A los mamertos del sí

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El sueño es que los combates dejen de ser militares y sean políticos, que se entierren las armas y germinen los votos...

Por: Farouk Caballero/@faroukcaballero

Si usted apoya el sí en el plebiscito, usted es un mamerto. Señalamientos de este tipo han inundado las redes sociales, porque aunque han pasado décadas, la dinámica política de la derecha colombiana se mantiene.

Antes se le temía al comunismo, por lo que todo aquel que no llevara un godo a flor de piel, era satanizado por ser mamerto. Hoy la invención es el castrochavismo, invento en el que se entra sólo por pensar en el , así se tengan diferencias ideológicas radicales, pues sólo el fanatismo político (léase uribismo) puede ubicar en la misma orilla de pensamiento a Juan Manuel Santos, José Mujica, Barack Obama, Mario Vargas Llosa (derechoso si los hay) y al Papa Francisco, que cuando respalda los intereses conservadores, expresa la palabra de Dios, pero cuando habla en favor del , es señalado por simbolizar el temido anticristo.

Antes, cualquier idea de izquierda que se profesara garantizaba el bautismo inequívoco dentro del mamertismo, pero hoy ni siquiera se necesita ser de izquierda, pues apoyar el en el plebiscito es suficiente para ser catalogado como mamerto. Los promotores del no reviven el término y eso es de sumo cuidado, porque los mamertos, además, fueron señalados por sus poses políticas, por sus gritos y arengas en público, pero también por su poca participación en las urnas. Y es esto lo que quiero comunicarles a los que como yo, somos mamertos digitales de hoy. El espacio de las redes es adecuado para expresar y difundir el pensamiento político, pero ni 20 trinos, ni 10 estados, suman un voto.

Es por esto que debemos abandonar el debate con los partidarios del no, si a esta altura ya no los convencimos, no los podremos convencer. Esa batalla se perdió, pero queda la batalla definitiva y esa no se da ni por Twitter, ni por Facebook, se pierde o se gana en las urnas el próximo 2 de octubre.

Los mamertos de antes eran barbudos, como los cubanos, que con sus armas marcaron la historia del continente. Los mamertos de hoy no necesitamos las armas, podemos combatir con votos. Incluso, si no tenemos barba, el Tónico Barba Larga es una opción para entrar en la moda. Lo que no podemos olvidar, es nuestra cita inaplazable con la historia de Colombia. Por eso, barbudos y lampiños debemos acudir a las urnas, porque las votaciones marcan una tendencia en la que el “importaculismo” juvenil se mantiene. Para los mayores, votar significa participar activamente en el destino del país, por  lo que ir a marcar el tarjetón es un deber sagrado, pero para algunos más jóvenes, el fin de semana electoral sólo obliga a comprar el trago desde el jueves, por la ley seca. En ese proceder, y por culpa del guayabo, se pierden muchos votos de los mamertos digitales.

Es por esto, que extiendo una invitación para que todos los mamertos de hoy acudamos masivamente a votar por el y dejemos la rumba para después de las votaciones. Soy un convencido de que nunca, como hoy, existió una conciencia juvenil que conoce un poco más sobre la memoria y la historia de la guerra en Colombia. Ese contexto es esperanzador, porque así la campaña del no insista en montajes con Mariana Pajón, Juanes y Pirry, supuestamente apoyándolos, el público juvenil ya no traga entero, ahora tiene una conciencia crítica que le permite dudar de las artimañas visuales que, como históricamente ha hecho la derecha colombiana, desinforman.

Por lo anterior, le ruego a todos los mamertos del que cambiemos la historia. Que dejemos las poses de superioridad moral y los insultos virtuales, para darle una oportunidad real de paz a la nación. Además, la paz ya hizo su primer milagro y unió los egos de Petro y Robledo en una misma causa. Ahora nos toca a nosotros, paremos nuestra guerra, ya no más soldados (colombianos pobres) y guerrilleros (colombianos pobres) matándose por intereses de los poderosos, quienes avivan el fuego del conflicto con discursos, mientras mandan a hijos de otros a masacrarse sin siquiera saber por qué.

El sueño es que los combates dejen de ser militares y sean políticos, que se entierren las armas y germinen los votos; ese, ese es el sueño de los mamertos de hoy. Y ese sueño lo podemos cumplir el 2 de octubre cuando le digamos, masivamente, a la paz.