El Premio Nobel de Literatura, ¿un premio machista?

El jueves 8 de octubre de 2015, Svetlana Aleksiévich ganó el Premio Nobel de Literatura.

Fotografía de: literaturaceuja2015

El jueves 8 de octubre de 2015, Svetlana Aleksiévich ganó el Premio Nobel de Literatura. Aun hoy, dos meses después de que la bielorrusa recibiera el galardón más importante que se concede en el mundo de las letras, no he leído uno solo de sus libros. Las razones son básicas: su obra, hasta ahora, se está traduciendo al español; y el precio de algunas de ellas es realmente alto.

            Estas razones, sin embargo, no convencieron a una amiga, a quien le comenté que una periodista de nombre extraño era la nueva ganadora del Nobel. Para ella, yo no había leído a Aleksiévich porque esta es una sociedad machista que invisibiliza el trabajo de las mujeres. Ella tampoco la había leído.

            —Pero yo no soy machista —dijo.

            Su afirmación, no obstante, me resultó útil para reflexionar sobre el tema, como también, para reconocer que un discurso como el feminista, si bien ha oxigenado la forma de concebir los roles de la sociedad, resulta evangelizante cuando se le saca de contexto. Gracias a la breve discusión que sostuve con mi amiga quise preguntarme seriamente: ¿es el Premio Nobel un premio machista? Hoy, luego de varios días, creo que la respuesta es no, y en el siguiente texto trataré de demostrar  por qué.

Solo el 12,5% de los galardonados son mujeres

Este es, al parecer, el argumento más contundente del feminismo. Dado que, de los ciento doce premiados, hay tan solo catorce mujeres, no se necesitan más pruebas para concluir que el Premio Nobel de Literatura es machista.

            Si actuamos bajo esta lógica, podríamos decir también que dicho galardón es anti orientalista, pues tan solo cuatro de los galardonados pertenecen a esta parte del mundo: Yasunari Kawabata, Kenzaburo Oé, Gao Xingjian y Mo Yan. Pero también, podríamos aducir que es anti latinoamericanista, pues solo seis escritores de nuestro continente se han alzado con este premio: Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Y podríamos ampliar la acusación diciendo que el premio desconoce la literatura africana, puesto que solo se ha premiado la obra de cuatro escritores nacidos en el continente negro. Y ni qué decir de las literaturas del Caribe y de Oceanía: de ellas solo resaltan los nombres de Saint John Perse, Derek Walcott y V. S. Naipaul, más Patrick White, el único australiano en esta lista.

            ¿Podríamos decir, siguiendo esta lógica, que el Premio Nobel también es racista? Por supuesto: solo Wole Soyinka y Toni Morrison están dentro de la lista de ciento doce ganadores. ¿Antisemita? Claro que sí: tan solo doce judíos han recibido el galardón que concede cada año la Academia sueca. ¿Homofóbico? Es posible; pero yo por ahora no conozco (ni me interesan) las tendencias sexuales de los escritores laureados.

            Llegados a este punto, vale preguntarnos si el anhelado reconocimiento es machista. Desde las lógicas de las cifras y los porcentajes, sí; pero creo que el Premio Nobel no se concede a un género, ni a una raza o una religión, mucho menos a un continente o a una tendencia sexual. No. Si así fuera, el Nobel no sería un premio que resalta las cualidades estéticas de una obra literaria, sino un galardón que satisface las vanidades de unos cuantos grupúsculos, de esos que solo se sienten representados si algún miembro de su colectividad recibe un premio. Para estas asociaciones, poco importa que las obras de Faulkner, Hemingway, García Márquez, Camus y Thomas Mann hayan recibido el tan preciado reconocimiento. Lo realmente preocupante es que sean pocas las mujeres, los afros y los homosexuales galardonados. Pero, ¿son estos atributos suficientes para recibir un premio como el Nobel?

No son atributos suficientes, pero las obras de las mujeres galardonadas no han sido lo suficientemente leídas

Es verdad, pero las de los hombres tampoco. Dudo mucho de alguien que conozca el nombre de todos y cada uno de los premiados; y dudo aún más de quien afirme que ha leído al menos un libro de cada escritor laureado. De la extensa lista de ganadores, tal vez los más famosos son los siguientes (y perdonarán ustedes la extensión): Kipling, W. B. Yeats, Shaw, Mann, Hesse, T. S. Eliot, Faulkner, Russell, Hemingway, Camus, Steinbeck, Sartre, Kawabata, Beckett, Neruda, Canetti, García Márquez, Golding, Paz, Szymborska, Saramago, Grass, Coetzee, Vargas Llosa y Alice Munro. Veinticinco escritores. Veintitrés hombres y dos mujeres. Pido ahora al lector que, con la mano en el corazón, responda sinceramente a cuántos de ellos ha leído. Tal vez nos sorprenda reconocer que ni siquiera hemos hojeado algún libro de García Márquez.

            Repito: las obras de las mujeres galardonadas no han sido lo suficientemente leídas, pero las de los hombres tampoco. No conozco a nadie que haya leído a los noventa y ocho hombres laureados con el Nobel, ni siquiera a los veinte o treinta más célebres. Pero tampoco existe la obligación de hacerlo. ¿No tenemos acaso la libertad de leer lo que queremos?

¿El Nobel de Literatura premia el machismo al otorgarle dicho galardón a un hombre?

De ser cierto, valdría la pena preguntarnos qué premia la Academia sueca al concederle el premio a una mujer.

¿La igualdad?  

Se alega, con mucha razón, que grandes escritoras del siglo XX debieron recibir ese premio y nunca fueron mencionadas. Esto es verdad. Basta mencionar a Anna Ajmátova, Marina Tsvietáieva, Virginia Woolf, Marguerite Yourcenar y Flannery O’Connor, más todas aquellas que desconozco y que ustedes tienen en mente. Sin embargo, dicho argumento vale también para el caso de los hombres. No sobra recordar que la Academia pasó por alto a Tolstói, Twain, Proust, Kafka, Joyce, Céline y Borges. La injusticia, por tanto, es para ambos géneros.

Pero el feminismo insiste en que hay pocas mujeres premiadas con el Nobel. Como si uno pudiera imponerle cuotas de género a la Academia. Y aun cuando los números apoyan este argumento, me gustaría saber si, quienes defienden esta idea, han leído a las catorce mujeres que se han alzado con el premio. ¿Sabemos sus nombres, o el título de los libros que escribieron? Si no lo sabemos, ¿para qué les pedimos a los demás que lo sepan?

Al principio señalé que hay ciento doce escritores premiados por la Academia sueca. En aras de la igualdad, cincuenta seis deberían ser hombres y cincuenta y seis mujeres. Ellas están, por tanto, en un déficit de cuarenta y dos ganadoras. ¿Me podrían nombrar ustedes, queridos lectores, a cuarenta y dos mujeres que merecieran el reconocimiento y hayan sido ignoradas por la Academia sueca?

Por otra parte, vale la pena preguntarnos si William Faulkner, Albert Camus, Ernest Hemingway, Jean Paul Sartre y Gabriel García Márquez recibieron el Nobel solo por ser hombres, o porque, ante todo, la Academia privilegia el machismo. ¿Decir esto no es ser injusto con obras maestras como Mientras agonizo, El extranjero, El viejo y el mar, La náusea y Cien años de soledad? ¿No trabajaron sus escritores, con rigurosa disciplina, para legarnos un conjunto de obras que ahora hacen parte de la cultura universal?

¿Qué hacer? ¿Leer a autoras mujeres para equilibrar la balanza? ¿Acabaremos así con el machismo? Lo dudo. Yo he leído a Brontë, de Valois, Matsubara, McCullers, O’Connor, Yourcenar y Pizarnik, y no creo que con ello haya contribuido en algo en favor de las mujeres. Y también he leído a Montaigne, Quevedo y Stevenson, y no por ello me he vuelto machista. Antes bien, la lectura me ha hecho mucho más sensible. Si nunca hubiese abierto un libro en mi vida, mi visión de la realidad sería más plana, más chata. Probablemente juzgaría como cierto que la violencia contra las mujeres es justificable. Sin embargo, la literatura me ha hecho consciente de que todo ello está mal, como también, me ha permitido percibir la injusticia y la grisura de la vida.  

Conclusiones

La imposición de algunas feministas, que quieren que haya más literatura femenina en la academia, parte de un criterio extra literario. En muchos de esos casos, más que un juicio estético, se parte de una posición política. Estas posiciones, vale recordar, son ajenas al mundo de la literatura. . 

Leer libros de mujeres, además, no hará que ellas tengan más representatividad y fuerza en el mundo de la cultura. La prueba está en que, aun con el abrumador número de hombres que copan tantos espacios, un ciudadano cualquiera no se siente “representado” por los noventa y ocho hombres galardonados por la Academia sueca, ni por todos aquellos autores que hacen parte del montón.

La literatura no se divide en Literatura de hombres y Literatura de mujeres. Los libros, cuando son obras maestras, nos pertenecen a todos.

Por último, si el día de mañana una ensayista iraní, una poeta etíope o una novelista uzbeca gana el Nobel de Literatura, y nosotros, los hombres, no la hemos leído, recuerden que en esta vida hay tantos libros que resulta imposible leer al menos el 1% de ellos. Y si nos acusan de invisibilizar el trabajo de las mujeres por no conocer a la hipotética ganadora, pregúntense en primer lugar si ustedes ya las leyeron.