Fabián Mauricio Martínez González

Imagen tomada de Pixabay

Cuando uno piensa en Bob Geldof, las imágenes de la película The Wall de Pink Floyd (Alan Parker, 1982) aparecen en la pantalla del teatro mental. El sonido de “In the flesh?” empieza a tragárselo todo y la historia de Pink, encarnado por Bob Geldof, nos narra su dolor y locura.

Juzgar si vale la pena vivir es la pregunta que cada quien en su intimidad se ha formulado al menos una vez.  El suicidio es un fenómeno complejo de nivel mundial que reporta más muertes anuales que el conjunto de las 500.000 personas que son víctimas de homicidio, o de las 200.000 que mueren a causa de un conflicto bélico.

Así, las armas blancas llegaron hasta nuestros días y los genes de sus antepasados siguen imponiéndose con violencia. Sólo en Colombia, en 2012, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, realizó 2.472 necropsias por esta causa. En 2013, la cifra fue de 2.188 personas, y en 2014 el Instituto reportó 2.416 muertes con armas blancas. Una suma, en los últimos tres años, de 7.076 decesos violentos, gracias a los oficios letales de estas armas frías y curvilíneas.

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