La culpa la tuvo Botticelli

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Hay quienes dicen que sin celos no hay amor.

Me dirijo a encontrarme con quien será el protagonista de esta crónica. Son las 10 de la mañana del martes 20 de agosto, un día frío, con algunos rayos de sol. Llego al lugar acordado para nuestra entrevista; noto que Pedro llegará retrasado. Entonces, para hacer más corta la espera, pido un café y un cigarrillo. Después de cuarenta minutos de retraso, veo a Pedro caminar con paso lento, con una sonrisa enorme y con un vaso de trozos de mango en sus manos. Se acerca, me abraza y me da un beso en la mejilla.

-No te veía desde que tenías el cabello rubio, o mejor dicho, pintado de rubio -me dice-. Sonrío y exclamo: ahora es natural. Nos sentamos e inmediatamente me dice: -la celotipia es algo tremendo-.

Según la American Psychiatric Association, la celotipia sexual o el síndrome de Otelo es un subtipo de trastorno delirante en el que la persona está convencida de que su pareja le es infiel sin que haya motivo que lo justifique.

Sonrío. Explico mi propósito. -No me grabes-, me dice. -Escribe mejor lo que te digo-.  Accedo y empezamos nuestra charla con temas banales, para crear confianza. Hablamos de la ruptura amorosa de un amigo en común y de cómo las emociones y los sentimientos son totalmente diferentes. Pedro es sicólogo y es muy dado a hablar del tema. Le sigo la conversación; vamos al grano, dice. Se ríe; me comenta que solía escribir sobre su experiencia, pero que en un viaje al Vaupés extravió sus escritos. Me cuenta que cuando leía Otelo de Shakespeare veía gran semejanza con su historia y sobre ello escribió, basándose en pequeños fragmentos del libro. De esta manera, comienza su historia sin nombres propios.

Transcurría un 20 de Diciembre de 2009 cuando Pedro, junto a sus amigos, se dirige a un bar de aquella época llamado Jamming. Como él no bailaba y le gustaba fumar, se ubica en la azotea del lugar. Allí, mientras fumaba un peche, se le acercan unas chicas y le piden un cigarro, a lo que ellos contestan: bueno, por beso en la mejilla hay cigarrillo. Así transcurre la noche entre cigarrillos y besos en la mejilla, hasta que en punto de la noche, una chica se acerca a pedir un cigarrillo. A diferencia de las demás, a esta le pareció muy aburrido solo pedir un beso en la mejilla por un cigarrillo y comentó que la sedujeran. Pedro respondió que no le gustaba la seducción, ya que según la rae son artimañas y engaños, a lo que la chica contestó que entonces le dijera algo bonito. Pedro, en medio de su conocimiento sobre arte, recurrió a Botticelli para ello y dijo: -“si Botticelli te hubiera conocido, la Diosa Venus, de la pintura el nacimiento de Venus, tendría tus ojos". Ella sonrió encantada y charló con él durante largo tiempo. Posteriormente, decidió volver a donde sus amigos, no sin antes anotar su correo electrónico para charlar vía Messenger.

Así transcurrió casi un año en medio de charlas, zumbidos y gifs de Messenger esporádicos. Éramos solo amigos, me dice Pedro, nos entreteníamos hablando de arte, música y literatura. Un día decidimos vernos en algo así como una cita, me comenta. Escogieron el 22 de febrero de 2010, día en el cual se llevó a cabo la marcha por el páramo santurbán además de un festival de jazz con Henry Moros. Se encontraron en conucos y terminaron la marcha sentados frente a una tienda, muy cerca del festival de jazz al cual no entraron. Todo fluía muy bien, se acercaba el cumpleaños de ella y Pedro, como era de esperarse, asistió. Ese día, en medio de ron y cerveza, decidieron formalizar su relación y llevarla al noviazgo. Desde allí pasaban la mayoría de los días juntos.

El 23 de mayo, en el cumpleaños de una amiga de Pedro, sucedió lo que él dice fue quizá una pequeña señal de lo que venía. La amiga de Pedro a lo lejos levantó su mano en tono de saludo, a lo que ella reaccionó, diciendo: Pedro, tu amiga quiere interrumpirnos, no quiere que hablemos. Él, sin prestar atención, omitió el comentario. Transcurrieron los días y ella cada vez se comportaba más posesiva. Era normal ya para él escuchar comentarios tales como: quién le dio me gusta a tu estado, por qué te ponen caritas felices, qué haces en esa foto con esa chica. Pedro siempre tratando de explicar y de hacer uso de su título en sicología, mediaba con ella. Un día, en su cumpleaños, Pedro invitó a sus amigos, dos de los cuales están casados, al comandante, un bar ubicado en el barrio la universidad. Ella, susurrando al oído de Pedro,  decía: te gusta la esposa de tu amigo, qué porquería de hombre, no te da pena, es la esposa de tu amigo. Pedro reaccionó encarándola y diciéndoles a sus amigos la opinión de ella, a lo que ella respondió con un golpe en la cara y, alejándose de allí, él no se comunicó unas semanas después de aquello, pero ella decidió llamarle a pedir perdón. Él aceptó y decidieron seguir con la condición de que ella controlaría sus celos. El 15 de junio del 2010 decidieron viajar a San Gil y estando en el hotel, después de tener relaciones, ella le pregunta: ¿y la mujer de tu amigo lo hace mejor que yo? A lo que él sorprendido responde que nunca ha tenido nada con dicha amiga. Ella, insistente, coge el computador en busca de pruebas, pero no las halla. Al sentirse sin fundamentos, lanza el computador en la cara de Pedro, rompiéndole la nariz y posteriormente se lanza en un ataque de arañazos y echa a Pedro de la habitación del hotel. En medio del pasillo, Pedro se cruza con unos amigos en común con ella, que se hospedaban allí y les comenta la situación. La chica toca a la puerta para mediar, a lo que ella responde que los oyó, que sabe que Pedro estaba teniendo sexo en la habitación de al lado. Tanto los amigos como Pedro se sorprenden de la capacidad de distorsionar la realidad de ella. Vuelven a Bucaramanga y Pedro decide demandarla, a lo que las amigas de Pedro le responden, ¿por qué no le respondió los golpes? Otros comentan que lo supere. Por su parte, Pedro solo me dice: los celos, más que amor, son una patología y es increíble que las mujeres que son quizá más propensas a ellos reaccionen con algo como lo dicho anteriormente.

Según el diario el Tiempo, en 2018 se han registrado al menos 3.014 casos de violencia de género contra la mujer en Colombia; es decir, alrededor de 50 cada día. Asimismo, entre 2015 y 2016, 69 hombres murieron asesinados por sus parejas y 13.213 resultaron heridos por sus parejas o exparejas.

“Y aunque no existan muchas denuncias de maltrato a hombres, las hay. Soy testigo de ello. Yo denuncié y el fiscal solo se rio porque según él era algo muy tonto”. Añade El Tiempo: Cuando vienen a denunciar, algunos se muestran indignados y otros, avergonzados. No son muy descriptivos, como suelen ser las mujeres, y se limitan a decir que la pareja fue violenta y ya, declara Isabel Cristina Escobar, comisaria de familia de la comuna 13 de Medellín.

“Un celópata puede matar, un celópata puede dañar a quienes cree quieren robar a su "amor". Yo solo pedí al juez que la internaran y tratarán su patología, pero aún a pesar de tantas muertes por celos, se sigue creyendo que sin celos no hay amor”. Pedro termina su historia diciendo: la culpa la tuvo Botticelli, riendo ligeramente.