alemania en la guerra, su trabajo de botánica se alternó con la redacción de sus escritos sobre la Revolución Rusa. El herbario se encuentra actualmente en el archivo de Akt Nowych en Varsovia, lugar al que fue a dar en la década de los 70 del siglo pasado, proveniente de los Estados Unidos. A ese archivo llegó, pues Tsokos, con la idea de rastrear cada una de los folios que lo componen y encontrar algún material genético de Luxemburgo. En su lugar, halló material genético masculino y de una sobrina-nieta, quien, en todo caso, no brindaba la fiabilidad necesaria para el análisis. El resultado de su inspección fue fallido: Tsokos nunca pudo comprobar que el torso almacenado en la Charité correspondía a Luxemburgo y se vio obligado a rebajar su hallazgo a la categoría de “sospecha”. Su lectura de las autopsias practicadas en 1919 fue igualmente refutada. El torso fue enterrado como “desconocido”. Aumentó la sensación de ausencia de cuerpo que desde siempre acompañó la muerte de la comunista. Sin embargo, en parte gracias a esa visita el archivo el herbario fue de nuevo organizado y puesto en circulación para su consulta. Con ese antecedente, la colección botánica fue editada en 2016 por la Karl Dietz Verlag Berlin con el apoyo de la Rosa Luxemburg Stiftung.

III

La sociedad en la que ocurrieron estos hechos es la República de Weimar bajo la dirección del Partido Socialdemócrata, una opción política que abría las puertas de la sociedad alemana al parlamentarismo. Tanto los asesinatos extrajudiciales como la forma en que los criminales evadieron la justicia posteriormente contaron con complicidad de su aparato jurídico del Estado (bajo el mando de Friedrich Ebert). Entre 1919 y 1922 hubo 376 asesinatos políticos en Alemania. Para los revolucionarios, la actuación del SPD significa la puesta al descubierto de sus verdaderos intereses de clase, una democracia que se torna violenta contra el pueblo cuando se trata de convertir la libertad abstracta de todos en libertad real de los oprimidos. Un tema de especial interés para nuestro tiempo se presenta en torno al valor político del artículo 48 de la Constitución de Weimar, el cual habilita al presidente para eximirse de la ley vigente y aplicar medidas extraordinarias cuando una crisis demande tratamientos que no pueden ser logrados, en tiempo y cualidad, por el conducto regular de las leyes. Mientras algunos defienden el “estado de excepción” como fundamento de una ética del “mal menor” para proteger el orden legal (esto es, medidas como “eliminar” amenazas a la democracia en pro de su defensa), otros ven en él la realización de una máquina de muerte funcional al capitalismo: ninguna excepción, sino la norma en la que viven los pobres. Entonces ya no hay disimulo:

“SPIEGEL: ¿Ordenó usted que ambos, digamos, fueran asesinados?

PABST: Yo digo sí: yo niego sobre ello la declaración. Usted comienza otra vez a darle muchas vueltas al asunto. Estamos protagonizando directamente un teatro, un teatro del malo, se da uno cuenta de inmediato. Usted sabe exactamente lo que pasó. 

SPIEGEL: Nosotros no sabemos exactamente lo que pasó.

PABST (ríe con estrépito): Eso no se lo cree usted mismo. Toda Alemania lo ha sabido siempre. ¿Usted no? ¡Qué maravilla!

(…)”

Referencias

Luxemburg, R. Herbarium, [Herausgegeben von Evelin Wittich Mit einer Einleitung und einerAuswahl an Briefen von Holger Politt], Karl Dietz Verlag, Berlin, 2016.

Ignafieff, M. El mal menor. Ética política en una era del terror, Taurus, Bogotá, 2005.

Gietinger, K. Eine Leiche im Landwehrkanal. Die Ermordung Rosa Luxemburgs, Nautilus, Berlin, 2009.

Lohmar H. “Leichensache Luxemburg geschichte Historiker bezweifeln, dass ein in der Charité gefundener Torso zu der Komunistin gehört” [Zeitungsartikel], in Märkisch Allgemeine vom 08.01.2010.

Hofmann, J. “Das Symbolische Grab” [Presseartikel] in Neues Deutschland vom 27.06.2009.

“Ich lies Rosa Luxemburg richten”, entrevista de Der Spiegel con Waldermar Pabst hecha el 18.04.1962. Traducción del alemán: Alexander Caro.