Colombia para los mismos

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En Colombia nos han gobernado por más de 60 años las mismas élites, sin escrúpulos, aferradas al poder. Por medio del voto, cedimos nuestra toma de decisiones a unos pocos, elegidos representantes de nuestros ideales, y hemos firmado con sangre aquel contrato social, el pecado original de todo ciudadano.

1. El Frente Nacional y la estructura bipartidista.

     Comienzo presentando una lección histórica. El general Gustavo Rojas Pinilla se tomó el poder a la fuerza en 1953, por lo que se forma una Junta Militar, en contingencia del general. Esta junta determinó que para terminar con la época de la violencia en Colombia y reconstruir la democracia que Rojas había mancillado, debían tomarse el poder y crear estructuras que legitimaran su postura política. Desde el Frente Nacional (1957) se modificó la constitución para legalizar el acuerdo bipartidista. Acto seguido, fue realizado un plebiscito (el evento político con mayor participación ciudadana de la historia de Colombia) que arrojó un porcentaje del 94,8% de favorabilidad respecto a las medidas.

     Según registros recuperados de la cámara de representantes, algunos de los acuerdos frente a la elección de cargos públicos fueron realizados a la ligera, e influenciados por empresarios e industriales. También se acuerda que los alcaldes y gobernadores serían nombrados por el presidente, sin elección popular. Así mismo, se acordaron modificaciones a las potestades del presidente en caso de ser conservador o liberal. Esta acomodación entre bandos opuestos tuvo una tendencia clave, responsable de su aparente unión: las concesiones y las garantías mutuas. Una dinámica negociadora como esta hizo que los acuerdos se volvieran cada vez más rígidos sobre quién podía llegar al poder. No se permitía la inclusión de ideas sino a beneficio de los dos partidos y sin entrometimiento en el ‘‘buen’’ quehacer político.

     De la mano del Frente Nacional, los López, los Lleras, los Ospina y los Santos se establecían como las familias de los cargos políticos en el país. Ya desde dos siglos atrás, estos apellidos aparecían junto al nombre de un presidente. Durante el periodo del Frente Nacional, dos de sus cuatro presidentes tenían el apellido Lleras (Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo). En el año 1974 es derrotado el ‘‘tercer partido’’, la ANAPO (Alianza Nacional Popular), fuerza que representaba las ya perdidas esperanzas de un pueblo cuya situación, si bien se estabilizó, no mejoró. En respuesta a ello, se crearon el M-19 y el Ejército Popular de Liberación (EPL), entre otros. En ese mismo año se disuelve el Frente, pero sus estrategias y estructuras permanecerían.

2. Paramilitarismo y homogenización política.

     El proceso anterior podría sintetizarse en dos palabras: homogenización política. La violencia y la imposición de perspectivas políticas, herramientas de la homogenización, marcaron la pauta a partir de la expansión Paramilitar en el país entre el año 1997 y el 2005. No hubo solo un grupo Paramilitar en el país. Según la Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos, para los años 90 existían más de 100 de estos grupos esparcidos por Colombia. Esto tiene como primer antecedente el gobierno de Guillermo León Valencia (abuelo de Paloma Valencia, actual senadora), donde se hizo legal la creación de estructuras paramilitares para defender a los ganaderos y los empresarios. En el gobierno de Andrés Pastrana, se organizan ‘‘Paras’’ con el fin de hacerle frente a las guerrillas, que comenzaron a secuestrar colombianos con fines lucrativos. Cuando en Colombia se pudo escoger alcaldes y gobernadores, las élites políticas contrataron estos mercenarios para eliminar a la oposición. Ejemplo de esto es la masacre de la Unión Patriótica en Aracatazzo, Antioquia. (1995) bajo la excusa de que eran colaboradores de las FARC. Estos hechos fueron confirmados en el año 2014 por la Fiscalía. Desplazamientos, empalamientos, desmembramientos, violaciones, masacres… Se constata en noticias que el negocio más próspero de Barrancabermeja en 1998 era vender motosierras y hacer ataúdes.

     En 1997, Carlos Castaño (un miembro del cartel de Medellín) crea las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Las AUC se convirtieron en los asesinos a sueldo de las fuerzas políticas del estado, desapareciendo líderes, campesinos e indígenas, desplazando a más de ocho millones de personas, quemando poblaciones enteras. Nadie podía protestar, nadie podía tener una propuesta política distinta, nadie podía pensar diferente. Homogenización política. Los Paramilitares controlaban el voto, disponían de cientos de personas que, bajo amenaza de muerte, votaban por el que les dijeran. Esto genera el fenómeno de la Parapolítica, una estrategia de apoyo a las élites para proveerles de votos suficientes para alcanzar los cargos públicos deseados y recibir en su lugar beneficios de acumulación de tierras y presunta legalidad (CONVIVIR). Cínicamente, en el gobierno de Andrés Pastrana (2001), se firma el Pacto de Ralito, un documento con las firmas de 60 congresistas, diputados, gobernadores y alcaldes. De igual forma, en el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se realizaron 26 masacres paramilitares bajo la sombra de los acuerdos parapolíticos.

3. Los delfines y la sucesión de poder.  

     Una vez eliminada la oposición, una vez obtenidos los cargos públicos y las licencias, las élites intentan sacudirse de sus pactos con el paramilitarismo. Para esto idean un tratado de desmovilización. Los paramilitares organizan entonces las BACRIM. Y con testimonios consiguen poner en prisión a algunos parlamentarios corruptos. Pero, aún tras las rejas, estos corruptos no perdieron su influencia política y buscaron la forma de perpetuarse en el poder. Un heredero político, sin importar si es de sangre o no, es denominado coloquialmente como ‘Delfín’. Esta sucesión hereditaria de intereses políticos se ejemplifica en el caso de la familia García Romero. Esta familia logró permanecer de forma ininterrumpida en el poder del departamento de Bolívar desde los años 80. Álvaro García está condenado a 40 años de prisión por dar órdenes directas a las AUC para masacrar campesinos del corregimiento de Macayepo. Juan José García tiene muerte política por corrupción en su periodo como gobernador de Bolívar. Por su poder e influencia, hace elegir a su esposa Piedad Zuccardi (quien está en funciones desde 1998). Piedad Zuccardi está siendo investigada por parapolítica desde 2013. Y hoy, Andrés Felipe García Zuccardi está ocupando una curul en el senado sin importar que su madre, su padre y su tío se relacionen con la parapolítica.  Ese mismo ejemplo se ve en Santander, con la familia Aguilar. Hugo Aguilar llegó a la gobernación de Santander en 2003 con ayuda del Bloque Central Bolívar, y luego de ser inhabilitado y apresado por corrupción en las empresas de chance y licoreras, logró que su hijo, Richard Aguilar, llegara la gobernación y luego al senado.

     ¿Cuál es la esperanza de la nación? Como diría una de las víctimas de las AUC: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo. ¡Nadie!’’ Depende de las nuevas generaciones denunciar, supervisar y aportar a la política. Tal vez así podamos hablar de una paz verdadera y de una justicia para todos. Tal vez así podamos hablar finalmente de DEMOCRACIA.

Bibliografía

Jaimes, R. (2010) Masacres perpetradas por grupos paramilitares que operaron en Santander durante 1990-2005.      Tomado de: http://tangara.uis.edu.co/biblioweb/tesis/2010/133540.pdf

García, J. (2008) Injuria, todo es muy confuso. Tomado de: http://www.interconexióncolombia.com/documentos/ genealogía/que%20esta%20pasando%20en%20colombia/Los%20Santos%20y%20los%20Lopez%20nos%20gobiernan%20desde%201930.pdf