Estoy aquí porque no estoy en ninguna parte

Imágen original de la portada

ESTOY AQUÍ PORQUE NO ESTOY EN NINGUNA PARTE: Presentación del libro: ‘Lo que quería decir era otra cosa’ de Michael Benítez Ortiz

a. ¿Los que están donde quieren estar sabrán de otros sitios?, ¿será hoy el día que, hace diez años, pensé: “de esto voy a reírme en diez años”?, ¿será la poesía esa señal que nos indica que ya solo quedan finales? A veces me gusta abrir las ventanas de la casa y deleitarme con la muerte, ver bailar los árboles que se asoman engreídos ante la tragedia que se nos avecina. Otras, un tanto más opacas, cruzo los brazos y me sumerjo en mi reino de colillas y botellas rotas y pienso en la infancia como aquel peligroso rincón del paraíso que debemos dinamitar con la muerte. Volver a él para aniquilarlo, volver a ese momento justo antes del amor y dejar una caja de condones a tus padres en la mesita de noche, dar uno, dos, 14 mil millones de pasos atrás y detener el big bang con un soplo. Pero no, he cerrado las ventanas, apagado las luces nuevamente, he roto las comunicaciones con el pasado, he devuelto la desventura a su caja de madera, he abierto un libro y en sus primeras líneas he leído:  El poeta es quien más veces muere entre los hombres, ríe solo besando su sombra en la boca, que es más pequeña que él. Rompo el televisor, ensucio las paredes, duermo en posición fetal: En la espada del poeta hierve el mundo. El poeta es quien más veces muere entre los hombres, pero también es una cucaracha ciega bailando sola después del holocausto nuclear.

b. El agua es mejor artista que Duchamp. El agua ha labrado piedras en su eterna naturaleza, las que estallan en las caras de los policías, las que han formado montañas inauditas, las que nos hacen tropezar a diario, yo no sé, no quiero saber, por qué el mundo es este lugar y no otro cualquiera, por qué entre todas las piedras y montañas, entre todas las ausencias y cismas pendientes uno escoge la poesía como único destino. O como el más grande de todos los tropiezos. Nos gusta tropezar sin duda, nos gusta labrar rocas con el llanto, agudizar los sentidos y naufragar en libros que son como el océano, en páginas llenas de lenguajes siniestros que nos llevan a ninguna parte. La casa está inundada ahora de palabras inconclusas, de lenguajes que son como serpientes, todas las palabras son muñecas rusas. Abro de nuevo el libro, pongo a girar la ruleta: En una casa pescamos sueños con alambre ordinario. Las risas rebotan en las paredes. Inauguramos el bautizo de muñecos con corazón de trapo. El poeta llora en una esquina moviendo un sonajero hecho con tapas de cerveza, que le aventamos de vez en cuando. Qué pena señoras y señores lo que quería decir, sin duda, era otra cosa.

c.  Jugar con fuego siempre nos ha iluminado la sonrisa. Recorrer las calles junto a un pirómano con corazón de niño es otra cosa. No sé cómo conocí a Michael Benítez y no me importa, solo sé que estoy aquí sentado, con el papel en la mano a punto de estrellarme contra el suelo. Hoy hay una fiesta en el infierno, el fuego ha devorado esta ciudad que es la esquina de un barrio. Llueven balas perdidas, un tren envenenado arrastra una sombra de pelo largo y gorra roja, la luz entre los primeros dientes condena al poeta que sale de su madriguera, y sin bañarse, perfuma de risa todo lo que estorba. No sé por qué conozco a Michael, pero si supiera desentrañar el misterio que esconden sus certezas, pero si pudiera detener la feliz condena que se autoimpuso al escribir este libro que nace hoy, no lo haría. Que enciendan la música, que pongan a girar los vinilos, corten las patas gangrenadas de la mesa sobre las que bailaremos al final de la noche. El poema es siempre lo que no se escribe.

d. Cuando uno es niño y vive en la calle, piensa que tiene la casa más grande de todos sus amigos. Cuando metí mi ansiedad en el libro de Michael, cuando el sudor de mis ojeras recorrió sus pasillos y sus baños sucios de flores y de vida, cuando el cuchillo áspero de lo que uno nunca entiende se detuvo entre la pared y mi sonrisa, pude comprender su arquitectura plagada de instantes, puertas falsas que se abren al encontrar el libro preciso en las bibliotecas del olvido. Pienso en una casa grande con materas y fantasmas de niños que juegan a encontrarse, una casa llena de voces que nos hacen libres. Estar a salvo es recordar lo justo.

e. Lo que quería decir era otra cosa, este libro que esperamos desde hace tanto tiempo, este niño deforme que hace berrinches en el supermercado a la luz de la luna, este lugar iluminado con antorchas y con dudas, no es más que un cucarrón que mira al cielo ante la crueldad de un niño que está aprendiendo a amar, pero que pronto descubrirá que no existe el tiempo sino un cadenazo poderoso entre los labios. Qué putada tener que entender lo inevitable. Llevar el cielo en los bolsillos y comprar con él todos los pájaros enjaulados de la plaza de mercado. Llevar el ojo del huracán en las manos de un amigo que se raspa las rodillas en cada poema, en cada sueño. Sospecho que de pasar todo por una razón estaríamos algo más cuerdos. Supongo una celebración en cada página, en cada letra, en cada universo que el libro de Michael esconde bajo el velo traslúcido de la niñez. Una casa para que jueguen nuestros miedos, un paraíso perdido entre la maraña de piojos que inundan nuestros párpados inflamados en esta puta ciudad en la que nunca es día.

f. Escribimos por mentirosos. Las cosas tienen más valor cuando uno las roba. El poema es una piedra en una cauchera con la que asesinamos a los pájaros del silencio.  Escribimos para que nos lean nuestros amigos, para que el eco de eso que uno quiere decir sea otra cosa, escribimos para celebrar y para encontrarnos en el abrazo y el asombro, en la duda marginal de eso que creemos saber, no que sabemos. Escribimos para resistir y en esa resistencia uno se da cuenta que para ocupar un lugar en el mundo hay que estar muy harto de todo, pero también debe estar dispuesto a amarlo todo. Entonces es cuando uno termina el libro y se da cuenta que las palabras no son lo que uno piensa, que todas las canciones y poemas y puñaladas por la espalda han estado allí desde el comienzo de los días siendo otra cosa: animales en vía de extinción, besos a escondidas, agua oxigenada en los raspones, amigos que salieron debajo de las piedras con las que intentamos destruir la modorra del cielo. Celebramos este libro como celebramos un incendio, el asesinato del primer hijo, la piedra en el zapato que puede llegar a ser un amigo ebrio que retaca con poemas mientras piensa en que nada de lo que nos hace felices tiene una palabra exacta. Lo que quería decir era otra cosa no es un libro, es un niño que corre por el universo con la cara sucia de mocos y tierra, la misma tierra que un día lo cubrirá y lo convertirá en nada en todo lo que puede ser un poeta que escribe encerrado en su casa sin bañarse.

g. Yo no sé por qué estoy aquí. Solo sé que no estoy ni quiero estar en ningún otro lado antes del abrazo que merece esta nueva máquina de exterminación masiva y la verdad ya no importa, mañana no recordaremos nada. Olvidar deja mucho espacio a la poesía. Los que están donde quieren estar no saben ni sabrán nunca de esta hermosa fiesta.

 Por John F. Galindo

***

Selección de textos por: Jonh F. Galindo.

I

El poeta es quien más veces muere entre los hombres, ríe solo besando su sombra en la boca, que es más pequeña que él. Piensa en su infancia y sabe que no regresará fumando cigarrillos de hielo salado. Ve la gangrena en las patas de la mesa donde se sientan sus amigos. En la espalda del poeta hierve el mundo.

El poeta es quien más veces muere entre los hombres.

VIII

En una casa pescamos sueños con alambre ordinario. Las risas rebotan en las paredes. Inauguramos el bautizo de muñecos con corazón de trapo.  El  poeta  llora  en una esquina moviendo un sonajero hecho con tapas de cerveza, que le aventamos de vez en cuando.

I

Las palabras nunca me parecieron gastadas, manoseadas por el disco rayado de la vida. Nunca caí en sus trampas, porque no había tales. Ahora huyo de ellas cada vez que las siento cerca, tropezando a cada paso.

Cuando uno es niño y vive en la calle, piensa que tiene la casa más grande de todos sus amigos.

V

Mis amigos salían de la tierra a jugar conmigo. Yo salía del centro de mí mismo. Los despertaban las lluvias de abril.

Amar es darle vuelta a un cucarrón que mira el cielo.

XII

Para escribir buenos poemas es necesario durar, por lo menos, ocho días sin bañarse. Debes haber sido campeón en algún momento practicando algún deporte; ser el mejor en cualquier cosa: todas son igual de insignificantes. No es importante haberse enamorado, pero ser un poco ingenuo no está de más. Si nunca robaste monedas haciendo mandados a tus padres, no tienes agallas para la poesía.

El poema es la piedra en mi cauchera.


Acerca de los autores

Michael Benítez Ortiz (Bogotá, 1991) ha publicado Bogotrash (Cuentos, Argentina, 2014), Lo que quería decir era otra cosa (Poesía, Colombia, 2019); las plaquettes El nadaísmo me lo mama en reversa (Ensayo, Colombia, 2017) y la trilogía Papeles para leer… (Poesía, Colombia, 2014, 2016 y 2018). Compiló y editó el libro Cumpleaños del Tiempo de la poeta María de las Estrellas. Ha ganado el Primer Premio, en la modalidad de narrativa, en el Concurso Literario Nacional e Internacional de Relato y Poesía “Palabras sin fronteras”, Argentina (2013), el Primer Premio en el Concurso de Poesía Festival de las Artes, Colombia (2011) y el Tercer Premio en el I Concurso Internacional de Poesía Grupo Literario Poeta Osvaldo Ulloa, Chile (2012). Textos suyos aparecen en antologías de poesía y narrativa en Colombia, América Latina y España, así como en revistas y sitios web especializados en literatura.

John F. Galindo. (Bucaramanga 1978) Ganador del Premio Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia, 2006. Su libro Ventanas de otros días recibió el IV Premio de Impulso a la Poesía Joven Colombiana (2007). Ganador del concurso Nacional de Poesía Relata- Min. Cultura (2012). Su libro Lavar la culpa recibió el Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio en 2016. Ganador de los estímulos artísticos “Bucaramanga, cree en tu talento” 2017, con su libro No hace falta que te digan que te quites. Cuentos y poemas suyos han aparecido en publicaciones nacionales e internacionales y en diversas antologías. Ha publicado los libros Ventanas de otros días (Ediciones UIS 2008), Karaoke Demon (Ediciones UIS 2012) y [L] (Editorial Cuatro Colectivo Editores 2013), No hace falta que te digan que te quites (Ambidiestro Taller editorial 2017). Su libro Las fantásticas aventuras del hombre intrascendente se encuentra en proceso de edición por la editorial italiana Gi Elefanti Edizioni (2019). Actualmente se desempeña como docente universitario y como director de los talleres locales de escritura de IDARTES Y BIBLORED.

 
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