¡No más masacre de líderes!

Fotografía de: http://ecuadoretxea.blogspot.com/2018/02/concentracion-contra-el-asesina...

En Tres avisos por un crimen (2017), película de Martin MacDonagh y nominada al Oscar en la última edición, su protagonista, indignada por la ineficiencia de la policía en cuanto a la solución del crimen de la violación y muerte de su hija, renta tres avisos aledaños a una de las carreteras del pueblo donde vive, para llamar la atención de las autoridades correspondientes y lograr atrapar al asesino evitando más muertes.

En un principio, la policía y el pueblo en general se incomodan, y creen que el acto de la madre es una exageración y pérdida de tiempo, lo que le acarrea consecuencias nefastas. No obstante, con el paso de los meses y al sobreponerse a las adversidades, la protagonista logra su cometido: capta la atención de los involucrados en el tema y se reanuda la investigación. Al final, la película nos deja en vilo, no devela si hay una captura o no, pero, regala la satisfacción de que la lucha de la madre, y el llamado de atención a las autoridades, funcionó. Ficción.

Hoy, en Colombia y en la vida real, la cifra de líderes sociales asesinados es de alrededor de trescientos, contando con que se hayan denunciado todos los casos. Esta semana han sido seis o siete, y puede que sean más. El mes pasado fueron quince o veinte, y así sucesivamente durante varios meses. Las causas todos las conocen: minería ilegal, narcotráfico, defensa del territorio, paramilitarismo, etc. El punto es que Colombia parece, por no decir que lo es, el pequeño pueblo gringo donde se desarrolla la historia de la película mentada anteriormente, con una pequeña pero cruel diferencia: las autoridades encargadas de evitar, solucionar y castigar dicha situación, enteradas del caso, no se pronuncian ante los hechos, el atropello y la violación de los derechos del pueblo. Siguen como si nada. Verbigracia, el presidente de la república, porque todavía lo es hasta el 7 de agosto, no se inmuta, no se deja ver, y lo más grave, no HACE algo para evitar esta masacre sistemática. Cree que con un trino como este detendrá la cacería de líderes: "Condeno de manera enérgica asesinatos de líderes sociales y envío un mensaje solidario a sus familiares". Parece que el presidente, una vez hubiera recibido el Premio Nobel de paz, y luego de haber conocido el nombre de su sucesor, se desentendió por completo de la responsabilidad gigantesca que descansa en sus manos. La paz de Santos se ha desvanecido para muchas familias y grupos sociales, y el panorama no es alentador. Por su parte, el presidente electo, desde su cuenta de twitter, dice: “Como presidente de los colombianos estaré trabajando intensamente por la protección de los líderes sociales, por la protección de todos líderes políticos”. ¡Esperemos que sea así! Pero, ¿cómo creer en esto cuando varios de los integrantes de su gabinete presidencial tienen nexos con paramilitares y delincuentes? Realmente, parece que Iván Duque se ve más afectado por la eliminación de la Selección Colombia del mundial y por el accidente de Uribe.  Desde el exterior dirige el empalme administrativo de la nación (encargado a “eminencias” con antecedentes oscuros) con el saliente gobierno, y solo mira de soslayo los gigantescos problemas que tiene el país, que dentro de muy poco serán sus responsabilidad.

Por otro lado, y peor aún, el actual ministro de defensa, de manera irresponsable y amparado en otro Twitter, lanza acusaciones sin evidencia alguna para tratar de justificar la muerte de una de las líderes sociales asesinada en las últimas horas, relacionándola con grupos al margen de la laye: “Participó como testigo en las elecciones pero figura con una investigación por tener vínculos con las redes de apoyo del Clan del Golfo”. La acusación del ministro, irresponsable y sin sustento alguno como la realizada meses atrás, hace ver el asesinato de esta líder,  y de otros, como un favor a la Patria. Y lo más grave del asunto es que algunos sectores de la sociedad, ignorante e inconsciente, y muchos despreciables, creen que la muerte de cada líder social ha sido un acto de justicia, totalmente merecida por seguir ideales “socialistas”, defender los derechos del pueblo, proteger el medio ambiente, votar por Petro y por, como dicen los desfachatados, “meter las narices donde no les incumbe”. Es decir, los medios de comunicación, los padres de la patria y los dueños de las decisiones importantes del país, no solo ignoran la realidad violenta que vivimos, las muertes, las injusticias, los atropellos contra los campesinos e indígenas, sino que los justifican, los disfrazan, y, lo peor, hacen que el pueblo empiece a celebrarlos. ¿En qué sociedad vivimos? ¿Qué nos depara el futuro? ¿En qué número parará la cuenta? ¿Y si no fueran campesinos, indígenas y gente del común, la indiferencia sería la misma? Definitivamente, la falta de educación de calidad, de lectura crítica, de información, de sensibilidad y, sobre todo, la inexistencia de justicia está volviendo a Colombia un país atiborrado de gente cruel.

No hay ninguna muestra de preocupación por parte del gobierno. No se ven las medidas correspondientes para frenar en seco la situación. No hay detenidos. No hay alarma. Siguen matando a los líderes sociales, en un solo día tres, varios por cada departamento del país,  y la autoridad no dice ni hace nada; por el contrario, hace que el pueblo empiece a celebrarlo. ¡La velatón demuestra la indignación del pueblo pero no es suficiente, necesitamos de una verdadera justicia!