Fajardo, el indeciso peligroso

Fajardo es la ultraderecha deslactosada, el café sin cafeína, la cerveza sin alcohol. Fajardo no es nada, pero quiere serlo todo.

Fotografía:Facebook/SergioFajardoV    www.pulzo.com

“Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, dice Dios en la Biblia. Este es, tal vez, el versículo que mejor le calza a Sergio Fajardo, el político que no se compromete con nada porque quiere quedar bien con todo el mundo. Fajardo es la ultraderecha deslactosada, el café sin cafeína, la cerveza sin alcohol. Fajardo no es nada, pero quiere serlo todo. Es el profesor que no sabe por qué marcharon los docentes en abril de 2018; el candidato de la educación que no acompañó a los estudiantes en sus reclamos; el hombre que dice “Cero corrupción” pero no es capaz de plantarle cara a Néstor Humberto Martínez; el político que en un momento decisivo de la política nacional prefirió ir a ver ballenas en el Pacífico; el hombre que no ha dicho nada sobre los asesinatos de líderes sociales; el derechista que disfraza de decencia lo que es mera incompetencia. El tipo chévere que, repito, dijo “Cero corrupción” pero no apoyó la consulta anticorrupción.

                Si hubiese pasado a una segunda vuelta, nos habríamos visto en el penoso deber de elegir entre un saltimbanqui y un indeciso. Y tal vez habría ganado Fajardo, el candidato al que no se le conoce una sola convicción sólida, una idea propia, un horizonte político. Fajardo es un tipo sin palabra, que un día dice no volver a participar en política y, meses después, cambia de opinión. Fajardo es el político que cree que cuestionar es polarizar, el tipo incapaz de una denuncia o un desplante, el bacán que no es de aquí ni de allá ni de ninguna parte. Fajardo es un tipo sin carácter, de sonrisa dudosa. Un político de ideas endebles. Fajardo es el tipo que, en una discusión entre amigos, se queda callado para quedar bien con las dos partes.

                No sé qué tan decepcionados están sus votantes. Yo, sin haberle dado mi apoyo, temo que este tibio, este hombre de argumentación frágil, convenza con su tibieza el corazón de los colombianos. Ojalá los rezanderos vean en él lo que dice el Apocalipsis: que no es más que el vómito de Dios.