Apoyo total y crítica a Andrea Guerrero

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Por: Farouk Caballero/@faroukcaballero

Nada, absolutamente nada, justifica una amenaza de muerte como las que ha recibido Andrea Guerrero por no estar de acuerdo con la convocatoria de Pablo Armero a la Selección Colombia.

Colombia es un país violento. Ejercer el periodismo se ha vuelto una profesión de altísimo riesgo. En la era de las redes sociales, el insulto y la amenaza hacen parte del día a día de la labor periodística, incluso en el periodismo deportivo. Una víctima más de este matoneo inmisericorde es Andrea Guerrero, quien presta sus servicios profesionales para Win Sports y Noticias RCN.

De Andrea Guerrero debo decir que la recuerdo como una buena presentadora de noticias. Registraba bien, leía con fluidez y seguridad el teleprompter; no titubeaba; su postura era ideal; su tono preciso; y su cabello y su maquillaje, inmaculados. Luego, como reportera de cancha, me resultó insufrible. Se inventó un reconocimiento a la segunda figura de la cancha y lo denominó “súper chévere”. Su estilo no me gustó, por lo que cada vez que me disponía a ver un partido en el que ella hiciera las veces de reportera, le bajaba todo el volumen al televisor y le subía al radio.

De su nueva etapa como analista deportiva, luego de estudiar y prepararse en Argentina, solo señalo que, de diez comentarios que le he escuchado sobre fútbol, he estado en desacuerdo con once. Sin embargo, ella tiene todo el derecho de expresar su opinión en los medios que disponga. Nada, absolutamente nada, justifica una amenaza de muerte como las que ha recibido por no estar de acuerdo con la convocatoria de Pablo Armero a la Selección Colombia. A través de su cuenta en Twitter, Andrea Guerrero hizo públicas las amenazas que recibió y, de inmediato, el apoyo de muchos pesos pesados del periodismo colombiano se hizo sentir. No era para menos. Lo aberrante de la situación motivó la solidaridad del gremio informativo, que respaldó a la comunicadora ante amenazas como esta:      

Tal salvajismo literal merece el castigo de las autoridades. Ojalá que se haga algún seguimiento, una posterior individualización y, al menos, alguna condena, porque no hay excusa para intimidar de esta forma a una profesional que trabaja y vive de la opinión. Espero que esta parte quede absolutamente clara; no obstante, y a riesgo de caer en reiteraciones, vuelvo a señalar que nada justifica el vendaval de amenazas que recibió Andrea Guerrero.

Ni tan súper chévere

Ahora bien, lo que la periodista olvidó por completo es algo muy elemental: su opinión no es la del resto del país. Ella dijo: “Me parece una falta de respeto que Pablo Armero sea parte de la Selección en este momento […] creo que un futbolista tiene que ser íntegro, Terry lo pagó, Terry tuvo consecuencias en Inglaterra […] Yo como mujer les quiero decir que me siento agredida por su convocatoria, que puede ser el mismísimo perico de los palotes, la estrella, no comparto que mi Selección, la que tiene mis ídolos, tenga un hombre que maltrató a su mujer”. Refresquemos un poco la memoria con este vídeo que recoge el inicio del debate https://www.youtube.com/watch?v=bNkVNMEO-tM.

Yo entiendo su indignación, pero no estoy de acuerdo con su postura. Claramente Armero se equivocó de forma aberrante. Cometió un delito, pagó por él con el escarnio público, con cárcel y con dólares para salir bajo fianza. A la par, su carrera se ha venido a pique de forma vertiginosa y, posiblemente, esto pueda estar ligado a sus escándalos por el consumo de alcohol. Pero ¿por qué castigarlo para toda la vida por un delito que ya purgó? ¿Por qué expulsarlo de la Selección Colombia después de que ya cumplió con su pena? ¿Es la Selección Colombia una escuela de valores sociales, familiares y personales? Además, este es el momento en el que vuelvo a ver el vídeo y no puedo creer que Andrea Guerrero hubiese comparado a John Terry con Pablo Armero. Es un ejemplo bastante problemático si pensamos en lo que significa, en términos generales, el jugador colombiano con relación al jugador inglés, sobre todo en lo referente a su condición social, su formación, su educación, su entorno familiar y el nivel de violencia de Tumaco, comparado con Londres.           

            Pero qué más daba. Era una opinión y nada más. Eso pensé hasta que vi el programa La Noche, de RCN, donde el tema central fue la polémica desatada por las declaraciones de Andrea Guerrero. Ahí sí pude apreciar que Andrea Guerrero no expresó una opinión personal, sino que por obra y gracia de su ego se autonombró representante de la opinión nacional. Nos señaló como un país machista ––que lo somos––, pero su argumento para tildarnos de machistas es que sus compañeros no apoyaron su opinión. Pero, ¿acaso deben apoyar lo que diga porque sí? Ella lo expresó de la siguiente manera: “Le dije a mis compañeros y les dije: ‘No he sentido solidaridad de parte de ustedes, me siento en un país machista. No he sentido que ninguno haya levantado la voz a decir: tiene razón’”. Su enorme ego le impidió pensar por un segundo que existe la ínfima posibilidad de que no tenga razón.

            En el mismo programa, la periodista, amenazada de forma imperdonable, siguió con sus autonombramientos nacionales. Dijo sobre Pablo Armero que “por lo menos está en deuda para darnos una disculpa a las mujeres y al país”. Esta frase es demasiado pretenciosa. La esposa y las mujeres de la familia de Pablo Armero ya lo perdonaron. Entonces, ¿el perdón que pidió a la víctima no es suficiente? ¿Si la agredida fue ella por qué Armero debe pedir perdón al país? ¿Cometió una masacre de índole nacional? ¿Robó el dinero del pueblo? ¿Por qué Andrea Guerrero está por encima de la justicia norteamericana y por encima de la voluntad de la esposa de Armero?

            Lo inverosímil de la situación no terminó ahí. Andrea Guerrero afirmó que ella defendía los principios, pero no así el perdón. La sustentación de esta postura fue la siguiente perla: “En un momento tan importante del país, como supuestamente le estamos apostando al perdón y a la reparación, pues el perdón sí es necesario para poder seguir”. No le entendí nada. Dice que es necesario el perdón, pero no perdona. Al terminar de escucharla comprobé que su postura no me representa, que no estoy de acuerdo con ninguna de sus opiniones, que su retórica reforzada es incoherente con sus opiniones y que, gracias al cielo, es directora de deportes y no de una cárcel colombiana. De lo contrario, todo aquel que cometa un delito, sin importar la gravedad, estará condenado a cadena perpetua. Su única esperanza de libertad llegará cuando ella lo diga, no cuando lo digan los jueces.