¿Qué es poesía?

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“Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.”

Federico García Lorca

Es natural ver en la flor belleza, ver un paisaje y sentir que sus formas imitan algo más allá de lo que percibimos, un mundo etéreo que embelese al que lo observa. Estamos rodeados de belleza, en todos sus por qué y para qué, en las ausencias y permanencias de la vida, en su utopía y en su miseria. Y como estáticos, como seres ajenos al mundo, miramos lo que nos rodea con admiración, creando y recreando la fascinación que se despliega ante los sentidos. Así nace el poeta, encontrando su verdad en sí mismo, absorbiendo la belleza de lo cotidiano y transformándola en algo más, en una sensación, en una nueva forma de percepción: la poesía.

     Cuando nos acercamos a la percepción e intentamos definir qué es poesía, como si de estrellas en el cielo se tratase, nos perdemos en miles de puntos que confluyen en una misma idea. No es la poesía la sustancia que surge como unidad, sino como un ser múltiple e informe que embriaga de vida cuando es observada. El poeta persigue la multiplicidad de las cosas, la heterogeneidad que se despliega ante él. Se encuentra en los detalles, en el abismo infinito del mundo y en su esencia. Él no puede renunciar a nada, “(…) ni a una criatura, ni a un instante de esa criatura, ni a una partícula de la atmósfera que la envuelve, ni a un matiz de la sombra que arroja, ni del perfume que expande (…)” (Zambrano, 2005, p. 21). En esta búsqueda y encuentro con la vida y sus cosas, en los detalles más mínimos de la existencia, le es imposible no notar y meditar sobre la suya propia. Camina el poeta entre cielo e infierno intentando encontrar su norte, una luz que ilumine su oscuridad o la completa oscuridad que disipe sus cimientos. Pero esta búsqueda no es exterior, sino interior. El poeta se adentra en su ser para encontrar en él la belleza que ve de lejos y, en este replegarse en su ser, se transforma y va más allá de sí mismo. En su soledad, descifra su vida a través de la vida misma y asimila la naturaleza de la vida sumiéndose en su naturaleza original. Octavio Paz (1998) la presenta como “(…) un salto mortal: un cambiar de naturaleza que es también un regresar a nuestra naturaleza original” (p. 137). La poesía se manifiesta en el poeta como revelación y, a su vez, se reproduce en él como una experiencia.

     Conscientes de que la poesía es percepción del mundo en los ojos del poeta, es posible preguntarse ¿cómo se materializa la poesía?, ¿cómo llega a tener cuerpo y contacto con el mundo más allá de la conciencia del poeta? En estado de arrobamiento, el poeta busca concentrar su experiencia y reproducirla por medio de su lenguaje y, como producto de esta condensación de las más profundas zonas de su existir, nace el poema, fuente de palabras en orden entrópico, asimilación de la realidad de forma poética. El poema se presenta como “(…) un haz de palabras unidas por las curvas musicales del lenguaje, que a su vez es la actitud interior del poeta y se hace visión, por lo que la poesía desciende hasta ese haz como transfiguración del mundo” (García, 2001, p. 17). El poema encarna la poesía, despliega su esencia a partir de las imágenes que, a su vez, se sustenta en el lenguaje.

     El hombre nombra el mundo para aprehender su entorno, pero en su intento encuentra la palabra en su naturaleza más pura y cruenta. Al analizar la naturaleza de las palabras, nos damos cuenta de que, entre la palabra y el objeto nombrado por ella, existe una infinidad de interrelaciones y conceptos que no son denotativos. A partir de esta naturaleza caótica del lenguaje, de la multiplicidad de conceptos y significados que subyace en una palabra, nace la imagen. Pluralidad de conceptos, reconciliación de los opuestos, expresión de lo indecible. La imagen se vuelve autosuficiente, afronta y usa el lenguaje para recrear al mundo; y el poeta, en su afán de conciliar su existencia e inmortalizarse, crea la imagen como la recreación de una experiencia propia. La imagen se presenta como “(…) la revelación de sí mismo que el hombre se hace a sí mismo” (Paz, 1998, p. 137). Si la poesía es la visión aprehensiva del poeta en cuanto a su realidad y la imagen es la revelación de sí mismo, el poema es la cristalización del pensamiento del poeta y su representación en el mundo. Así, el poema es el mismo ser del poeta, ser múltiple y único, ser que observa, ser que vive, ser que siente como ningún otro ser puede sentir.

     Cada poeta tiene sus motivos, su historia, su realidad y la expresa desde lo más profundo de su ser. Si esto es así, ¿la poesía se presenta de manera distinta en cada poeta? ¿Es acaso la poesía expresión única y unánime? ‘La Revelación Poética’, el encuentro furtivo entre el poeta y la poesía, es un encuentro con el ser mismo, con las experiencias que el poeta ha vivido a lo largo de su vida. Siendo así, podemos afirmar que esta revelación es la representación directa de su experiencia vital. Esta experiencia, este adentrarse en sí mismo, es la razón por la cual el poeta decide escribir. Son sus palabras, sus inquietudes ante la vida, sus pérdidas, su dolor, su amor, su hastío, su razón y su locura las que “(…) extienden sus raíces hasta lo más profundo de su corazón” (Rilke, 2015, p. 21). Y es que una persona puede ser poesía ante los ojos de quien la ve, poesía puede ser Afrodita corriendo al auxilio de Adonis mientras, como muestra de amor y sacrificio, impregna con su sangre a las rosas y las dota de belleza escarlata mientras estas la hieren con sus espinas. Bécquer anunció la naturaleza de la poesía cuando suscitó en la rima XXI:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Que es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

     La poesía no es única. Poesía puede ser unos ojos cafés que miran con desgana o unas manos encadenadas que divagan en cualquier tiempo y lugar. Poesía puede manifestarse en la ausencia y la soledad, en la figura de una mujer sin nombre que vaga por los recónditos laberintos del inconsciente. Poesía puede ser muerte y vida al mismo tiempo, voz y silencio, agonía y amparo. Si me preguntan a mí, la poesía es belleza, percepción y vida. Dicen que sin el hombre no hay poesía, pero pienso que sin la poesía no habría razón para ser hombre. La poesía, como si de Eros se tratase, une los espacios vacíos del hombre y su conciencia, ilumina la oscuridad que yace en nosotros y revitaliza todo lo que toca. Para mí, la poesía es eso, movimiento de la palabra al infinito.

Referencias bibliográficas

García M., Jaime (2001). ¿Qué es la poesía? CEJA.

Octavio, P. A. Z. (1998). El arco y la lira. Fondo de cultura económica.

Rilke, R (2015). Cartas a un joven poeta. Ediciones Hiperión.      

Zambrano, María (2005). Filosofía y poesía. Fondo de cultura económica.

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