A propósito del Paro Nacional: la emergencia de una nueva subjetividad política.

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Del reciente paro nacional, iniciado el 21 de noviembre y que aún hoy, once días después, continúa, se puede extraer abundante material para un rico y complejo análisis de la realidad colombiana. La producción y difusión de la información a través de los medios de comunicación tradicionales, los noticieros y los periódicos fundamentalmente; la influencia de las redes sociales y la información que por estas circuló y circula; la respuesta, desproporcionada en algunos casos, de las fuerzas de seguridad del Estado contra los manifestantes; la insatisfacción frente a la forma de gobernar el país por una élite moralista y conservadora; el desmarcamiento de las luchas sociales de un determinismo histórico, político o económico; la reafirmación de nuevos espacios y sujetos políticos que ponen en crisis el modelo de democracia liberal y apuntan hacia una nueva forma de relacionamiento político, entre otras, son algunas muestras de dicho material. Esta reflexión toma como punto de análisis las dos últimas.  

Para comenzar, es importante recordar que uno de los argumentos utilizados por algunos líderes de opinión que defienden el estatus quo, entre estos Salud Hernández, para mermar fuerza a la protesta, ha consistido en señalar que la misma es demasiado heterogénea, difusa, sin un punto concreto que posibilite la negociación y sin un actor que la lidere o represente. Esto, según Hernández, reduce la legitimidad y eficacia de la protesta, ya que presenta desde su inicio y desarrollo un defecto fundacional: su acefalía. Lo anterior lo manifestó en la emisión del cubrimiento realizado por Canal Capital el 21 de noviembre.

El argumento, sustentado en una racionalidad política e intelectual unidireccional, simple, básica, no logra o no quiere entender que la vitalidad del ejercicio político contemporáneo se basa, precisamente, en la multiplicidad y heterogeneidad de voces -sujetos- que en un momento determinado se articulan para defender diferentes y variadas demandas frente a un orden social que consideran inoperante, ilegítimo e injusto. La lógica unidireccional, jerárquica y vertical que dominó la acción política durante gran parte del siglo XX, heredera del modelo político de corte liberal, perdió eficacia y capacidad de liderazgo. De allí la nula visibilidad de los partidos políticos en el Paro Nacional del 21 de noviembre. Su carácter político va por otro camino, con nuevos sujetos políticos y variadas demandas sociales que los articulan. Esta dinámica no la logran comprender los defensores del estatus quo.  

A lo anterior, hay que sumarle que la idea canónica, compartida por izquierdas como por derechas ortodoxas y recalcitrantes, de suponer que existe un sujeto definido a priori que tiene como responsabilidad histórica liderar las luchas sociales de los demás sujetos, sin reconocer su contingencia, es decir, que estas son el resultado de un proceso socio-cultural ubicado en un espacio y tiempo específico el cual determina, en cierta medida, su recorrido, es, para nuestro tiempo, inconveniente y paralizante.

Esta visión determinista y anacrónica impide observar y comprender la complejidad por medio de la cual se construyen, deconstruyen y reconstruyen los sujetos políticos en sus múltiples relacionamientos. Por ejemplo, a los estudiantes (universitarios o de básica secundaria), jóvenes, trabajadores independientes, desempleados, docentes, amas de casa, sindicalistas, artistas, académicos, intelectuales, entre otros y otras que han participado en las protestas y movilizaciones no los une, exclusivamente, su condición social, económica, política, cultural o religiosa; por el contrario, su punto articulador es un conjunto de insatisfacciones y reclamos frente al orden social instituido: el incumplimiento de los acuerdos de paz firmados entre el Estado colombiano y las Farc; el deterioro progresivo y acelerado de las condiciones laborales; la exigencia de una educación pública universal, de calidad y gratuita; la protección y conservación del medio ambiente; el respeto por todas las formas de vida; la aceleración y puesta en marcha de una reforma agraria integral; el desmonte del modelo pensional privado y el mantenimiento del de prima media; el inicio de conversaciones con el Eln; el freno al asesinato de líderes y lideresas sociales; entre muchas otras. Un elemento que demuestra lo anterior son los diferentes puntos socio-espaciales donde se han desarrollado las protestas y acciones simbólicas, las cuales se han descentrado de un único lugar, así como los motivos que han propiciado cada una.       

Estas demandas pueden ir creciendo a medida que el descontento sea mayor, o nuevos sujetos sociales se involucren en el proceso, lo cual articularía nuevos reclamos y haría más rico y complejo su proceso. De hecho, todos y todas las que han participado en el Paro, una vez termine, y se continúe la acción política por otros medios, habrán experimentado un cambio en su subjetividad: ya no serán los mismos de antes; pero tampoco seguirán siendo los mismos después. Una nueva movilización o acción política reconfigurara, posiblemente, su subjetividad. En este dinamismo social radica la capacidad de configuración y transformación de las nuevas subjetividades que emergen con fuerza en el campo político-cultural.

Según las pistas dadas durante estos días de Paro, la subjetividad política que comienza a emerger en Colombia su ubica en la orilla opuesta de la subjetividad que dominó el escenario político y cultural colombiano durante los últimos diecinueve años. Nos referimos a la producida por la lógica uribista, estructurada básicamente a partir de la producción discursiva de un enemigo interno que ponía en serio riesgo el bienestar, progreso, crecimiento y seguridad de la patria. Este invento retórico ya perdió validez como argumento político para orientar política, afectiva, moral e intelectualmente a la gran mayoría de colombianos y colombianas. Quizá, estemos asistiendo al declive de dicha forma de pensar, comprender y actuar en la sociedad colombiana.

Ojalá el camino que siga esta nueva subjetividad que emerge con fuerza en el escenario colombiano sea ofrecer una forma de significarnos, entendernos y comprendernos como sociedad distinta a la ofrecida por la esquizofrénica, segmentaria, polarizante, moralizante, estigmatizante y violenta subjetividad uribista-tradicional. Este es su principal reto.