Sobre mi encuentro con Bob Dylan

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Sobre mi encuentro con Bob Dylan

 

Siempre recordaré octubre de 2016 como el mes en que había que tomar partido,  decir sí o no, aclamar o escandalizarse, agarrarse con el vecino por su voto o su aplauso. Nunca pensé que saldríamos vivos de este mes, aunque hay que resaltar que el mes no ha acabado y en realidad, no tengo certeza de si saldremos vivos.

Primero el plebiscito, y dos bandos se formaron en el país. Luego el premio Nobel de la Paz para el presidente Santos, y ahí sí que peor se puso la cosa, pero pues la política se inventó para dividir, y de eso viven quienes la hacen, de confrontaciones y contradicciones, y para acabar de completar, el pasado jueves 13 de octubre, la Academia Sueca del Premio Nobel, anuncia que el galardón en literatura es para Bob Dylan quién no necesita presentación; y no acabó la vocera de la Academia de anunciar el premio cuando el escándalo mundial y los bandos ya se habían armado, entre quienes estaban a favor y en contra de la decisión de la Academia.

Uno entiende que Santos y Uribe despierten pasiones contrarias, Clinton y Trump;  ¿pero Bob Dylan? Pues el asunto se puso peor cuando pasada una semana del anuncio, la Academia no ha logrado comunicarse con Bob, y lo más probable es que ande perdido, esquivando un premio y una crítica que nunca pidió. 

¿Dónde andas Bob? Tal vez desde mi poder de abstracción pueda hallarlo, tal vez  escondido en un merendero de Time Square, con una taza de café en la mano y la mirada perdida.  Me le acerco sigilosamente para no espantarlo y sin pedir permiso me siento frente a él. 

Hola Bob. – Le digo. – Me permitirías una entrevista para la revista Águilas y Moscas de Bogotá – Colombia.

Bob me observa con sus ojos rasgados y profundos, sus arrugas pronunciadas en el entrecejo, sus labios contraídos. Se lleva la taza de café a su boca y dice: -  Pregunta lo que quieras y lárgate.

Saco del bolsillo mi mini grabadora y la ubico sobre la mesa.

Miguel :  Dime una cosa Bob, cómo has recibido el ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2016

Bob:  El Nobel es un premio que nunca pedí, que nunca estuvo entre mis cuentas así como ningún premio,  al parecer los tarados de la Academia nunca me entendieron, yo no escribí canciones para hacerme a un premio, ni fui de una ciudad, de un pueblo a otro buscando que me dieran una medalla. Las medallas son para los soldados.

Miguel: Entiendo, pero verás que en el mundo  de la literatura hay una controversia infernal por el premio que te otorgaron.

Bob: Esos tampoco me entendieron,  lo dije claramente alguna vez

Vengan escritores y críticos
Quienes profetizan con sus plumas
Y mantengan sus ojos abiertos
Las oportunidades no vendrán otra vez
Y no hablen muy rápido

A los escritores les puedo decir que si quieren el premio vayan por él, mátense por él,  que ese es el destino por escribir para un galardón. A los escritores les puedo decir que vayan a buscarse a sí mismos otra vez y recuerden la primera razón por la cual comenzaron a escribir, esa razón yo no la he olvidado.

Miguel: ¿Y cuál es esa razón Bob?

Bob: Al parecer eres como todos esos escritores, esa razón mi amigo, está soplando en el viento.

Miguel: No sé qué decirte Bob, esa canción la he escuchado muchas veces desde que estaba en el colegio, y siempre me ha conmovido bastante, y al parecer estoy hablando como un fan y no como un periodista serio, pero sé hacia donde apuntas.

Bob: No lo sabes, aún no lo sabes, puesto que si lo supieras no estarías preguntando tantas estupideces.

Miguel: Tienes razón Bob, creo que debo darle un giro a esta entrevista puesto que esta oportunidad de hablar contigo sé que no se volverá a repetir.  Dime una cosa Bob ¿Crees que tus canciones han logrado cambiar el mundo?

Bob:  El mundo cambia por sí solo,  pero no sabemos si para mal o para peor, yo ya hice mi parte, escribí lo que pensaba y lo que sentía, y la gente lo escuchó y tuvo dos opciones: entender lo que decía, o simplemente divertirse con mi música, no sé cuantos hay de un lado y cuantos hay del otro, y a esta altura ya no importa, pero dime una cosa señor escritor,  ¿Cuántos años tienes?

Miguel: Acabo de cumplir 36 años

Bob: Tengo cuarenta años más que tú, y cantaba mucho antes que nacieras entonces ¿Por qué me escuchas?

Miguel: Porque tus canciones Bob no necesitan tener una orquesta sinfónica para hacer que no vuelvas a ser el mismo.

Bob: Ahí te respondes,  en algo mis canciones te han cambiado.

La imagen de Bob Dylan se va desvaneciendo ante mis ojos, así como el merendero en Time Square, y de nuevo estoy sentado frente a mi escritorio. Esta entrevista que sólo ha ocurrido en mi cabeza no me pone ni a favor ni en contra, porque Bob Dylan no necesita un premio Nobel de literatura, porque Bob Dylan es él, un espíritu libre y honesto que llevaba su voz a la gente, que luchó por Huracán Carter, por la paz en tiempos de Vietnam y la guerra fría sólo con su voz, sus letras, su guitarra y su armónica,  porque Bob está más allá de lo que podamos entender y entre sus letras simples nunca lo entendimos en realidad, porque Bob siempre supo por qué escribía sin competir por nada, encontrando las respuestas soplando en el viento.