Autogol, poema de Diego Higuera

Imagen tomada de Pixabay

Autogol

País sin memoria,

Condenado a ser una mentira perpetua.

Hoy tus calles se vacían de ruido;

No queda un alma en pena

Ofreciendo su última ganga,

Pues la patria boba llama a la distancia.

Hoy nos convoca, otra vez,

La pasión de los otros,

El furor de los brutos,

El desahogo de las inmensas multitudes desheredadas.

El circo abre sus puertas,

Y Colombia entera se vuelca sobre un campo de batalla.

Todos serán un grito,

Un mismo frenesí,

Aunque de facto no participen de este triunfo.

Henos aquí, reducidos al goce ajeno:

La victoria de unos se toma por propia.

País demente, cuya locura padecemos todos.

Recorro tus calles fantasmas,

Más desiertas que la misma Comala,

Absorto en este misterio moderno,

Romo y chato como todos sus frutos,

Aturdido de semejante pirotecnia sentimental;

Una fiebre amarilla,

Institucionalizada a fuerza de humillaciones y olvidos.

Los caídos se redimen sin redención,

Palpitan una jugada mágica,

Truco de prestidigitación sutil y enfermizo,

Un gol que calme tanta sed de triunfo,

Uno que suspenda tanta miseria mal disimulada.

País postrado, tus victorias no te pertenecen,

A diferencia de tus perennes derrotas.

Vivir otras vidas, las de un deportista,

Mientras ésta se desgaja lenta,

Como lluvia sobre el desierto,

Como gritos sobre la nada.

País incomprendido,

ciego de sí mismo y de los demás,

te buscas en una cancha, hechizado,

convencido de tus convicciones prestadas,

anulado en tu incapacidad de ser algo más

que sueño truncado.

Hoy otra vez, cómo no,

Se juega tu felicidad,

la dicha de ser un tonto más al otro lado del banquete.

País descalzo y en harapos,

Siento como tú el rapto fugaz del griterío colectivo,

El coliseo romano vibra con los vítores del pueblo,

Tras las manidas hazañas de los nuevos gladiadores.

Y todos nos abandonamos a la histeria secular.

¿Qué te hace especial?

Los goles aquí se sienten más,

Porque se cantan con hambre,

porque con ellos se ahuyenta el dolor diario.

Te comprendo pobre país mío,

Deseas conjurar la fortuna,

Construir un mundo mejor,

Más sencillo y asible,

Fabricando sueños mercantiles,

Fingiendo que si otros ganan, tú también.

Siento pena por ti,

Por tus aspiraciones programáticas,

Por tus sueños de papel…

Ojalá que gane la selección, que gane el fútbol,

Que ganes tú, aunque no sea así;

Brindo por tu inmensa fe de feria,

Bebe, bebe mucho y grita más,

Sigue sufriendo por un resultado,

Pide a Dios que ayude al fútbol,

Ya que se olvidó del país,

Y ahoga tus penas en licor báquico,

Pues mañana, con reseca,

Volverán los días grises de siempre.

País indolente, prisionero de sí mismo,

Condenado a la nada.

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