PARA ESCRIBIR UN CUENTO

Hay que arrebatar con la furia de los perros salvajes la carne del tiempo, hay que sobrevivir a los días para exhalar en un suspiro, casi antes de desfallecer sobre la cama, la palabra adecuada. Hay que escuchar como loco las señales que arrastra el viento, en ellas está el conjuro que invoca una historia. Hay que vivir en el silencio, matar a golpes la radio, olvidarse de la patria, morir en las redes, revivir en las hojas en blanco. Hay que zambullirse en la nada, ya sea caminando, ahogándose en una piscina o encerrándose entre las tumbas de viejos indígenas. No existe el oro sin el silencio.

Hay que saberse derrotado, no puede haber cuento sin derrota, no puede escribirse un cuento con el pretexto de la gloria, no existe el éxito en un cuento, porque ya nadie los pide, no están en el menú de la existencia, a nadie le importa si habitan o si tú vives, porque nadie te pidió, porque siempre habrá un inventor, así sea del mismo cuento, siempre existirá quien narre eso que olvidamos en la infancia. Los cuentos se hacen a sí mismos, no nos necesitan. Pero si te atreves a escribir uno, que sea tan poderoso que resista tu propia imagen, que es la peor de las enfermedades de los cuentos.

Hay que escribir como loco, romper hojas y computadores,  no te permitas la bondad con las palabras, deberás aplastarlas cuando no concreten la idea, deberás deshacerte de lo que te estorbe: lugares comunes, adjetivos, mujeres, perros, niños, dinero, lujos, gente… porque el cuento debe ser ligero, liviano de culpas.

No creas en el que te halaga cuando le lees, es tu enemigo, te odia, busca en el facilismo tu derrota. No creas que triunfaste con un cuento, ese es el primer paso al olvido. Un cuento es una historia martillada que le brota sangre, pulida en el fragor del fuego, contundente y filosa como la mejor de las espadas. Conozco algunos que ya han matado con una sola historia, Borges es un asesino en serie.

Trato de pelear contra mí mismo, contra la cotidianidad, contra la muerte, en procura de escribir esa historia, una capaz de hacer que me broten alas. El único filo que he conocido mientras tanto, es el de la hoja blanca que rasga mis dedos, grito furioso entre la niebla de mi mente, buscando en el eco una respuesta que me indique el camino. Frente a un cuento estoy solo, soy solo yo, únicamente yo en el vacío. En eso se me están yendo los días y duelen. En esa búsqueda se me va el tiempo, la subsistencia, el dinero, esas angustias terrenales a las que uno debería haber renunciado desde el principio. El amor está en un cuento. Lo supe ahora que se me va la cordura, por eso, a veces lloro en silencio, porque en el sollozo me parece escuchar una palabra, un título… un deseo.

Solo quiero invocar un cuento, uno solo, tan vital y vibrante que merezca ser leído.