De la brevedad en el cuento y su efecto de impacto

 

De la brevedad en el cuento y su efecto de impacto

El propósito del siguiente texto es desmentir la concepción que considera comúnmente al cuento como un relato infantil, es decir, una fábula que tiene un fin moral; al mismo tiempo pretende exponer al cuento como género literario. Para ello, se iniciará con una contextualización del cuento a través de la historia. Seguido a esto, se mencionarán las características que lo definen, resaltando su brevedad y atribuyéndole como finalidad el carácter de impactar al lector. Para este fin, se justificará lo planteado basándose en autores como Anderson Imbert, Julio Cortázar, Edgar Allan Poe y Horacio Quiroga. De esta manera, se pretende hacer un acercamiento a este género maravilloso de la narrativa.

     Se puede afirmar que el cuento, como la poesía, es tan antiguo como la lengua misma; desde que el hombre obtuvo la condición del lenguaje, emergió con este la tradición oral de contar historias y relatos de la experiencia cotidiana con el fin de causar una impresión, como diría Gabriel García Márquez: "El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. El cuento, desde sus orígenes históricos, como plantea Anderson Imbert, fue una diversión dentro de una conversación" (1999: 29), esta diversión radica en sorprender al oyente. Esto denota que, desde su origen, el cuento se ha encargado de dejar una impresión en el individuo; característica que se conserva aún hoy en el cuento escrito. Antes del siglo XIX, el cuento no se distinguía mucho de la fábula, lo que le daba una finalidad didáctica y moral; con Edgar Allan Poe, precursor y mayor exponente del cuento moderno, esta finalidad se pierde.

      Ya en el Renacimiento, se permite concebir el concepto de lo que conocemos por cuento. A pesar de que se ha considerado un género menor, el cuento ha trascendido a través de la historia. Se ha adaptado a los cambios de la humanidad, a la evolución de las épocas. De esta manera, ha mantenido su carácter narrativo, pero a su vez, ha evolucionado para llegar a ser un género de tendencia poética; ya que el cuento, como la poesía, crea una imagen en el lector. El cuento siempre relata un suceso, siendo caracterizado por la brevedad, además carece de mayores descripciones; se desarrolla en escenarios específicos, con pocos personajes y poca información. Sin embargo, la información presentada resulta ser precisa y lo suficientemente detallada como para que el lector se dé una imagen sin llegar a exceder en los detalles puesto que podría estropear la impresión general. Por otra parte, de este suceso, se desenlazan una serie de imágenes que permiten al lector participar y construir una historia que se encuentra implícita en el cuento mismo.

     El cuento, siendo libre por naturaleza, es un género amplio, que permite elevar la imaginación partiendo de lo cotidiano, puede hacernos experimentar historias tan vívidas que podríamos identificarnos con ellas, por esto, tanto el autor como la obra deben tener ciertas cualidades. Horacio Quiroga expresa que:

             en la extensión sin límites del tema y del procedimiento en el cuento, dos calidades se han exigido siempre: en el autor, el               poder de trasmitir vivamente y sin demoras sus impresiones; y en la obra, la soltura, la energía y la brevedad del relato,                   que la definen. (1928: 422)

Este planteamiento, afirma que el cuento goza de amplitud en el tema y en el procedimiento, puesto que el autor tiene libertad en la manera como desee que se desarrolle la trama, decidir qué tipo de narrador usar, y en qué tiempo y espacio desarrollar la historia. Todo esto implica que el autor sea conciso y preciso con cada una de las palabras, de manera que, cuando el lector termine la lectura, tenga la impresión de que, si no hubiese sido contado de esa manera, el relato no hubiese fluido de manera natural, logrando transmitir un efecto impresionante. Para lograr esta naturalidad, el escritor debe realizar un gran esfuerzo puesto que debe obtener esa precisión al escribir.

     Como expresa Quiroga anteriormente, el cuento se define por su brevedad. En su obra Ante el tribunal concibe una metáfora entre el cuento y la flecha: “El cuento era, para el fin que le es intrínseco, una flecha que, cuidadosamente apuntada, parte del arco para ir directamente en el blanco. Cuantas mariposas trataran de posarse sobre ella para adornar su vuelo, no conseguirían sino entorpecerlo” (2000: 435) Con esta metáfora, Quiroga pretende exponer la relevancia de la brevedad en el cuento, ya que que el relato debe desenvolverse de forma lineal, como la flecha, sin ningún tipo de mariposas (ornamentos), adjetivos suntuosos o digresiones. Es esta una de las características que mayormente denotan la diferencia con otros géneros narrativos como la novela. Por otra parte, Poe afirma que si una obra literaria es “demasiado larga para ser leída de una sola vez, preciso es resignarse a perder el importantísimo efecto que se deriva de la unidad de impresión, ya que si la lectura se hace en dos veces, las actividades mundanas interfieren destruyendo al punto toda totalidad” (1993: 67). De esta manera afirma la importancia de la brevedad en el cuento, puesto que el lector no debe distraerse ni perder el hilo de la historia, dado que perdería la noción de unidad, disminuyendo el impacto que el cuento debe garantizar.

     La intensidad en el cuento es justamente producto de la brevedad de este, ya que consiste en la eliminación de preámbulos y detalles en la descripción. Julio Cortázar expresa que “la tensión del cuento nació de esa eliminación fulgurante de ideas intermedias, de etapas preparatorias, de toda la retórica literaria deliberada” (1969: 960). Se puede observar así, la relación directa entre brevedad e intensidad, la cual da paso a la tensión; esta debe mantener el interés del lector, el cual debe permanecer a la expectativa, atento a cada detalle de principio a fin.

     En conclusión, entre las diversas características del cuento moderno, se pueden señalar algunas consideradas esenciales tales como: su brevedad, la intensidad, el tono subjetivo, el lenguaje implícito y su finalidad de causar efecto o impacto. El cuento, debido a su carácter breve, es un género preciso al cual no le sobra ni le falta una palabra; sin embargo, esto no quiere decir que no sea tan elaborado y vasto como la novela misma. Es debido a este carácter breve y preciso donde el cuento adquiere su intensidad, la cual juega un papel significativo, debido a que su función es captar la atención del lector desde el inicio hasta el fin. Por último, la manera en que el cuento concluye es crucial, este debe finalizar produciendo un goce estético, la sensación de haberse sumergido en la historia, para que de esta manera se genere un impacto que trascienda la cotidianeidad del lector.

 

 

Bibliografía

 

  • Cortázar, J. (1969). Del cuento breve y sus alrededores. Último round2.
  • Imbert, E. A. (1999). Teoría y técnica del cuento. Barcelona: Editorial Ariel
  • Poe, E. A. (1993). La unidad de impresión. En: Teorías de los cuentistas. Zavala, L. (1993).

Comp. México: Ediciones UNAM.

  • Quiroga, H. (1928). La retórica del cuento. Idilio y otros cuentos. Buenos Aires: Losada.
  • Quiroga, H. (2000). Ante el tribunal. Los desterrados y otros textos, 414-17.

Fotografía tomada de: http://inciclopedia.wikia.com/wiki/Horacio_Quiroga