El patriotismo y la pasividad de los franceses frente a los invasores

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“Bola de sebo” es un relato de Guy de Maupassant, en el que se cuenta el viaje en carruaje desde Ruán hasta el puerto de Dieppe de dos monjas y cuatro parejas, entre las cuales hay una mujer de contextura gruesa. Este relato se sitúa durante la ocupación prusiana en Francia, en el marco de la guerra franco-prusiana.

Mediante un análisis del contexto de la narración, y más precisamente a una fecha dada en un apartado del texto “14 de septiembre”, se podría ubicar entre el 21 de diciembre de 1870, (fecha aproximada en la que comienza el invierno en Francia), y el 25 de enero de 1871, día en el cual Francia se rinde definitivamente ante el ejército prusiano, todo esto teniendo en cuenta que los personajes muchas veces dan a entender de que el ejército francés sigue luchando.

El cuento inicia con detalles sobre la guerra en curso, la derrota, el repliegue francés y el posterior avance de la armada prusiana a Ruán. Después, continúa con el trayecto hasta Tôtes de las monjas y las cuatro parejas. La narración muestra la hipocresía de los burgueses franceses de la época, los cuales, en un principio, la desprecian; pero, debido a que el viaje se alargó más de lo debido, y ellos no llevaban nada para comer, fingieron aceptarla solo para tomar su comida.

Posteriormente, Bola de sebo es usada como pase de salida cuando un oficial prusiano los detiene en el camino y exige pasar una noche con la prostituta, a cambio de dejarlos marchar, razón por la cual fue coaccionada por los burgueses para que se acostara con el prusiano. Luego, una vez se aprovecharon de la prostituta y pudieron reanudar su viaje, los burgueses volvieron a la antigua actitud de rechazo y desprecio hacia Bola de sebo, valiéndose del argumento de haberse acostado con un enemigo, sin tener en cuenta que ella lo hizo para salvarlos, por lo que el personaje solo puede llorar de la impotencia.

Este cuento muestra, a grandes rasgos, la pasividad y la falta de patriotismo de muchos franceses frente al enemigo invasor, siendo curioso que una prostituta, la cual se supone es uno de los eslabones más despreciables de la sociedad, tenga más patriotismo y amor por su país que los que poseen riqueza y poder dentro del mismo. Esos burgueses, que de puertas hacia dentro eran amables con los prusianos, pero de puertas hacia afuera los despreciaban y condenaban, demuestran que solo respondían a su cobardía, ya que se cuestionaban ¿para qué ponerse en contra de alguien de quien se depende por completo? Después, hacen alarde su falso patriotismo al rendir homenaje al valor ajeno mientras huían con sus riquezas a cuestas. A su vez, el papel de las monjas funge como ejemplo de la Iglesia, que solo aparece para coaccionar y luego condenar, pero nunca falta para la hora de la comida y la repartición de los bienes. Este es un punto importante del cuento, mostrar la inutilidad de la Iglesia y, cómo esta, solo está como una institución que representa el servilismo y la cobardía, ya que mientras unos están en pie de lucha para proteger el país, ellos agachan la cabeza, solamente prestos para recoger las sobras. A su vez, una parte curiosa del relato es cuando los poco resueltos burgueses felicitan a Bola de sebo por hacer lo que ellos no tuvieron el valor para llevar a cabo, jactándose nuevamente del valor ajeno cuando la prostituta relata su odio al invasor y cómo, a su manera, luchó contra estos a pesar de sus limitaciones. 

Otro ejemplo del patriotismo de la prostituta y la pasividad casi rastrera de los burgueses es cuando llegan a Tôtes y el oficial prusiano los invita a bajar del carruaje. Esta parte muestra la actitud desafiante de Bola de sebo, actitud que es secundada por su pareja, Cornudet, el cual, oportunamente, también representa una casta despreciable para los burgueses, ya que es un nuevo rico y sus derroches de dinero dan escalofríos a los siempre dignos acaparadores burgueses. Ambos, Bola de sebo y Cornudet, tienen una actitud digna ante el enemigo invasor, siendo ella la más desafiante y resuelta, y es quizás por este motivo que el oficial prusiano, al enterarse de este abierto desafío, decide conseguir los favores sexuales de la mujer, ya que el vencedor desea quedarse con todo lo que le pertenece al vencido, incluso su orgullo.

A continuación, hay otra frase que demuestra la pasividad del vencido, cuando el conde Hubert de Bréville le dice a Bola de sebo “nunca hay que resistirse a quien es más fuerte que uno” (Maupassant, 2010, p.36). Cuando la chica se niega a reunirse por primera vez con el oficial prusiano, lo que demuestra su actitud de sumisión, miedo y afán de protegerse a sí mismo para mantener su estilo de vida, sin importarle sacrificar lo que sea. La presión del oficial sigue durante algunos días, hasta que los compañeros de Bola de sebo se dan cuenta del motivo de la reticencia del prusiano a dejarlos marchar, al conocer la razón inmediatamente se indignan y estallan en un torrente de reproches, los cuales se convirtieron rápidamente en un simple recuerdo, ya que una vez se vieron amenazados directamente, prefirieron sacrificar a su compañera a sufrir una retaliación directa sobre ello. Por este motivo, idearon un plan para convencer a Bola de sebo de aceptar las pretensiones de su captor, a espaldas Cornudet, el único que tenía un poco de honor entre ellos. Mediante la adulación coaccionaron a la mujer, no sin ayuda de las monjas. Esto se ve durante la conversación de la condesa con las religiosas.

—¿Así que, hermana, ¿cree usted que Dios acepta todos los caminos y perdona cualquier acción, cuando el motivo es puro?

—¿Quién podría dudarlo, señora? Una acción reprobable en sí se vuelve a menudo meritoria por el pensamiento que la inspira.

Y continuaron así, poniendo en claro la voluntad de Dios, previendo sus decisiones, haciéndole interesarse en cosas que, a decir verdad, no le atañían en absoluto.

Todos estos discursos eran algo encubierto, hábil, discreto. Y, sin embargo, cada palabra de la santa mujer con toca hacía mella en la resistencia indignada de la cortesana. (Maupassant, 2010, p.52)

Las religiosas hicieron uso de su mayor baza para terminar la resistencia heroica de Bola de sebo, haciendo uso de diferentes historias convencieron a la muchacha, diciéndole que, aunque lo que iba a hacer era un pecado, era por un bien mayor e iba a ser perdonado.

Finalmente, Bola de sebo accede a las pretensiones del soldado, pero solo con el fin de salvar a sus compañeros, ya que se sentía culpable de que sufrieran por causa de ella, por lo que prefirió ceder y acostarse con el prusiano. Una vez se consuma el hecho, los burgueses celebraron con gran alegría, siendo Cornudet el único que estaba en desacuerdo por lo que estaba sucediendo, ya que él compartía con la muchacha el odio hacia el invasor y consideraba fuera de lugar que la mujer se acostara con el oficial, aunque lo hiciera para salvarlo a él mismo. Después, los viajeros logran reanudar su viaje, y es en este momento donde aflora la hipocresía de los burgueses, que decidieron ignorar a la mujer e inclusive, empezar a reprochar su actuación, siendo ellos los que incitaron el acto para salvar su propio pellejo por encima de sus ideales, la cual solo podía llorar de la impotencia.

Para finalizar, hay que entender el matiz patriótico de este cuento. El tema expuesto durante toda la narración es el patriotismo, el cual palidece ante la hipocresía de unos cuantos que prefieren sacrificar cualquier cosa, inclusive a la propia patria, para buscar su propio beneficio; y son estos, los más cobardes, los que indudablemente terminan ostentando posiciones de poder en el Estado. Es curioso que las lecciones de patriotismo sean dadas por dos personajes que representan lo que los burgueses odian por naturaleza, siendo una prostituta la que da ejemplo de nacionalismo y resistencia, y Cornudet, el cual es un nuevo rico y a sus ojos no es alguien digno, y para sumarle más a la vergüenza de estos burgueses, ambos representaban sus ideales políticos, la mujer representaba el bonapartismo, y Cornudet el ideal republicano, en cambio los burgueses no representaban nada, eran simplemente la escoria del país que solo piensa en enriquecerse sin importarle que le suceda a su patria.

Los que se supone son los puros, los santos y los justos, son los que terminan siendo las prostitutas de sus invasores. Por tal motivo, cuando Cornudet silba y canta La Marseillaise, el himno francés, los traidores a los principios de la nación se irritaban por la propia culpa que sentían, ya que sabían que traicionaban de principio a fin todos los valores que defiende este himno.

Referencias

Maupassant, G. (2010). “Bola de sebo”. En: Cuentos esenciales. Barcelona: De Bolsillo.