¿Qué es el ensayo?

¿Qué es el ensayo?

 

Es realmente curioso encontrarnos con costumbres de antaño que nos parecen sorprendentes, tanto por su antigüedad como por su relación e impacto con el desarrollo de la humanidad. Se dice que en la antigua Grecia había un grupo de filósofos que, para ejecutar su labor de pensamiento, recurrían al simple ejercicio de la caminata. ¿Pensar caminando? Sí, pues desde siempre el ser humano ha buscado la manera de encontrarse consigo mismo, escucharse y meditar a partir de la reflexión de su voz interior, bien sea estando solo y encerrado, o en las plazas públicas, o mediante el ejercicio de la lectura, o incluso, como los filósofos de la escuela peripatética fundada por Aristóteles: caminando. Sin embargo, aquella noción de reflexión personal evolucionó y se materializó en un género integral, nutrido en sí mismo de esa trayectoria introspectiva del hombre a través de su historia.

En el presente ensayo se procurará brindar una definición de este género, posterior a un análisis y recorrido por la historia y la evolución del mismo, trayendo a colación la palabra de un par de expertos en la materia para, finalmente, sustentar la postura de que el ensayo, como la humanidad misma, es un género que tiende a la extinción. Así, ensayo es historia, ensayo es ensimismamiento y ensayo es extinción.  

Ensayo es historia. Desde nuestros inicios como especie, además de destacarnos por la capacidad de pensar, el hombre desarrolló el lenguaje como instrumento comunicativo esencial. Cuánto deleite hay en poder expresar las ideas y que un interlocutor las entienda, las comente, las discuta o las refute. Dentro de este marco dialógico, surge un excepcional personaje que, mientras transcurría el siglo de las colonias, dedicaba su tiempo de vida a la erudición y al pensamiento. Michel de Montaigne, de nacionalidad francesa, compartía sus ideas y opiniones con su buen amigo Étienne de la Boétie, quien, además de servir como medio catalizador de esbozos intelectuales de su interlocutor, fue una figura del análisis y la deliberación racional de las ideas de Montaigne. Sin embargo, de la Boétie fue alcanzado por una fulgurante muerte que dejó a Montaigne solo con sus nociones del mundo, las cuales optó por plasmar en un conjunto de textos autodenominados Essais, fundando así un género que guiaría a la humanidad en la transmisión del cataclismo de ideas y revoluciones que colmarían los siglos posteriores.

No obstante, tal como expresa Cruz Kronfly (2011), el aparecimiento histórico del “sí mismo” que configura al ensayo como género, proviene de una evolución anterior en la que la humanidad se modeló en sociedades ancestrales, teológicas y comunitarias, para posteriormente surgir una Otredad mayor, el ya mencionado “sí mismo”, a partir de dos caminos: la deliberación racional argumentativa de la antigua Grecia y el renacimiento y consecuente desarrollo de la burguesía. De semejante manera, surge la condición humana ego-céntrica, a la que el autor alude como propia del Renacimiento y en la cual el individuo es el centro de todo: empieza a escucharse a sí mismo y de allí surge el ensayo como género literario.

Ensayo es ensimismamiento. El Conde de Buffon, citado por Vélez, J. A. (2000: 24), afirma que “el ensayo es el hombre mismo”. Así, desde Montaigne hasta ensayistas contemporáneos como Borges o Paz, ha sido una constante dentro de este género que “[…] cada ensayista [aspire] a retratarse a sí mismo por medio de las palabras” (Vélez, J. A, 2000: 24). Este es, sin lugar a dudas, un género en que el ensayista reconoce y expresa con la debida solemnidad su concepción personal del mundo y sus ideas, a partir de su toque personal y la debida sazón, tal como es necesario que el chef, además de la sal y el agua, guise con un buen aderezo propio su estofado más gustoso.  

De la misma manera, el ensayo escapa de la rigidez y la fuerza histórica del positivismo que, con su concepción de fe en los significados últimos, se aleja del proceso experimental que este género debería contener dentro de su proceso creativo. Vélez, J. A. comenta que:

[c]omo una balanza, entonces, se mueve el ensayo entre el peso de las ideas propias y de las ajenas, entre la ciencia y la simple opinión, entre el rigor lógico y la literatura, entre la belleza y la verdad, con una oscilación continua que sitúa este género más cerca del experimento y de la tentativa provisional, que propiamente de la verificación exacta. El ensayo también exige […] un modo de ser abierto, una liberalidad de carácter que desborda toda normatividad teórica (2000: 42).

¡Tremendo lío que expresa el autor anterior! Pero el ensayo es justamente eso: un equilibrio que se debe establecer entre el margen de un aspecto y otro, porque este género involucra la manera de pensar del autor, pero confrontada y apoyada en la visión particular de otros autores o teóricos (Montaigne utilizó más de dos mil citas en sus Essais); involucra también la noción técnica y científicamente comprobada de lo que se anhela expresar, complementada con el criterio del mismo ensayista; implica un lenguaje claro, respetuoso y entendible para el lector, aunado al carácter literario que caracteriza a este género desde sus inicios; envuelve, finalmente, un conjunto de ideas que bien pueden parecer un simple gesto estético del autor en su modo de escribir, pero que no se aleja de ciertas verdades. Criterios anteriores que ubican al ensayo más como un arte de la escritura, el cual exige al ensayista sopesar sus componentes bajo la imagen de un hombre que atraviesa un precipicio sujetando con sus manos los elementos de su ensayo y que, una vez atravesado aquel abismo, se sentirá dichoso de haber expresado de una manera sugerente su visión del mundo, su ensimismamiento, y de haber evitado aquel despeñadero que es la verificación exacta y el agotamiento de un tópico en específico.

Así las cosas, el ensayo se muestra como un género sumamente especializado y complejo, pero al mismo tiempo agradable y gustoso, que se ha configurado como el modo pragmático de la constante histórica de la humanidad en su tendencia a la meditación y la reflexión. Ensimismamiento que pareciera pronto acabarse dado que…

…¡El ensayo es extinción! Sí, una extinción que aparenta estar cada vez más cerca y que pareciera ser causada por el mismo hombre. En pleno siglo XXI es palpable el hecho de que el pensamiento, así como la expresión y el desarrollo de las ideas propias, se han ido relegando netamente a un par de espíritus intelectuales que mantienen en pie esa costumbre de pensar por sí mismos, responsabilizada por gran parte de la humanidad a los inventos electrónicos y tecnológicos, sustitución casi fiel de la mente del hombre y hecho lamentable que desvirtúa la increíble capacidad pensadora del mismo. Bien vaticinaba Vargas Llosa (2011) al expresar, en uno de sus artículos más reconocidos, que “no es una metáfora poética decir que la "inteligencia artificial" […] soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos”.

El ensayo es un género que tiende a la extinción debido a la simple razón de que la posmodernidad está llevando a la humanidad por el camino del facilismo y la pereza intelectual. De esta manera, ¿a quién le va a importar sumergirse en el ensimismamiento y compartir sus ideas con los demás, cuando se tiene al lado una máquina que piensa por sí, o lo que es peor, cuando detrás de la parafernalia mediática, se encuentran plasmadas las opiniones de unos pocos, vulgarizadas por los frenéticos medios de comunicación modernos? Pareciera ser que ya ni siquiera es posible poseer opiniones propias, que no sean fruto de un maquinismo y una manipulación de terceros. De semejante talante, surge la no tan descabellada idea de que pensar es un asunto pasado de moda, y con ello, el mismísimo ensayo se ubicaría en un fatal estado de desprecio, lamentable en todas las medidas.

Así las cosas, es verosímil considerar que el ensayo es historia, pues es fruto de un desarrollo del pensamiento humano a través de los siglos, tal como es ensimismamiento, pues corresponde a la mente misma del ensayista. Sin embargo, por el bien del género humano, ojalá sea un grave error haber expresado que el ensayo está próximo a la extinción. Caso contrario, no cabría más que expresar un sincero sentido pésame a los hombres de las nuevas generaciones.

 

Referencias

Cruz Kronfly, F. (2011). Del contexto social y cultural que hizo posible el ensayo como género. Bucaramanga: División Editorial y de Publicaciones UIS.

 

Vargas Llosa, M. (2011). Más información, menos conocimiento. El País, recuperado el 13 de Septiembre de 2017, De Ediciones El País Base de datos.

Vélez, J. A. (2000). El ensayo: entre la aventura y el orden. Bogotá: Taurus.