Exagium (pesar en la balanza)

¿Qué es el ensayo?

 

Todo discurso, todo poema, todo ensayo, en cualquier lengua está compuesto en un idioma que sólo en parte coincide con la forma hablada, en unas cuantas palabras y giros sintácticos. El resto es literatura.

Fernando Vallejo

En el mundo existen muchos tipos de palabras. Están las que con solo leerlas o escucharlas nos remiten a un recuerdo; las que representan una idea abstracta, dándole una forma clara; las que no entendemos o casi nadie usa; o las que son muy fáciles de definir por la simplicidad de su contenido. Sin embargo, hay otras, por el contrario, que por más vueltas que le damos, hallar una definición exacta, completa, precisa y válida de ellas se vuelva una difícil tarea. Este es el caso de la palabra ensayo. A lo largo de la historia, han sido muchos los autores que han querido darle un significado que lo abarque todo, pero, al ser un género tan complejo, todavía hay muchas dudas al respecto.

Por consiguiente, el presente texto pretende hacer un barrido por diferentes autores que han abordado este tema, para tener al final mayor claridad respecto a qué es el ensayo. Se hará tanto un recorrido histórico, incluyendo autores como Jaime Alberto Vélez y Fernando Cruz Kronfly, como un recorrido conceptual, citando autores como Lina Marcela Trigos, Yildret Rodríguez y Fernando Vásquez, con el fin de comparar distintos puntos de vista y llegar a una caracterización general que satisfaga todas nuestras dudas, o al menos la mayoría de ellas.

En este orden de ideas, es preciso preguntarnos ¿qué es el ensayo? Es un género literario que le permite al autor dialogar consigo mismo y con el lector y expresar su punto de vista respecto a un tema en particular y, debido a su complejidad, no cualquiera puede escribir un ensayo correctamente. Fernando Cruz Kronfly (2011), en su conferencia Del contexto social y cultural que hizo posible el ensayo como género, expresa que antes, el hombre hablaba hacia fuera, a los espíritus, a Dios y a la comunidad y no existían condiciones de ensimismamiento. Sin embargo, con el Renacimiento, se da una nueva condición humana, se pasa del teocentrismo y del sociocentrismo al egocentrismo, se evidencia el triunfo de la razón subjetiva sobre la objetiva y el ser humano ya no está al servicio de la comunidad, sino que la sociedad pasa a estar al servicio del individuo. Explica también, que con Copérnico nace el “sí mismo”, pues se descubre al “otro” dentro de sí y con Michel de Montaigne esta idea se fortalece. Este último es considerado como el padre del género, pues fue el primero en proponer el ensayo como género literario reflexivo, en donde se hace preguntas y escribe para sí mismo.

Del mismo modo, Jaime Alberto Vélez (2000), en El ensayo. Entre la aventura y el orden, afirma que el ensayo surgió como un intento abierto y liberal de plantear las propias opiniones, ya que transmite y comunica una visión personal del mundo, pero no de cualquier manera, sino con gracia y lucidez. Lo hace ver como un medio de difusión de ideas y una plataforma de debate a través de la duda constante y una continua conversación con el lector. No lo presenta como un género autista, pero sí antiteológico y antifilosófico, teniendo en cuenta que no busca verdades absolutas ni llegar a conclusiones, su tarea es estrictamente de búsqueda, mediante la ironía, pero nunca pretende adoctrinar.

Así pues, según estos dos autores, el papel del ensayista es exponer y defender un pensamiento propio en absoluta libertad y autonomía, dándole un carácter libre, imaginativo y personal, pero sin imponerse ni prescindir del contexto ni de los autores que lo antecedieron. Además, y teniendo en cuenta que la palabra ensayo proviene del latín exagium (pesar en la balanza), se puede decir que el ensayista es aquel que sopesa ideas propias y ajenas, ciencia y opinión, rigor lógico y literatura, y belleza y verdad, todo de una forma absolutamente equilibrada dentro de su ensayo.

Ahora bien, después de la breve contextualización histórica, podemos pasar a los aspectos formales que caracterizan este género. Vale aclarar que esto es en términos generales pues, al ser un género literario, su estructura no es rígida y se encuentra sujeta a la subjetividad de cada ensayista. Lina Marcela Trigos, en su libro ¿Ensayamos? Manual de redacción de ensayos, explica que el ensayo puede ser académico, con un lenguaje impersonal y científico o puede ser más subjetivo y familiar; puede ser estructurado, pero es orgánico y no mecánico. En cuanto a la forma, constitutivamente es exhaustivo y profundo, pero no agota el tema, de hecho, expresa que:

Parece ser que el criterio más pertinente no es la brevedad, sino la exhaustividad; dado que si bien en el ensayo se presenta una visión particular del fenómeno en cuestión, no pretende ser exhaustivo ni tomar en consideración todos sus vértices. Pretende analizar un tema, un personaje o un fenómeno desde cierto ángulo, pero no busca abarcarlo en su totalidad   (2012: 29).

Su extensión es versátil y su tono conversacional; en cuanto al contenido, el tema es libre, la argumentación puede ser discursiva o lógica, el hecho es que debe procurar convencer de forma placentera. En cuanto a su naturaleza, se centra en la producción de pensamiento con un estilo subjetivo, revela el carácter del autor; y es por todo lo anterior, por lo que después de leer un ensayo el lector no vuelve a ser el mismo. Así, Trigos define al ensayo como “(…) un escrito en prosa en el cual al autor presenta sus reflexiones sobre un tema particular desde una perspectiva personal” (p. 31). Además, plantea que el ensayo puede ser de divulgación, académico, de opinión o literario; y su tipo, tono y manejo del lenguaje dependen directamente del contexto y del tipo de público al cual vaya dirigido.

En consonancia con lo anterior, Rodríguez Ávila, en El ensayo académico: algunos apuntes para su estudio, expresa que el ensayo ha evolucionado y se ha adaptado de acuerdo con el contexto histórico; su realidad es parte de la subjetividad del autor y por esto las características de cada ensayo varían dependiendo de la personalidad de este. El ensayo ofrece una cuestión al lector, siembra en él la semilla de la duda y lo invita a participar en la disertación de lo expuesto, por esto tiene un carácter dialogal, argumentativo y digresivo, pero al mismo tiempo expositivo, secuencial y organizado.

Por otro lado, especifica que, según la función del lenguaje, su función es literaria, pues predomina una intencionalidad estética y su interpretación depende del nivel inferencial del lector. Inclusive, la autora afirma:

(…) el ser humano se comunica a través de construcciones discursivas significativas, tanto para el uso oral como el escrito (…), toda esa emisión lingüística se inserta dentro de un campo de significación con cierta intención (…) que es lo que hace que los textos tengan una verdadera funcionalidad desde el punto de vista social (2007: 152).

Es así como el ensayo, al cumplir con la función de significación e intencionalidad, se vuelve un instrumento al servicio de la sociedad que posee un carácter argumentativo (confronta ideas, desarrolla una tesis) y discursivo-expresivo (informa, describe y explica explícita y claramente).

En resumidas cuentas, y teniendo en cuenta todo lo anterior, podemos considerar que el ensayo es un género literario que le permite al autor mostrarse tal cual es, expresar sus ideas de forma original con gracia e ironía, manteniendo una reflexión constante consigo mismo; este no tiene una estructura rígida, es más bien flexible y libre, pero el autor debe ser consciente de su audiencia y manejar un tono fraternal y conversacional; además, el ensayista nunca pretende imponer su punto de vista, sino interesar al lector por su tema compartiéndolo de forma subjetiva y estéticamente placentera. Su fin, como lo afirma Vásquez Rodríguez (2013), es probar, “ensayar”, pero también es proponer de forma didáctica y amena las ideas y cavilaciones que inquietan al autor. Y como su proceso de escritura incluye procesos mentales, físicos y sociales complejos (Rodríguez Ávila), es una tarea de un alto nivel de complejidad, que no cualquiera puede realizar a cabalidad; pero claro, un gran ensayista sí puede provenir de cualquier lado.

Bibliografía

Cruz Kronfly, F. (2011). Del contexto social y cultural que hizo posible el ensayo como género. Bucaramanga: Ediciones UIS.

Rodríguez Ávila, Y. El ensayo académico: algunos apuntes para su estudio. Sapiens. Revista Universitaria de Investigación, Año 8, N°1, junio 2007.

Trigos Carrillo, L. M. (2012). ¿Ensayamos? Manual de redacción de ensayos. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario.

Vásquez Rodríguez, F. (2013). Pregúntele al ensayista. Bogotá: Editorial Kimpres.

Vélez, J. A. (2000). El ensayo. Entre la aventura y el orden. Bogotá: Taurus.