Álvaro Iván López

... para cuando en el futuro historiadores, sociólogos o periodistas estén narrando lo ocurrido durante la tercera década del siglo XXI, la versión optimista sea la que mejor retrate lo sucedido.

La elasticidad del lenguaje es una de sus características más llamativa. Está consistente, básicamente, en la flexibilidad que alcanzan las palabras, imágenes, señas y símbolos para producir diversos, múltiples y, en algunas ocasiones, contradictorios sentidos.

El uso de un lenguaje beligerante como herramienta para construir realidades por medio de las cuales se configuran dos polos, uno negativo y otro positivo, en el que el primero representa un mal que debe ser derrotado, erradicado, aniquilado, y el segundo el ideal al cual se debe llegar, ha sido un recurso político (metafórico) ampliamente utilizado por los burócratas, tanto occidentales como orientales, en la historia contemporánea (...)

Fuente:Presidencia de la República

Un elemento que despertó mi interés tras la alocución presidencial ofrecida por Iván Duque la noche del domingo 15 de marzo en la cual enumeró algunas medidas implementadas por el gobierno nacional para contrarrestar la posible expansión del coronavirus en el país, e

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El debate generado durante la última semana por los hechos ocurridos el pasado jueves 30 de enero en un sector residencial y exclusivo de la ciudad de Bogotá -el barrio Santa Bárbara-, en los cuales resultaron muertos tres presuntos ladrones por la reacción de un médico al accionar su arma de fuego contra estos, quienes pretendían robarlo o secuestrarlo (aún no se aclara esto, como muchos otros elementos que rodean el caso) sirve, sin lugar a duda, para reflexionar sobre el tipo de cultura política predominante en el país. 

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“Los vándalos”, como construcción narrativa, vinieron así a cumplir una doble función regulativa. Por un lado, reafirmaron, a través de un discurso que pone el foco en la desintegración, el caos, el desorden y la anarquía, un orden sociopolítico y las normas culturales, sociales y jurídicas hegemónicas que lo sustentan, tratando de desvirtuar la legitimidad de la protesta social y sus reclamos.

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Según las pistas dadas durante estos días de Paro, la subjetividad política que comienza a emerger en Colombia su ubica en la orilla opuesta de la subjetividad que dominó el escenario político y cultural colombiano durante los últimos diecinueve años. Nos referimos a la producida por la lógica uribista, estructurada básicamente a partir de la producción discursiva de un enemigo interno que ponía en serio riesgo el bienestar, progreso, crecimiento y seguridad de la patria.

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