Esbozos de una poética por Violeta Villalba

Esbozos de una poética

 

Pez de la noche

Vivir al margen de mí misma
la muerte 

Brama el sueño, siempre
galopa la ola

No me hundo en la renuncia
pez de la noche

 

He tratado de separar las preguntas: ¿por qué escribir?, ¿por qué poesía? y ¿por qué publicar? Creo que las respuestas se tocan una y otra vez sin demora, se entrelazan. Ante todo, hay algo que deseo evitar: escribir sin caer en el fango narcisista, unas veces lazaroso, otras, cínico. No quiero hacer del dolor un espectáculo. Espero lograr esculpirlo bellamente.

Escribo poesía para expresar un sentir hondo que toma forma, hierve y sube a la superficie, porque debe hacerlo. Lo imagino como un pájaro que revolotea en un cuarto buscando con urgencia una ventana. Todas están cerradas menos una. Finalmente la halla y sale. Ese es el sentir. Y eso que siento no puedo decirlo en voz alta porque tengo que plasmarlo para mirarlo a la cara, casi el papel se vuelve espejo y debo ver lo que allí se refleja. Para mí, la poesía es una fuente de autoconocimiento. Hace poco encontré unas palabras de la poeta Wislawa Szymborska que me ayudan a darle forma a esta idea. Ella dice: “Por eso tengo en tan alta estima dos pequeñas palabras: ‘no sé’. Pequeñas pero con potentes alas”. Ese hablarme a mí misma sin máscaras me enseña quien soy. Sin actuaciones. Sin temor.

 

Escribir

artificio de sangre
exorcismo de las entrañas
arder sinceramente
dejarlo todo en el instante
hablarse a sí mismo
dejar de fingir
porque nadie escucha

 

Sé que en el hecho de publicar se agazapan las ansias de reconocimiento. Sin embargo, también es una oportunidad para demostrarnos que es factible llevar a cabo proyectos personales, gestados desde el impulso creador, no impuestos por otros o para la satisfacción de otros. El contrato es con nosotros mismos. Aun me pregunto: ¿es natural la necesidad de una retribución inmaterial como el aplauso? ¿O se trata de un artilugio social? Que cada uno intente hallar la respuesta, si es de su interés; yo por mi parte, tomo prestadas estas palabras de Fito Páez: ¿Quién dijo que todo está perdido? / Yo vengo a ofrecer mi corazón. / Cómo abrir el pecho y sacar el alma, / Una cuchillada del amor. / Hablo por la vida, hablo por la nada, / Hablo de cambiar ésta nuestra casa/. Y de Jaime Sabines: la poesía no es más que un puente entre una isla y otra, entre una soledad y otra. Estos pensamientos superan infinitamente la vanidad que supone la publicación, y se refieren a otra necesidad humana, la de compartir lo creado, de modo que un sentir individual alcance a otros.

¿Y para qué?

Vuelvo a la importancia social que adquiere la materialización de los proyectos. En un estilo de vida con poco tiempo personal, considero vital que demos voz a las inquietudes propias, en caso de que surjan. Tenemos derecho de plantear interrogantes. De trastocar las cosas, forjar nuestros propios conceptos. Tenemos la libertad de aportar al campo que deseemos. Aunque nadie nos lo pida. Los sentimientos, las experiencias o las ideas son la fuente inagotable de actos poéticos, creativos, científicos. Y más allá de un acto de resistencia, la escritura, en mi caso, es un acto de emancipación. No es una utopía. Es la ensoñación más real. 

 

De la autora: 

El primer impulso para describirme, como lo he hecho estos años, es incluir la carrera que estudié, los trabajos que he tenido, los talleres a los que he asistido y lo que he publicado. Superando ese límite, quiero decir de mí: que escribo desde que me regalaron un diario cuando era pequeña. Que la escritura me acompaña, me muestra sentimientos, ideas y neurosis para sacarlas a la superficie. Y que siento la necesidad de compartir esta experiencia con otros para tender puentes.

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