Alguien

Imagen tomada de Pixabay

Para A.M.A.R

 

Saber que hay alguien lo cambia todo;

Que alguien piensa en ti, que te espera,

Que por algún motivo inexplicable desea verte,

¡Cómo no va a cambiarlo todo!

Si es para volverse loco de remate…

Si pensáramos detenidamente, minuciosamente,

Si masticáramos lentamente ese extraño pensamiento,

Se comprendería acaso que la sola eventualidad resulta inconcebible.

¡Un milagro! ¡Un jodido milagro! ¡Un puto milagro!

Bien se dice que la rutina acaba con los prodigios,

Que sentir las horas pasándote por encima,

Atravesándote sin más, haciéndote y deshaciéndote a su antojo,

Nos ciega poco a poco al más allá de las cosas…

Nos gritan por todas partes que no hay más, solo esto.

¡Esto! ¡Vaya blasfemia! Anatema contra los visionarios,

Reducidos al papel de charlatán, loco o necio.

Somos hijos juiciosos del tiempo, según Carlyle;

Todo se reduce al tiempo, al ahora eterno, monótono y cansino,

O quizá al pasado bastardo, esculpido por manos sucias,

Enfangadas de ilusiones casquivanas, busconas, apuercadas…

O preferible ese otro pozo de aguas turbias: el porvenir.

¡Más ahora endomingado para el burgués!

Más presente, con ropas remendadas,

Más limpio a la vista del incauto que mira sin mirar,

Fingiendo ver algo donde no hay nada.

¡El tiempo! Un homicida pertinaz…

Cruel, sádico, ¡puto!...ama su rol de verdugo.

Saturno condenado que degusta a sus hijos crudos,

Los tritura entre sus dientes podridos,

Los reduce a una masita de porquería,

Los deglute con asco, porque no saben a nada.

A los más los digiere lentamente, el muy mierda.

Y unos pocos gozan con la bendición del cachiporrazo:

Ni siquiera saben que se los devoran vivos.

Sólo se mueren, como todos, pero sin saber que se mueren.

Sí…saber que hay alguien no puede no significar nada;

Uno siente que es más espeso.

De pronto, el fantasma toma algo de consistencia.

¡Le hemos escamoteado un pedacito a la nada!

El vacío no parece tan vasto…

La soledad, la austera soledad, la severa, la agria, la dura y ruda soledad,

Ya no parece tan fiera, tan indómita, tan imponente…

Se mitiga cuando hay alguien afuera, esperando por ti misteriosamente…

¡Dios, estamos tan solos! ¡Y nadie parece notarlo!

Doble tragedia, doble burla, doble miseria…

Solos, recontra solos, muy solos, solitos, ¡desamparados!

Basta con mirar alrededor: sólo súplicas;

Gestos que imploran misericordia, perdón de crímenes pasados y futuros,

Cuerpos que claman por calor, abrazos, espasmos…

Almas a flor de piel, gimoteando sus responsos:

Señor, haz conmigo lo que desees, pero no me abandones como al pobre Cristo.

No me condenes al infierno del proscrito, al exilio de Satán,

Al más bajo de los avernos: al círculo de la soledad.

Sólo fíjate: tanta vanidad para atraer moscas.

El nómade sale en busca de sí mismo con el rostro del otro.

Adán contrito, con el pecho abierto, exhibiendo su corazón cuarteado,

Llagado por las furias de la intemperancia, o del amor correspondido,

Negro de celos y decepción y exhausto de desear en vano.

Pero sigue buscando el pobrecillo. No quiere otro invierno en un rincón,

Rencoroso o falsamente orgulloso por bastarse él solo.

La sangre exige sangre, los fluidos más fluidos,

El sexo voraz salta como un lagarto ávido.

Revolotea en torno a la sierpe erguida,

Que hechiza su danza hinchada de gozo.

¡Todos buscamos con o sin quererlo!

Alguien busca a alguien, para sentirse alguien.

Para eso viajan leguas y mundos los viajeros;

¡Te buscan a ti! ¿Dónde encontrarte?

Siguen falsas huellas, se las inventan para seguir buscando…

Te desean para que no los desfonde la tristeza.

Melancolía de un fantasma que entreteje sueños para olvidarse de sí mismo.

¡Vaya delirio saber que hay alguien!

La lluvia cae lenta, casi se detiene, hasta que se suspende en el aire.

Miles y miles de agujas plateadas paran su descenso, ¿por qué?

Alguien siente la obra impensada, lo nota nítidamente…

La nada se junta con la nada para forjar algo…

Una gotita de rocío deslizándose inexorablemente en la boca del abismo.

Un instante nada más, pero… ¡Cómo vale la pena!

Mañana vendrá otra vez el olvido, la rutina,

La oficina, el trabajo, el trajín, esta absurda vida…

El ruido, el llanto, el sudor, el lamento, la dicha plana,

La broma, el chisme, el asco, el tedio, el suicidio…

La locura, el poema, los amigos que van y vienen…

Pero volverás otra vez a sentir el milagro,

Aunque te cueste creer que es tal.

La lluvia se parará de nuevo;

La profecía cumplida antes y después,

Truena con su grito rotundo:

Eres el sueño de Alguien, un penitente misterioso,

Un emisario del azar inescrutable,

Prisionero en este mundo, como tú,

Que a fuerza de soñarte, de desearte, de pensar en ti, ínfimo Caín,

Polvo envanecido, eterno derrotado, promesa jamás cumplida,

Hace que tu esencia evanescente, tu rondar esta tierra sin objeto,

Parezca la misión de otro Prometeo, la redención del humano camino,

Ya no el beso de Judas, para entregar al Hijo,

Sino los labios de Venus, en tus labios sedientos.

Alguien lo cambia todo…Nada vuelve a ser lo mismo.

Cuando suspira por ti, cuando te extraña, ¡cómo es posible!

Es un misterio que pocos notan,

Obsedidos en las multitudes, en el tiempo, en deseos y más deseos,

¡Cuántos jodidos deseos!

Y pese a todo, pese a ti mismo… Si hay alguien…. ¡Qué diferencia!

No más vueltas en círculos, ni marchas acangrejadas.

No más espesos nubarrones cubriéndote el cenit…

Volverás bajo la lluvia, pero no te sentirás una figura de arcilla;

Será como antes: el niño saltando entre charcos, dichoso por fruslerías.

Beberás el llanto de Dios, que no podrá contener sus lágrimas por ti;

El Gran viejo sentirá alivio de verte cantar,

Olvidará las afrentas pasadas, siempre vigentes,

No pensará en nuestros intentos deicidas, ni en su desliz creador.

Todo es tan distinto cuando hay alguien…

No más ortigas ni cardos rasgando las piernas cansadas.

El camino a casa se torna amable, otra vez.

El cubil ya no es un refugio, donde reculas a lamer tus heridas.

El odio y la frustración cejan sus embates;

Armisticio propicio para que la luz quiebre las foscas tinieblas.

Amanece en ti, un día más, un día menos…

Alguien obra el milagro… ¡Deseas volver a casa!

Atrás quedan las noches de La Noche;

El arrastrar los pies para no ir a ninguna parte.

No más lechos ajenos en busca de una caricia auténtica.

Las bacanales linfáticas acallan sus furores…

Tú mismo, sin pena, te exilias del jardín de las delicias;

Recuerdas haber venido a pasar el rato,

A distraerte, a aturdirte, a olvidarte… ¡Cuántas lunas se pusieron!

El instante es algo ambiguo: no sabes dónde empieza, ni dónde termina.

¡Por Dios! ¡Qué bueno es volver a casa!

Poco a poco, lentamente, alguien lo cambia todo.

Hace de ti un héroe trágico: ¡Sabes lo que se viene!

El Hado de los dioses, tu cabeza pendiendo de un hilo.

La muerte sigue ahí, haciéndote gestos,

Intenta seducirte enseñándote su sexotumba;

Vallejo ríe y llora tras la gran metáfora, y tú también.

Te obsesiona la gran ironía, un clavo ardiendo en las sienes:

¿Vivir? ¡Un absurdo más! ¿Morir? ¡Un absurdo menos!

El éxodo prosigue: la férula del spleen lacera tus omóplatos;

El vientre también cruje desde sus entrañas;

¡El canto negro del gallo anuncia la debacle!

Los ecos abisales inician su coro desternillante.

Las letanías aviesas irrumpen desde los sótanos enclaustrados.

Oyes la voz gutural y odiosa; te pone la carne de gallina.

Las rodillas sucumben al pavor: la sangre fluye aterida…

El Tedio sigue ahí… ¡No se ha ido! ¡No se marcha nunca!

Resquebraja la vista, la torna polvillo de arena;

Ligera, endeble, incolora, impalpable, inasible, vaporosa…

Al cabo, nada queda: esencias pobres de sueños desarticulados.

La vida se vacía…una copa sin vino, sin siquiera agua.

Un beso sin labios y sin saliva, una palabra sin eco, ni gruñidos,

Una mirada sin pupilas, sin esclerótica…

El sonido no se propaga en el vacío: ¡el gran vacío!

Soportas solo la marcha de las horas: lentas, soporíferas, elásticas.

Temes la retirada, horror por el campo yermo tras la insólita resistencia.

Conoces bien qué te espera al final de tu vigilia.

¿Cómo has soportado tanto contigo por único aliado?

Alienada la criatura, vive en caída perpetua.

Aprendes a subir para abajo, ¿hay otra forma de subir?

Caminas, pero no das nunca un paso… ¿hay otra manera de hacerlo?

Jornalero sonámbulo, aguardas la noche para espiar tu sombra;

Eres testigo de tus naufragios, el más triste de los ahogados.

Imploras el ave y el vuelo y un cielo abierto, franco,

Un deus ex maquina, tu propio Eurípides para cauterizar la pena.

Antes del fin, en las postrimerías del lirio, te surca la Idea…

Alguien está ahí para ti… tú también eres su alguien.

Es posible que nunca se vean las caras, nunca se rocen un brazo;

Es posible que vaya solo, como tú, al garete…

Es posible que sean ambos hijos disímiles del obstinado tiempo;

El caprichoso azar bien puede poner tierra de por medio…

¿Cuántas cosas son posibles? ¿Cuántas no se logran jamás?

Mas saber que hay alguien lo cambia todo:

Lejos, cerca, ahora, a deshora, a tiempo, aquí, allá, o más allá…

Alguien viene de afuera, en tu auxilio,

Ha oído tu llamado, ha enjugado tus lágrimas…ha sentido la soledad.

Es la promesa divina del postrado Arquitecto:

Nada dura para siempre, ni odios, ni amores, ni gozos, ni penas.

Y vendrá para ti una tarde, tal vez una noche, quizá a la mañana,

Llegará en una hora de lluvia, al clarear el sol, o al canto de las cigarras.

Se quedará un rato, mientras duermes;

Cantará para ti una vieja canción de amor.

Su voz líquida llenará el cántaro quebrado…

Juntos en el lecho, sus raíces mezcladas, ambos cadáveres esperarán su hora.

La hora de las justas, de las cuentas pendientes,

La clepsidra en sus límites, señalando lo inexorable.

Quizá la hiel del reproche gotee desde tu lengua:

Alguien también te abrió el vientre con un puñal,

La rosa ha clavado su áspid en la mano hasta sangrarla.

Alguien duele en los riñones, en el pecho expectorado, en la frente sucia,

¿Hay otra manera de cambiarlo todo?

Alguien es sólo eso: ¡Alguien! El calor de una mano entre los dedos…

Una exhalación descansando en el regazo, apoyada en ti para no caerse.

Un enigma sin esfinge, sin preguntas, sin condiciones.

Una sombra desastrada, en harapos, mendicante como tú,

Un peregrino extraviado, ciego, que palpa a tientas su mendrugo;

Alguien también busca la salida del Laberinto, de sus vericuetos asfixiantes,

Alguien es el beso en la boca cuando tienes sed de boca,

Es la respuesta a tus plegarias elevadas a un cielo sordo, sin dueño.

Alguien no es la respuesta a la Gran pregunta, ni una alternativa,

Es el principio de un sinsentido más cómodo,

Es la posibilidad del esclavo, la reivindicación de la libertad virtual:

El albedrío de ser a mi manera un venturoso, un dios juguetón,

O el arbitrio de elegir mi propio infierno, uno a mi medida.

Alguien está ahí para ti, no preguntes por qué,

Dale tu enhorabuena, agradece el misterio… ¡Y goza hasta el final!

 

Un mundo mejor

Un mundo mejor

No es suficiente para todos

Será por eso que se levantan muros de odio

Fronteras austeras e infranqueables

Margen entre dolores e indolencias

El mejor de los mundos posibles

Se agota se agosta desaparece

Agoniza lentamente

Se va por el desagüe

¿y la gente? ¿qué pasa con la gente?

Los ojos callan y las bocas miran

En silencio esperan la hora definitiva

Las campanas a lo lejos

Anuncian el alba de los muertos

El ocaso de los días

Entretanto la vida sigue

Prosigue su marcha cansina

Se arrastra en el lodo

El mundo al garete

Sin mitos sin fábulas sin historias

Tan sólo las manos desnudas

Desolladas por tanto trabajo

Silbando una canción triste

A luz de la luna

Ocultos en cuartos oscuros

Atentos al llamado del viento

O frente a un espejo

En cuyo reflejo asoma el peor enemigo

Sigue el espectáculo

Sigue el crepúsculo

Los estadistas tremolan sus raquíticas victorias

Cifras que ahogan los gritos de millones

Mas el hambre no sabe de números

Ni la guerra de armisticios

Los héroes de faltriquera

Prosiguen sus afrentas

Sueñan sus utopías sin brillo

Ajenos a la naturaleza cascada

Postrada humillada saqueada

Un mundo mejor ha parido un mundo peor

Uno para todos apenas logró uno para pocos

El sueño se hizo  pesadilla

La diáspora dolorosa

La raza del hombre vaga por la tierra desierta

Caravanas enteras desfilan por la tierra baldía

Y de cerca el gallinazo vigila sus pasos

Allá van los hijos del hombre

Así van los hijos de Adán

Pobrecillos los vástagos de Eva

Sin tierra prometida sin hogar

Cristo los acompaña

Camina entre ellos como uno más

Él contrariado aguarda solidaridad ajena

Un mundo mejor claman los desheredados

La promesa sigue en pie

Y tras ella corren los pueblos desesperados

Con sus ansias locas de oasis en el desierto

De vientos en las noches de estío

De ángeles eternos y felices

Cuyo despertar profético anuncia

El fin de este sueño horrendo

De los hombres y sus desvaríos

 

Itinerario del viajero

 

Buen viaje os deseo, amigos míos,

Que halléis lo que fuisteis a buscar

En tierras ignotas y seductoras y lejanas,

Del otro lado del mar, o adonde queráis.

Apresuraos, corred tras el sueño secular:

Abrazad a Europa, al Asia, al más allá.

Pies en polvorosa, como un pito,

A la velocidad del rayo,

Mientras el tiempo se desgrana lento,

Saciad la sed de aventuras, ¡idos ya!

Tal el marino, sin puerto fijo, sin pasado por lamentar.

Por familia: los vientos y la mar,

El cielo vespertino, la aureola boreal.

Islas desconocidas ocultas en la bruma,

Augurando la fama y la gloria,

Descubrís cual niño transido de éxtasis,

Orgulloso de sí mismo,

Borracho de sus proezas sutiles,

Escultor de nubes con ojos fatigados,

Corre de aquí para allá, sin apenas notarlo.

Conquistador de nuevas Indias,

Procurad Eldorado para ti, sólo para ti,

En tanto los otros siguen buscando

Un sé qué, no sé dónde, no sé cuándo.

Empezad vuestra odisea:

A Nueva Deli, a Nuevo Orleans,

A la China, al Japón, a Uzbequistán,

Al pozo de Darvaza, a los confines del Diablo,

A la tierra de Nerón, los desiertos de Cleopatra, al Indostán,

Que la tierra os quede chica,

Que no quede rincón por visitar…

No lo penséis dos veces: ¡alzad vuelo!

Ave migratoria, surcando los cielos,

Irás tan lejos como sea posible:

A las estepas rusas, al lejano Himalaya,

A la cordillera de los Andes, a la gélida Alaska.

Enloqueced la veleta de los puntos cardinales,

Que no haya norte sin recorrer,

Ni sur, ni este ni oeste que no podáis ver.

 

***

 

¿Y tras los mundos conocidos?

¡No arredréis, seguid adelante!

Aturdíos en paraísos artificiales;

Preparad, os digo, otro gran viaje:

A los orígenes del cosmos… ¡Adentro!

A las catacumbas del alma,

A los nichos del miedo;

Iros tras los pasos del fantasma,

Tras las huellas de lo incierto.

Allí, frente a frente, veréis vuestros espectros:

Ora felices y rebosantes, oasis del delirio,

Ora sangrantes y con pústulas, estigias del martirio.

Danzas frenéticas en vuestros mundos extáticos,

Imbricación de imágenes traslúcidas,

Fruto del túmismo soterrado,

De las entrañas volcánicas del león dormido,

Del gorrión muerto, cuyo piar nadie oye.

¡Estad atentos, felices viajeros!

Los elixires del Diablo lo han hecho:

Abrieron las puertas del sótano;

Soplan vientos tempestuosos en vosotros,

Y en medio de la floresta insana,

Yace el forastero-turista del opio,

Punto difuso de la nada,

Que en vano intenta ser algo.

Perdido entre vapores somnolientos y homicidas,

Frota sus ojos, consternado,

El cuerpo hecho una herida trémula,

Sus sentidos abiertos al pandemónium del deseo:

Bullen sus venas sedientas y briosas,

Sucumben al peso de sus fantasías;

Ante sí desfila la cohorte de sátrapas malditos,

Escoltados por sus dulces huríes,

Elásticas y flexibles a la caricia de una mirada húmeda;

Sus ojos, de pestañas postizas,

Llaman al intrépido, al amante priápico;

Para él sus senos en punta,

Sus muslos caniculares sobre el palio de Venus.

¡Cuán maravilloso viaje os espera, dichosos viajeros!

Visiones lánguidas de bohemia,

Entre cuerpos dúctiles y vaporosos...

Ligeras exhalaciones del no-yo.

La inconsciencia de la consciencia vuelta de revés…

Espectros vespertinos al alba, allá donde se pose la mirada;

Apariciones alboradas a la medianoche,

En el iris revuelto de vuestras pupilas dilatadas.

Estupores de sangre y crispaciones de nervios,

Retortijones en el vientre e hinchazón en la ingle,

Los síntomas del gran viaje os asaltan,

No dan respiro: braman por los poros…

Mas, tranquilizaos, no todo es vuelta y revuelta,

Ni sacudones, ni trompicones, ni meras alucinaciones…

A ratos viene el polo a tierra:

Los ojos se ven a sí mismos;

La réplica mira a otra réplica… ¡Es Alicia sin maravillas!

El rostro ante el espejo, contraído, contrariado,

Soportando la risa para no echarse a llorar,

Acaba reconociéndose tras la borrachera…

¡Ecce homo, ecce homo! Grita sin más.

El gran viaje toca a su fin… ¡Sí, éste también!

¿Y luego? ¿Qué viene luego?

Seguir peregrinando sin rumbo,

A la Meca del musulmán, o a los abismos del Hombre,

¡Qué más da! ¡Adonde sea!

Pero que el viajero no pare de viajar.

 

***

 

Marchaos, amigos, marchaos lejos,

Como Cernuda: ¡Donde habite el olvido!

Idos pronto, tras vuestros sueños de cristal…

Romped la crisálida, para atrapar en un puño,

Los restos pútridos de vuestros devaneos,

El corazón hecho jirones, el afán de ser algo,

Cualquier cosa: un héroe, un volatinero.

¡Oh, peregrinos perpetuos! ¡Mis mejores deseos!

Huid de todo: del miedo, de la soledad, de la angustia,

De uno mismo, ese gran fantasma,

Que no para de acosar con sus cantilenas odiosas:

¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por qué y para qué?

¡Una mierda! ¡Comecaca! ¡Aguafiestas!

Que no os alcance el muy majadero;

Callad demonio perverso: nadie quiere oíros…

Dejad que siga adelante el peregrino,

Sacándose fotos, probando cocina gourmet,

Visitando el punto turístico, bebiendo un buen vino;

O entregado a sí mismo, en loco delirio,

Descienda a sus infiernos,

En busca de su paraíso perdido.

El viaje os hará bien, amigos míos,

El suceder de escenarios calmará vuestra sed,

Fortalecerá los nervios, hasta cansarlos,

Y un día, hechos una ruina,

Crispados y vencidos y solos

Oiréis en susurro la voz de Dios:

Al cabo haz vuelto adonde tenías,

Vórtice sin centro, brújula sin norte,

Pájaro sin vuelo, bienvenido seas,

Al tiempo sin tiempo,

Al lugar en ningún lugar,

Al Tedio, en donde acaban todos los esfuerzos,

Vertedero de deseos,

Una vez sobreviene la sombra…

¡Éste es vuestro hogar!

 

 

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