La importancia del cine comercial

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Hace unos días estuve cenando con unos amigos que consumen tanto cine como yo. En el televisor del recinto se emitía la telenovela La Gloria de Lucho y nos mofábamos de ella. Nos reíamos por sus aspectos técnicos, por las actuaciones, por los sets, por todo. Un rato después, al lugar llegó una anciana de unos setenta u ochenta años que vendía incienso. Después de pedir unas monedas, más allá de ofrecer su producto, se quedó viendo el televisor por unos momentos y vi en ella una sonrisa. En ese momento entendí lo malos que estábamos siendo despotricando tan fuertemente, solo porque sabíamos del tema y porque en nuestro bagaje, esa telenovela estaba entre lo más bajo de nuestros estándares.  

Este suceso me sirvió para reflexionar acerca del arte de lo audiovisual, donde se incluyen las telenovelas, las series, los cortometrajes y por supuesto, el cine y su rama comercial. Es evidente que no todo el cine está concebido como expresiones artísticas profundas y esto no está mal. En este texto trataré de demostrar que el cine comercial no es malo; de hecho, es importante y no debe ser despreciado.

Rápidos y Furiosos no es una mala película

No es raro escuchar entre colegas o leer en reseñas críticas que la saga de Rápidos y Furiosos es una pésima película. Este adjetivo es conocido también para muchas películas colombianas como El Paseo u otras internacionales como Cincuenta Sombras de Grey. Sin embargo, usaremos la saga de Rápidos y Furiosos como ejemplo principal.

Las películas, desde el momento en que son concebidas, tienen finalidades comerciales, creativas, y un público particular. Una película debe ser calificada dentro de sus propias aspiraciones, porque si Rápidos y Furiosos no está creada para llegar hasta el Festival de Cannes o los Oscars, ¿se le puede juzgar como una “mala” película por no hacerlo? Si el objetivo de esta saga es precisamente el de obtener dinero, y aun así, dentro de esto, logra nominaciones y ganadores en los MTV Movie Awards, People’s Choices Awards, entre otros, logra perfección dentro de los aspectos técnicos (porque mal grabada no está). ¿Cómo puede ser entonces tan “mala” película?

Existen los premios Golden Raspberry mejor conocidos como los razzies. Son unos premios hollywoodenses dedicados a premiar categorías como peor película, peor actriz, peor actor, peor director, peor remake, entre otros. Aunque no podría ser considerada una academia seria o formal, ya que solo se centra en películas comerciales y occidentales, es una perfecta muestra de lo que es calificar a una película como “mala”. Incluso con todas estas categorías, la saga de Rápidos y Furiosos no cuenta con una sola nominación dentro de estos premios hasta la fecha. No podríamos decir lo mismo de Scarface, Flashdance, la saga de Rambo, Armageddon, la saga de Rocky, El Padrino III y El Resplandor. Son películas que hoy por hoy, en especial las últimas dos de la lista, son recordadas y gloriadas. ¿No es entonces también el tiempo el que dictamina realmente la calidad de una película?

El tiempo reivindica

Al conocer estos ejemplos es notorio que ni el gusto, ni el arte, ni la creación son tan sencillos como para ubicarlos en una sola línea que va de "bueno" a "malo" (Tones, 2017). Esta calificación es absolutamente relativa, no solo por los gustos personales, sino también por el paso del tiempo.

Lo que es malo o bueno ahora mismo solo es definido por la moral y la sociedad de turno. La controversial película Saló o los 120 días de Sodoma, hoy resaltada por su atrevimiento en contar historias crudas a modo de crítica, se presume fue la causante del asesinato de su director Pier Paolo Pasolini, porque para entonces, el cine que él hacía era crudo, crítico, pero sobre todo "malo".

También fue malo Vincent van Gogh, o de lo contrario le hubiesen comprado más de una pintura en su vida. Ni hablar del tango. Música tan “mala” y soez que no fue aceptada por las altas clases dominantes del siglo XIX y la religión católica, y siendo destinada a ser la música de los arrabales, las prisiones y los prostíbulos. Sí, el tango, el mismo que hoy en día es Patrimonio Cultural Inmaterial según la UNESCO. Y no hablemos del cine, donde Tiburón llegó a ser considerada el fin del cine como arte y hoy es una película de culto. Mucho menos hablemos de producción en masa, como hoy en día Rápidos y Furiosos o películas de superhéroes, porque en la década de los sesentas, la producción en masa eran las películas westerns que dejaron clásicos como El bueno, el malo y el feo o Los siete magníficos. Y bueno, creo yo, estas películas son recordadas por algo y no son muy malas que digamos.

Que vean cine “malo” pero que vean

La anciana de los inciensos es solo una de las tantas personas que ven productos audiovisuales, que, aunque creados para contar una historia, tienen fines comerciales acérrimos. El cine comercial no está mal, porque precisamente, al ser una industria, logra llegar a mucha más gente de lo que llegan filmes buenísimos poco conocidos hoy en día como Tres anuncios en las afueras o la hermosísima Cold War del polaco Pawel Pawlikowski. La gente que no conoce mucho de cine, cuando vaya a los cinemas, claramente escogerá El Paseo o Rápidos y Furiosos, porque es la que ha visto promocionada por televisión.

Por algo se comienza, la mayoría de gente comenzó viendo arte comercial, y fue solo en el acto de ver más y más, que afinaron el gusto. Pero si a estas personas, de tajo se les dice que lo que están viendo está mal, pues nunca van a tener la oportunidad y las ganas de sumergirse más profundamente en el arte. Los mismos que se creen eruditos en las artes, son los mismos culpables de que muy poca gente consuma arte, porque son excluyentes. Y, es más, incluso los críticos más reconocidos, los profesores más estudiados, aún tienen tardes en que deciden ver algún filme donde aparezca Adam Sandler o se toman el tiempo de ver la nueva película de Avengers. Bien lo dijo el director de Los colores de la montaña en una entrevista a la revista Semana: “La función esencial del cine es ser arte, pero también entretener” (Arbeláez, 2018).

Así pues, ¿sigue siendo correcto el juicio cuando califican una película como “mala”? Porque no se puede probar que una película es “mala”, cuando cumple sus objetivos y cuando esta calificación es subjetiva. Hay muchos ejemplos de arte que fue considerado “malo” en su época, pero el tiempo lo reivindicó. Y por supuesto, debemos saber que en la mayoría de las personas, la primera película que verán tal vez sea Rápidos y Furiosos y no 2001: Odisea del Espacio.

Lo verdaderamente importante es apoyar el arte, que haya variedad. Colombia es un país con pésimas cifras de gente que asiste a las salas de cine, y con muy pocos estímulos de creación audiovisual más que algunos otorgados por el FDC (Fondos de Desarrollo Cinematográfico) y las novelas siempre vistas en RCN y Caracol. Colombia es un país al que le hace falta mucho, pero mucho arte, para cambiar su pensamiento, y como conocedores del asunto, es nuestra responsabilidad impulsar a que la gente consuma cualquier modalidad del arte, pero que consuma.

Referencias

Arbeláez, C. C. (2018, 19 julio). En Bello se habla del cine local y de la importancia de formar un público. Recuperado de https://www.semana.com/contenidos-editoriales/bello-sus-letras- lo-dicen-todo/articulo/la-importancia-del-cine-y-formacion-del-publico/575545

Tones, J. (2018, 25 diciembre). "Es tan mala que es buena": desmontando el mayor mito del cine basura. Recuperado de https://www.espinof.com/otros/es-tan-mala-que-es-buena- desmontando-el-mayor-mito-del-cine-basura