Itinerario del viajero

Itinerario del viajero

Buen viaje os deseo, amigos míos,

Que halléis lo que fuisteis a buscar

En tierras ignotas y seductoras y lejanas,

Del otro lado del mar, o adonde queráis.

Apresuraos, corred tras el sueño secular:

Abrazad a Europa, al Asia, al más allá.

Pies en polvorosa, como un pito,

A la velocidad del rayo,

Mientras el tiempo se desgrana lento,

Saciad la sed de aventuras, ¡idos ya!

Tal el marino, sin puerto fijo, sin pasado por lamentar.

Por familia: los vientos y la mar,

El cielo vespertino, la aureola boreal.

Islas desconocidas ocultas en la bruma,

Augurando la fama y la gloria,

Descubrís cual niño transido de éxtasis,

Orgulloso de sí mismo,

Borracho de sus proezas sutiles,

Escultor de nubes con ojos fatigados,

Corre de aquí para allá, sin apenas notarlo.

Conquistador de nuevas Indias,

Procurad Eldorado para ti, sólo para ti,

En tanto los otros siguen buscando

Un sé qué, no sé dónde, no sé cuándo.

Empezad vuestra odisea:

A Nueva Deli, a Nuevo Orleans,

A la China, al Japón, a Uzbequistán,

Al pozo de Darvaza, a los confines del Diablo,

A la tierra de Nerón, los desiertos de Cleopatra, al Indostán,

Que la tierra os quede chica,

Que no quede rincón por visitar…

No lo penséis dos veces: ¡alzad vuelo!

Ave migratoria, surcando los cielos,

Irás tan lejos como sea posible:

A las estepas rusas, al lejano Himalaya,

A la cordillera de los Andes, a la gélida Alaska.

Enloqueced la veleta de los puntos cardinales,

Que no haya norte sin recorrer,

Ni sur, ni este ni oeste que no podáis ver.

 

***

 

¿Y tras los mundos conocidos?

¡No arredréis, seguid adelante!

Aturdíos en paraísos artificiales;

Preparad, os digo, otro gran viaje:

A los orígenes del cosmos… ¡Adentro!

A las catacumbas del alma,

A los nichos del miedo;

Iros tras los pasos del fantasma,

Tras las huellas de lo incierto.

Allí, frente a frente, veréis vuestros espectros:

Ora felices y rebosantes, oasis del delirio,

Ora sangrantes y con pústulas, estigias del martirio.

Danzas frenéticas en vuestros mundos extáticos,

Imbricación de imágenes traslúcidas,

Fruto del túmismo soterrado,

De las entrañas volcánicas del león dormido,

Del gorrión muerto, cuyo piar nadie oye.

¡Estad atentos, felices viajeros!

Los elixires del Diablo lo han hecho:

Abrieron las puertas del sótano;

Soplan vientos tempestuosos en vosotros,

Y en medio de la floresta insana,

Yace el forastero-turista del opio,

Punto difuso de la nada,

Que en vano intenta ser algo.

Perdido entre vapores somnolientos y homicidas,

Frota sus ojos, consternado,

El cuerpo hecho una herida trémula,

Sus sentidos abiertos al pandemónium del deseo:

Bullen sus venas sedientas y briosas,

Sucumben al peso de sus fantasías;

Ante sí desfila la cohorte de sátrapas malditos,

Escoltados por sus dulces huríes,

Elásticas y flexibles a la caricia de una mirada húmeda;

Sus ojos, de pestañas postizas,

Llaman al intrépido, al amante priápico;

Para él sus senos en punta,

Sus muslos caniculares sobre el palio de Venus.

¡Cuán maravilloso viaje os espera, dichosos viajeros!

Visiones lánguidas de bohemia,

Entre cuerpos dúctiles y vaporosos...

Ligeras exhalaciones del no-yo.

La inconsciencia de la consciencia vuelta de revés…

Espectros vespertinos al alba, allá donde se pose la mirada;

Apariciones alboradas a la medianoche,

En el iris revuelto de vuestras pupilas dilatadas.

Estupores de sangre y crispaciones de nervios,

Retortijones en el vientre e hinchazón en la ingle,

Los síntomas del gran viaje os asaltan,

No dan respiro: braman por los poros…

Mas, tranquilizaos, no todo es vuelta y revuelta,

Ni sacudones, ni trompicones, ni meras alucinaciones…

A ratos viene el polo a tierra:

Los ojos se ven a sí mismos;

La réplica mira a otra réplica… ¡Es Alicia sin maravillas!

El rostro ante el espejo, contraído, contrariado,

Soportando la risa para no echarse a llorar,

Acaba reconociéndose tras la borrachera…

¡Ecce homo, ecce homo! Grita sin más.

El gran viaje toca a su fin… ¡Sí, éste también!

¿Y luego? ¿Qué viene luego?

Seguir peregrinando sin rumbo,

A la Meca del musulmán, o a los abismos del Hombre,

¡Qué más da! ¡Adonde sea!

Pero que el viajero no pare de viajar.

 

***

 

Marchaos, amigos, marchaos lejos,

Como Cernuda: ¡Donde habite el olvido!

Idos pronto, tras vuestros sueños de cristal…

Romped la crisálida, para atrapar en un puño,

Los restos pútridos de vuestros devaneos,

El corazón hecho jirones, el afán de ser algo,

Cualquier cosa: un héroe, un volatinero.

¡Oh, peregrinos perpetuos! ¡Mis mejores deseos!

Huid de todo: del miedo, de la soledad, de la angustia,

De uno mismo, ese gran fantasma,

Que no para de acosar con sus cantilenas odiosas:

¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por qué y para qué?

¡Una mierda! ¡Comecaca! ¡Aguafiestas!

Que no os alcance el muy majadero;

Callad demonio perverso: nadie quiere oíros…

Dejad que siga adelante el peregrino,

Sacándose fotos, probando cocina gourmet,

Visitando el punto turístico, bebiendo un buen vino;

O entregado a sí mismo, en loco delirio,

Descienda a sus infiernos,

En busca de su paraíso perdido.

El viaje os hará bien, amigos míos,

El suceder de escenarios calmará vuestra sed,

Fortalecerá los nervios, hasta cansarlos,

Y un día, hechos una ruina,

Crispados y vencidos y solos

Oiréis en susurro la voz de Dios:

Al cabo haz vuelto adonde tenías,

Vórtice sin centro, brújula sin norte,

Pájaro sin vuelo, bienvenido seas,

Al tiempo sin tiempo,

Al lugar en ningún lugar,

Al Tedio, en donde acaban todos los esfuerzos,

Vertedero de deseos,

Una vez sobreviene la sombra…

¡Éste es vuestro hogar!

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