Tres poemas de Alejandra Ríos

Imagen tomada de Pixabay

1.

Se sentó en las graderías de cemento aún sin pintar

Todavía con el rastro de pólvora en su ropa,

El sabor a sangre en su lengua,

La cara hundida por las marcas del llanto,

Y la voz cansada de cantar su inocencia.

Esperó a que vinieran por ella

Y luego para ella,

Pero nunca nadie llegó a juzgarla

Y tampoco vino nadie a quererla.

Se quedó entonces ahí,

Pintando con rojo las frías piedras,

Y en su cara la expresión más profunda de dolor,

Aunque no del dolor de una herida abierta.

2.

Ojalá vinieran los gusanos esta noche

Y que en su apetito se desgarre este mal mortal.

Que me abandonen todas las buenas esperanzas

Y las aves de rapiña, entre sus cantos de burla, me entierren.

Que mis huesos no sean más que polvo barrido

Y tu memoria sea para siempre fresca.

El ronroneo de los gatos durará infinitamente más que esta noche

Y las cobijas han de cubrir muchos más desvelos.

Si tu dolor se convierte hoy en agua lluvia

Yo habré de recogerla,

Y el sabor de su sal vivirá por siempre en el claro de mis ojos.

Que las hienas vengan a deshacerse también de ellos

en aquellos segundos en los que los leones dejan de devorar hambrientos mis entrañas,

y que aruñen mi asadura,

que la aruñen como arena gastada.

Que me cubra una sola roca tallada si hoy te pierdo

Y que el olor a podredumbre salga por completo del fondo de mi alma,

Y que nada pueda podrirse más,

Nada más después de que yo me vaya.

3.

Hoy he llegado tarde a casa

Acompañada por una luna que lucha por no extinguirse,

Por una tristeza,

Esa tristeza que dejan esos seres a los que realmente nunca pertenecemos

Y que se llevan consigo esa parte esencial de nosotros mismos:

Lo que nunca somos.

Ya se han ido muchos

Y, hoy, se ha ido ya otro más.

Llovizna ligero en la parada del bus.

La luna ya no me sigue y no se la ve por ninguna parte.

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