Igualdad light

En marzo de 2016, en Madrid, se estableció que las pruebas físicas para acceder al cuerpo de bomberos de la capital española incluirían marcas diferenciadas por sexo, como se puede ver en este enlace. La idea era que más mujeres hicieran parte de este organismo; y que, aquí también, hubiese paridad de género.  

Me pregunto si, en un eventual incendio, las llamas tendrán compasión de las mujeres y provocarán un accidente con enfoque diferencial, es decir, una quema que pueda ser controlada por ellas, mientras que los hombres se ocupan de las llamas de verdad, las que amenazan con chamuscar tuberías de gas y salidas de emergencia. Me pregunto si el humo se apiadará de las mujeres, si los pasamanos de hierro (que transmiten calor) arderán menos para ellas, o si los cuerpos de las víctimas pesarán menos en sus espaldas. Como sé que eso no es así, no entiendo por qué el Ayuntamiento de Madrid aprobó una proposición que puede ir en detrimento de la ciudadanía. Una mujer que no cumpla con los requisitos básicos para ser bombero, así esté allí en pro de la equidad, puede ser un obstáculo real en una situación de peligro.

No puedo pedir que me traten como igual si exijo un examen menos riguroso para mí. Las pruebas, los criterios de selección, deben ser objetivos. Debo estar en capacidad de salvar vidas en un incendio, pues las llamas no distinguen entre hombres y mujeres.

Digo esto ahora que la Universidad Nacional, según nos cuenta la revista Semana, plantea cambiar su examen de admisión para que a sus aulas ingresen más mujeres, como se puede ver en este otro enlace. De acuerdo con lo dicho por Cindy Jeanet Caro y Alejandro Quintero, miembros del Observatorio de asuntos de género de estar universidad, “las mujeres tienen un rendimiento menor en Matemáticas e Interpretación de la imagen”, dos de las pruebas de la más importante de nuestras universidades públicas. Por ello, algunos han propuesto que esta última, la de interpretación de la imagen, sea eliminada por completo y, en su lugar, se realicen “evaluaciones de largo aliento”, como las aplicadas por la UNAM en México, pues, al parecer, en dichos exámenes les va mejor a ellas.

La propuesta, si se le mira bien, es denigrante con las mujeres. Que un profesor de Literatura, por ejemplo, comente con sus estudiantes hombres la Ilíada, pero a las mujeres las evalúe a partir de la lectura de un autor menor, no deja de ser una declaración de que ellas son intelectualmente inferiores, de que hay temas para hombres y temas para las mujeres, y que a estas hay que tratarlas como seres especiales, dado que nunca comprenderán la complejidad del pensamiento “masculino”. En un mundo cada vez más competente, en una época en la que la ciencia avanza a pasos agigantados, no se pueden exigir exámenes diferenciales en pro de la igualdad de número, que va en detrimento de la igualdad intelectual. Ellas han demostrado con suficiencia que pueden hacer las mismas cosas que un hombre, incluso mejores, como para que ahora las tratemos como discapacitadas mentales que requieren de nuestra compasión.

Si bien es cierto que, de un hipotético número de mil personas que se presentan a una ingeniería en la Universidad Nacional, solo cien son admitidas, y de esta cifra solo siete u ocho son mujeres, no deja de ser cierto que estas han demostrado estar por encima de los otros novecientos aspirantes, que, guardadas las proporciones de nuestro ejemplo, estará conformado por ochocientos noventa hombres y diez mujeres que no aprobaron el examen de admisión. ¿Aplicaremos para estos hombres que reprobaron un examen diferencial, a ver si en una segunda oportunidad lo aprueban? ¿O consideraremos simplemente que ellos reprobaron no estaban capacitados para ingresar a la educación superior? ¿Se nos olvida que hay hombres que se presentan una y otra vez a la Nacional y aún así nunca ingresan? ¿Haremos un examen especial para ellos?

El mundo de la ciencia, ya lo dijimos, es cada vez más exigente. Aplicar enfoques diferenciados es hacerles un flaco favor a las mujeres. La vida nos enfrenta con problemas reales, sin distinciones de género. Hombres y mujeres debemos estar en la capacidad de superarlos, porque, en un eventual incendio, las llamas quemarán con todo a nuestro paso, incluidas las buenas intenciones.