A propósito del comercial de Sofía Vergara: Alegremos el pedacito

Quizás no deba tomar en serio a la Sofía Vergara armando escándalos mientras se pasea con una botella de cerveza en una playa silenciosa, con personas en plena lectura o que contemplan un estado del sol.

Fotografía: www.elheraldo.co

Entradilla: Otra vez ese recurso desgastado de los publicistas, de presentar la lectura,  la pausa, o el extinguido silencio como una manifestación del aburrimiento.

Aún no tengo seguridad de dónde lo vi. Aún no sé si fue en Facebook o en ese corte publicitario que Youtube te obliga  a ver, quieras o no.

comercial:  https://www.youtube.com/watch?v=gdq3dNk30ZM

Tampoco entiendo por qué lo observé hasta el final. Solo recuerdo que un corrientazo de indignación estalló en mi espina dorsal.  Si me preguntaran por qué en mi espina dorsal. No lo sé.  Allí fue donde se acunó lo que experimenté.

Debo confesar que debería estar acostumbrada. Es ingenuo de mi parte, esperar algo de un comercial.  Sé que un comercial no debería preocuparme.

De algo estoy convencida: que todo aquello que se realiza para llegar a las masas tiene cierta responsabilidad con el ciudadano en general, o con ese ciudadano promedio que lastimosamente se forma con la televisión.

Quizás no deba tomar en serio a la Sofía Vergara armando escándalos mientras se pasea con una botella de cerveza en una playa silenciosa, con personas en plena lectura o que contemplan un estado del sol.

Sé que en este caso no debo asombrarme. ¿Pero qué sería la vida sin el asombro?

Para bien, en ese comercial sólo una persona consulta su celular, y los otros, se deciden por un libro. Cuestión para celebrar, pero sí para preocuparse por la manera cómo lo presentan en el comercial.  Otra vez ese recurso desgastado de los publicistas, de presentar la lectura, la pausa, o el extinguido silencio como una manifestación del aburrimiento.

Recuerdo que alguna vez hubo una cadena de indignación cuando otra marca de cerveza hizo lo mismo: presentar el libro como ese objeto que no entra en el marco de lo “divertido”.

Ahora tal vez nadie dice nada porque el comercial se da en un contexto del Caribe.

Precisamente, la Sofía (ella no lo hace sino esos que le dijeron que lo hiciera) replica el estereotipo barato del caribeño.

Hay que alegrar el pedacito, dicen.

Pero nadie se ha preguntado, si el que lee, o mira el sol, sólo quiere eso: lo simple. Contemplar el silencio.

Siempre lo mismo. El cliché. Lo fácil.

No todos los caribeños respondemos a esos códigos. El hecho de que alguien llegue a una playa a “arreglar el pedacito” como dicen, no siempre es bien recibido.

No. Esos recursos son clichés de segunda. Esos mismos que han  encuadernado la existencia de la mujer: Es que la mujer debe hacer esto y no esto.

Bueno, lo mismo sucede con quienes nacimos en el Caribe. Fatiga y aburre esa tendencia a homogenizarnos.

Hay personas que queremos una playa en silencio. Disfrutar sólo del sonido del mar.  Y eso no nos hace aburridos. Sólo que tenemos otra manera de pasarla bien. Tenemos nuestros propios ruidos, y esperamos que el otro, los respete.

No queremos que llegue una Sofía a desarreglarlo todo.  A escandalizarlo todo.

Sí. Hay caribeños que sólo quieren gozar del ruido del sol que cae sobre el agua o de un buen libro en frente del mar. Los hay. Esos caribeños no los fabrican las telenovelas, las revistas de chismes, los publicitas facilistas o los libretistas sin recursos. Esos caribeños existen. Y la Sofía con su cerveza los estandariza a todos como productos.

Respetar al otro; las preferencias del otro, aunque les sorprenda a algunos, también tiene que ver con el mar, con el Caribe.

Columna: