Rigo, el segundón

Por: Farouk Caballero/ @faroukcaballero

Rigo es un ciclista con “mística ovalada”; es decir, que le sobran huevos para guerrear a punta de pedalazos.     

Los ídolos no son intocables. Cuando los gigantes del deporte se equivocan, las voces críticas no se deben callar, pero cuando Rigoberto Urán corre un Giro de Italia valiente y solidario, es imperdonable una opinión cizañera en su contra, como la que escribió Rafael Mendoza en el periódico El Espectador.

La libertad de prensa permite opiniones diversas, pero al mismo tiempo admite respuestas a las opiniones con las que no estamos de acuerdo. El periodista Rafael Mendoza expresó una opinión que, salvo él, muy pocos compatriotas y colegas comparten. Afirmó sobre Rigo que “Nunca pudo ni podrá ganar el Giro porque su mejor época ya pasó pero con un accionar como el de ayer, que reprocharon los aficionados colombianos y en especial quienes saben de ciclismo quizás le puso fin a su carrera de segundón. Hay que reconocerle su medalla de plata olímpica y sus dos subtítulos en la prueba italiana pero nunca ganó nada grande…”.

Empecemos por el principio. Rigo tiene 29 años cumplidos, el campeón del Giro, Vincenzo Nibali, tiene 31 años cumplidos; es decir, que el argumento de la edad no es válido. A la par, el principal detalle malicioso de la columna de Mendoza fue dar por terminada la carrera de Rigo: “le puso fin a su carrera de segundón”. No solo hay una carga ofensiva inexcusable, sino que Mendoza se siente con la potestad para dar por terminada la brillante carrera de Rigo, que aún tiene muchísimos pedalazos por delante y que, sin lugar a dudas, nos sacará lágrimas de alegría a los colombianos que hinchamos por el Mick Jagger de Urrao.

Incluso, el director del periódico El Espectador, Fidel Cano, acotó vía twitter que no estaba de acuerdo con la postura del periodista, pero avaló la publicación en aras de la libertad de expresión y en contra de la censura. Cano escribió que la experiencia de Rafael Mendoza era motivo suficiente para que su palabra se respetara y lo calificó como un “veterano periodista de ciclismo”.

En cuanto a sus colegas, vale la pena destacar las palabras de Orlando Ascencio, quien a través de la misma red social publicó: “apreció muchísimo a don Rafael Mendoza, pero en esta se pifió”. Claramente Ascencio está en desacuerdo con la postura de Mendoza, pero no deja de resultar extraño que un periodista curtido en ciclismo, como Mendoza, escriba con saña contra uno de los mejores ciclistas colombianos de la historia y animador infaltable en los últimos tiempos.

La carrera profesional de un “segundón”

Lo primero que hace el señor Mendoza, en su lógica de oligofrénico, es desconocer la entereza y gentileza que han definido a Rigoberto Urán a lo largo de su vida. Los triunfos de Rigo nos han enseñado, a los que no somos antioqueños, que en ese departamento colombiano existe un pequeño municipio llamado Urrao, cuyo embajador universal es un ciclista profesional. De otro modo, seamos sinceros, muy pocos conoceríamos que Urrao existe.

Un “segundón” es aquel niño que tuvo que abandonar los juguetes y trabajar en su infancia. Rigo sabía que la economía de su hogar agradecería cualquier peso extra, por eso vendió chance durante tres años en las calles de su pueblo. Pero a decir verdad, fracasó rotundamente como adivino de la suerte: no vendió ningún número ganador. La gente que juega chance tiene la costumbre de pedirle consejos al vendedor para decidir los números de la apuesta. Al pequeño Rigo le preguntaban cuál número debían jugar y él siempre contestó infalible: “yo le decía juegue este, y ganaba otro”.

Su particularidad para no acertar ningún número hizo que lo despidieran pronto. Entonces, vio en la bicicleta una forma de mantenerse y de aportarle dinero a la familia. Su padre, Rigoberto de Jesús Urán, lo motivó a pedalear antes de que los paramilitares le acabaran la vida a balazos y el hijo, en respuesta, no ha dejado de hacerlo sentir orgulloso, Rigo sabe que su padre lo acompaña desde arriba en todas las competencias. Muy joven llegó a Europa y muy joven sufrió una fractura de clavícula. Tenía 19 años. Corrió su primera experiencia europea en Bélgica y entendió, con la clavícula rota, que el ciclismo es sacrificio puro. Se recuperó y al año siguiente volvió a pedalear, pero esta vez no se fracturó la clavícula, sino los dos codos y una muñeca; lo cual, hizo que le enyesaran los dos brazos desde sus codos hasta las manos. No podía comer por sí solo, ni ir al baño, ni vestirse, para eso contó con la solidaridad de una familia italiana en Brescia, donde se recuperó y apenas tuvo fuerzas volvió a lucharla desde el sillín de sus “burras”, como les llama a sus bicicletas.   

Pedalazo a pedalazo se ha recuperado una y otra vez. Sin duda, es un segundón, un segundón de acero. En su carrera, se destaca la medalla de plata que logró en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Pero no es su único gran logro, también fue el primer ciclista colombiano y suramericano en portar oficialmente la “maglia rosa”, honor de los grandes líderes del Giro de Italia. Este dato no es menor, pues en un país con la historia ciclística de Colombia, solo la han portado Nairo Quintana, Esteban Chaves y Rigoberto Urán. Además, Rigo fue subcampeón del Giro en 2013 y 2014.

Para lograr este palmarés de segundón, Rigo ha debido poner oídos sordos a los consejos maternales de Aracely Urán Durango, su mamá. A ella, antes que los triunfos, le importa la salud de su hijo. Ella quiere que gane, pero le aconseja un modo de correr que Rigo, gracias a Dios, no atiende. Si la escuchara, quedaría relegado siempre a los últimos puestos. Cada vez que Rigo llama a su madre para conversar antes de las carreras, ella le da su táctica maternal, como él mismo lo recuerda: “Me dice, ‘hijo: hágale con cuidado, hágale despacio, que no se vaya a caer’”.

El segundón no le hace caso, siempre va con todo lo que tiene y más. Incluso, en la última etapa del Giro 2016, Georgina Ruiz Sandoval, Goga, destacó que la caída que sufrió Rigo seguro le debió doler en el alma, pues afirmó que cuando el antioqueño hace un gesto de dolor es porque sufre de forma insoportable, ya que en el circuito ciclístico se conoce el coraje que tiene, como pocos, para soportar el dolor. La valentía de este segundón me recuerda un aporte del inolvidable Edgar Perea. Sé que el Campéon estará de acuerdo si afirmo que Rigo es un ciclista con “mística ovalada”; es decir, que le sobran huevos para guerrear a punta de pedalazos.     

Bogotá, Urrao y Túquerres: Colombia en el Giro 2016

El protagonista colombiano principal del Giro fue Esteban Chaves, quien logró un magnífico subcampeonato detrás del intratable Vincenzo Nibali. Lo Squalo di Messina es el único tiburón que depreda en el asfalto. Devoró rivales y cazó su cuarto título grande: un Tour de Francia, una Vuelta a España y, ahora, dos Giros de Italia.

Detrás de ese monstruo del pedal llegó el Chavito de Bogotá: Esteban Chaves. Lo de chavito se lo ganó por su juventud. Perdió el liderato y a sus 26 años afirmó: “es uno de los días más bonitos de mi vida. Mis papás por primera vez están en Europa y estoy con Nathaly”. La compañía de sus padres, Jairo Chaves y Carolina Rubio, el amor de su novia, Nathaly Cárdenas, y el apoyo de millones de colombianos que a la distancia le hicieron llegar toda la energía, motivaron a Chaves para pedalear como un gladiador que se destaca por una condición particular: siempre entrega una sonrisa transparente en todas las entrevistas.

De la capital colombiana surgió un nuevo referente del ciclismo mundial, Esteban, el Chavito, Chaves. El día que sus piernas no engranaron con su voluntad inquebrantable, Rigo llegó a la ayuda, pero ni haciendo de gregario pudo inyectarle energía a las piernas reventadas del Chavito. Chaves, como un grande, dijo: “No hay excusas, simplemente no había pierna. El equipo hizo todo lo que pudo, Rigoberto hasta el final me dio una mano… muchas gracias a Rigoberto, estuvo muy, muy grande hoy”.

Estas palabras no le importaron a Rafael Mendoza, quien las ignoró y subrayó en su columna que Rigo no ayudó al subcampeón del Giro: sin mirar ni una vez atrás y sin colaborarle a su compatriota como lo había prometido el viernes. En vez de darle una mano, como todos lo esperábamos le propinó el último golpe ya que lo acabó moralmente pues el bogotano debió sentir un golpe definitivo a su ilusión al ver que se alejaba la última tabla que podría salvarle el título”. Rafael volvió a fallar, desconoció lo obvio: Rigo llegó a dar una mano, lo único que le faltó fue pedalear por Chaves, pero eso está prohibido. No obstante, usando la lógica de Mendoza de suponer lo que “debió sentir” Chaves, estoy seguro de no equivocarme al decir que si fuese posible pedalear por Chaves, Rigo “debió sentir” enormes ganas de hacerlo.

El Giro terminó y el nombre de Colombia estuvo representado por una camada de valientes, donde los nombres de Esteban Chaves, segundo en la general, Rigoberto Urán, séptimo en la general, y Darwin Atapuma, noveno en la general, brillaron con luz propia. Con Atapuma se cierra el triunfo colombiano en esta nueva página del Giro de Italia. El nariñense de 28 años también nos enseñó geografía, pues al igual que Urrao, Túquerres, su municipio de nacimiento, no era conocido por los colombianos, hasta que Atapuma con garra y sudor nos señaló su lugar de origen para que no lo olvidemos nunca. El Chavito de Bogotá, el Mick Jagger de Urrao y el Puma de Túquerres fueron los abanderados de la patria. Este trío de corajudos se encargó de esparcir orgullo nacional desde las carreteras de Italia. A ellos, millones de gracias por alegrar y emocionar a un país que palpitó con cada pedalazo.